Las personas y la ciudadanía deben estar conscientes de los pasos que se dan, para orientar el desarrollo o para estancarse y retroceder... El próximo plebiscito, es una oportunidad de desarrollo para la ciudadanía y para dignificar al ser humano y transformarlo en soberano.
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CONTRA EL MACHISMO QUE MATA

Desde Madrid.      

Confieso que estoy escandalizado de lo que está ocurriendo en nuestra sociedad. En España, país donde resido, ya son 14 las mujeres que han sido asesinadas por sus parejas en actos machistas deleznables. Desde que se realiza este tipo de estadísticas, en el año 2003, en España han sido asesinadas 1047 mujeres por sus parejas o ex parejas.

 En Chile, según información del Sernam, en lo que va de año se registran seis femicidios consumados y 19 frustrados. Es el dato frío basado en la Ley 20.480 que declara que un femicidio es el asesinato de una mujer realizado por quien es o ha sido su esposo o conviviente.

En México, las cifras son más aterradoras todavía. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, 320 mujeres han sido asesinadas sólo en el mes de enero del presente año. Aunque no indica si todos se encuadran en el concepto de “femicidios”.

Si se amplía la mirada, tal como reclaman los colectivos feministas en todo el mundo, y se entiende que la violencia de género va más allá del ámbito íntimo y que emana de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, las cifras serían muchísimo mayores. Hay vidas truncadas por hombres asesinos, por quienes mantienen ese concepto machista de ser superiores, de sentirse con derecho a la violencia contra las mujeres, por el solo hecho de serlo.

 Tras la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, se hace imprescindible escuchar  la principal reivindicación del feminismo que consiste en luchar contra esta violencia machista que ofende a las sociedades de todo el mundo.

“Mientras la población y las instituciones se sobresaltan y toman medidas ante el coronavirus”, indicaba Victoria Rosell, Delegada del Gobierno español contra la Violencia de Género, “las mujeres tenemos muchas más posibilidades de que nos mate y nos hiera gravemente la violencia machista”. Sin duda que es el pálpito de una realidad que no se corrige.

En Chile, el Presidente de la República no sólo es ambiguo en sus conceptos relacionados con este tema, sino que además demuestra desconocimiento y una debilidad inexcusable frente a las medidas que hay que tomar al respecto.

En el ámbito concreto de la violencia sexual, el Gobierno de España trabaja en una Ley de Libertad Sexual, presentada en estos días, donde señala la necesidad de ajustar el Código Penal. El principal objetivo es dar respuesta a la reivindicación del “sólo sí es sí”, que surgió a raíz de la primera sentencia, hace un par de años,  contra La Manada de violadores de Pamplona, lo que supone eliminar el delito de abuso sexual y agruparlo en el delito de agresión sexual. Es decir, se prevé eliminar el abuso entendido como delito sexual que se comete sin violencia e intimidación.

Las reformas legales son fundamentales, pero, pese a que España se sitúa en la vanguardia europea, la lucha contra la violencia machista sigue avanzando muy lentamente.

En Chile hay pocos avances al respecto. Sólo se están ciñendo a los acuerdos internacionales, como lo es la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, que se celebró en Brasil en 1994.

La Agenda de Género del Servicio Nacional de la Mujer, manifestó su interés en ampliar la Ley 20.066 de violencia intrafamiliar, para abordar todas las formas de violencia contra  las mujeres en todos los espacios y circunstancias que se produzcan.

 De todas maneras, se hace imprescindible abrir desde ya la reflexión sobre las violencias machistas “como una forma brutal de dominación y opresión”. Y, a la vez, impulsar desde nuestro hogar y desde nuestros colegios, una educación no sexista, de igualdad. Dicho en palabras simples: mientras desarrollamos nuestra propia educación, practiquemos la prevención y la denuncia. Porque debemos terminar con la prepotencia machista.

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