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Editorial: La pseudocracia nos amenaza

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

La democracia como sistema político no ha tenido un buen  pasar. Más bien, su caminar ha sido tortuoso ya que muchos de sus avances no han logrado consolidarse en el tiempo y han sido barridos por diversos hechos y circunstancias.

En un momento dado de la historia moderna, las monarquías absolutas de Occidente fueron desplazadas y se abrió paso a regímenes fundados en el principio amplio de la soberanía popular. Pese a todas las críticas en su contra, la democracia logró un amplio y sostenido consenso político, social y cultural pues se la reconoció como el sistema que mejor garantizaba la dignidad de las personas y los derechos humanos al tiempo que tenía en sí mismo  la capacidad de superar sus defectos, errores e imperfecciones.

En los hechos, esa convicción racional enfrentó oleadas de ataques que fueron desde las dictaduras de partido único disfrazadas cínicamente bajo el nombre de “democracias populares” hasta las dictaduras de militarotes que proliferaron en América Latina y que aún subsisten en numerosos países de África.

Al día de hoy, el panorama mundial  no deja de ser sorprendente. Los Estados Unidos,  que se pavonearon durante décadas como la mayor democracia del planeta, deben soportar un gobierno de minorías racistas, belicistas y excluyentes, en que la agresividad y la amenaza constituyen su método de trabajo. En otro polo, importantes democracias europeas se ven en peligro ante el avance de grupos radicalizados y xenófobos en cuyo vocabulario las palabras diálogo y debate han sido desplazadas por la exacerbación del temor y del odio.

Pero, hay un problema real, efectivo,  menos perceptible aunque de enorme gravedad.  La democracia liberal (que en el papel tenía la virtud de nivelar la cancha, de igualar a mujeres y hombres, a ricos y pobres, a jóvenes y senescentes, a débiles y poderosos, de permitir,  en suma,  la participación igualitaria de cada ciudadano en el manejo de  la res publica), poco  a poco fue siendo secuestrada por los detentadores del dinero que descubrieron que podían comprar o manipular conciencias, o por las burocracias partidarias que privaron  a ese sujeto político de su papel de actor, con capacidad para   razonar , debatir y tomar decisiones, y lo visualizaron como un siervo sumiso   a sus particulares intereses.

El cuadro antes descrito derivó en la corrosión de la tarea política y abrió las compuertas a una corrupción bastante generalizada. La honestidad y la probidad dejaron de ser virtudes constitutivas de la esencia de la vida de servicio público para pasar a ser parte de un mundo de apariencias en que pareciera que para algunos todo está permitido mientras corruptores y corruptos no sean descubiertos.

En los  momentos en que la historia contemporánea da vuelta la página y las redes sociales irrumpen  con fuerza en los más recónditos ámbitos haciendo posible que la información esté, por primera vez en la historia de la humanidad,  al alcance de la mano, al alcance casi instantáneo de casi todas las manos, se pensó que las plataformas digitales abrirían las compuertas para avanzar hacia un estadio superior del desarrollo democrático. Sin embargo, como fundadamente se ha señalado, estos nuevos canales están siendo crecientemente dominados por los agentes encubiertos de la injuria y la irresponsabilidad, de la ignorancia y del falseamiento, de la mentira tecnocrática bautizada como “posverdad”, hábil y masivamente manejados en favor de dogmatismos que pretenden ser reconocidos como certezas irrefutables que presumen tener el  derecho a ser impuestos coactivamente  a la comunidad.

Para muchos, resulta frustrante constatar que una sociedad que se percibe  viva, inquieta, demandante, creativa, (lo que es altamente positivo),  a la hora presente se está expresando a través de manifestantes cuyo lenguaje carece de la capacidad de argumentar, carece de la capacidad de imaginar siquiera que pueda haber soluciones diversas para un determinado problema, carece de la capacidad de trabajar positivamente por un país mejor a través de un diagnóstico equilibrado. Para algunos, su método de trabajo es la destrucción de bienes públicos y privados, la toma de oficinas y establecimientos, la agresión física o psicológica al que discrepa, sin que la ciudadanía pueda acceder a documentos y petitorios serios,  formales  y fundados. Por supuesto, que en este juego de daca y toma, enorme responsabilidad han tenido y tienen las autoridades correspondientes que frecuentemente han optado y optan por reprimir y no por encauzar, por vencer y no por convencer, por imponer y aplastar antes que acoger y escuchar.

Este clima frenético es alimentado por los medios de comunicación tradicionales, y por redes sociales que acogen sin filtro a los profesionales de la denostación que trabajan a diario encapuchados bajo seudónimos falsos que sólo traslucen su cobardía moral.

La democracia política está en peligro amenazada no solo  por aquéllos que siempre han sido sus enemigos y que se aprovechan de estas circunstancias,  sino especialmente por quienes debieran ser sus principales defensores y sostenedores, a todos los cuales les bastaría para partir  con pensar    en el mundo que le dejarán a quienes vengan tras ellos.

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1 Comentario en Editorial: La pseudocracia nos amenaza

  1. “Este clima frenético es alimentado por los medios de comunicación tradicionales, y por redes sociales que acogen sin filtro a los profesionales de la denostación que trabajan a diario encapuchados bajo seudónimos falsos que sólo traslucen su cobardía moral.”

    Excelente resumen. Aplaudo este medio plurarista y honesto, sin más pretensión que acoger y difundir opiniones en clima de respeto.

    Gracias

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