«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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Editorial. El totalitarismo nunca duerme.

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

El espíritu totalitario, aunque ello no siempre se quiera reconocer, está siempre al acecho.

Es normal que las personas muestren tendencia a identificar el totalitarismo con las dictaduras y, más específicamente con los gobiernos militares que por décadas asolaron a nuestra América Latina. En la mayoría de los países cogobernaron con las gorras y fusiles grupos integristas y castas empresariales bajo el nombre casi inocuo de “gremialismo”, imponiendo literalmente a sangre y fuego su dogmatismo ideológico.

La penetración cultural registrada en ignominiosas épocas de triste memoria, fue brutal. Medios de comunicación, confesiones religiosas, universidades y establecimientos educacionales, organizaciones sociales, etc., se plegaron con obsecuencia a los señores del poder. Muchas personas, enfrentadas a las indesmentibles atrocidades y crímenes, buscaron justificarse ante sus propias conciencias y ante su mundo social recurriendo al viejo expediente de afirmar que nunca supieron lo que sucedía o que los hechos del pasado había de analizarlos conforme al contexto de la época.

Diecisiete años de dictadura bien pudieran ser considerados como tiempo suficiente para aprender una lección de esta naturaleza particularmente por parte de quienes fueron sus principales víctimas.

 Sin embargo, la realidad muestra una cosa diferente.

En el fondo, en las conductas totalitarias hay una expresión de cobardía oral. El sujeto que actúa conforme a esa pauta lo hace porque cree asegurada su impunidad ya sea porque se siente amparado por el régimen al cual adhiere ya sea porque cree que el anonimato en medio de la turba impedirá su individualización. Para la mentalidad totalitaria no es tolerable que “el otro” piense distinto y, por tanto a falta de argumentaciones racionales, es necesario hacerle callar por la violencia física o moral o por el temor. En los hechos, terminan coincidiendo los “pabloslongueiras” o los “andreseschadwick” que atacaban con piedras y huevos a los obispos chilenos que en una conferencia episcopal en Ecuador daban cuenta de las vulneraciones a los derechos humanos que en su tiempo ocurrían en el país, con la turba anónima y desenfrenada que agrede a Beatriz Sánchez, a Teresa Marinovich o a la “tía Picachú” (Giovanna Grandón). Para el totalitario, ejemplo del fascismo de izquierda o de derecha, es inaceptable que alguien se atreva a pensar distinto. Paradigmático es el caso de la doctora Izkia Siches, presidenta del Colegio Médico de Chile, quien fuera aplaudida en su momento por su entereza para criticar las políticas sanitarias del actual gobierno y que hoy es repudiada por el pecado de tener una reunión con el candidato José Antonio Kast (la primera con los presidenciables) y declarar que sus propuestas en salud iban conforme al “sentido común”.

La libertad de pensar, de expresar sin cortapisas lo que se piensa ya sea de palabra o por escrito, constituye la savia que hace posible la vitalidad de la democracia, razón por la cual resulta inconcebible que quienes se autodenominan “progresistas” se sientan orgullosos de poder acallar por la violencia todo pensamiento disidente. Muy distinto es, por supuesto, guardar silencio ante la conducta de medios que sirven intereses de clase silenciando o manipulado la información.

Como alguien afirmara, y dado que el planeta es redondo, los totalitaristas, cualquiera que sea el signo bajo el cual desfilan, terminan por encontrarse y sus conductas serán similares cuando tengan algo de poder en sus manos. 

Eso es lo que una ciudadanía madura y consciente debe evitar.   

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1 Comentario en Editorial. El totalitarismo nunca duerme.

  1. Excelente editorial; nos entrega una visión transparente de los comportamientos socio-políticos en la actualidad, destacando claramente que existe fascismo en ambos extremos.

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