«La ética, la moral, las personas, la solidaridad, la justicia social y el medio ambiente, y una economía a escala humana, deben estar en primer lugar de los programas de quienes pretenden gobernarnos»

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Elecciones en Estados Unidos: el 6 de enero, día decisivo

Llamar “democracia” al sistema político norteamericano pasa a ser una ridiculez: las elecciones presidenciales obedecen a una serie de reglas que, tal vez, funcionaban en un bipartidismo, cuyos clivajes eran menores, pero hoy, en un país polarizado, tantas normas se transforman, no solamente en inútiles, sino que sobre todo facilitan la tarea de Donald Trump con la pretensión de imponerse alegando fraude en las elecciones de noviembre último.

Mientras la población de ese país sigue diezmada por el virus –que cada día visita a millones de ciudadanos-  la clase política sigue atrapada en el famoso debate sobre la acusación del Presidente actual acerca de la existencia de un fraude que, según él, constituye una grave usurpación a su “derecho legítimo de sentirse el ganador en dichas elecciones”.

Trump, hasta ahora, ha perdido en todas las instancias, tanto judiciales como estatales, y sólo le resta la ratificación conjunta de las Cámaras de Senadores y de Representantes. El resultado del Colegio Electoral que había otorgado el triunfo a la fórmula demócrata Biden-Harris, como última instancia, así sea formal, deberá ser ratificado por ambas Cámaras.

Según la enmienda 25, basta que dos senadores y dos representantes pongan en cuestión el resultado del Colegio Electoral, para que pueda ser discutida la validez o invalidez del recuento por parte del Colegio Electoral, (hasta ahora, Trump cuenta a su favor con 11 senadores republicanos).

El 5 de enero, se realizaban las elecciones para dos senadores por el Estado de Georgia, que decidirían la mayoría del Senado, y bastaría que uno de ellos fuera republicano para asegurar la mayoría de este partido en el Senado. En el caso de que los demócratas triunfen en la elección de los dos senadores, la mayoría sería del Partido Demócrata, con el voto dirimente de la Vicepresidenta, Kamala Harris.

El Presidente Trump está acostumbrado a ganar siempre, y considera el país como su empresa –al igual que el Presidente chileno, Sebastián Piñera–, por consiguiente, no puede soportar que ninguna persona o grupos de personas se oponga a sus designios y desprecia a sus rivales, a quienes considera incapaces e infelices, en especial al Presidente electo, Joe Biden, que lo tilda de “dormilón”, y a su hijo, de “ladrón”.

Trump –se supo por una publicación del Washington Post-   fue sorprendido en una conversación telefónica por la cual le daba órdenes al Secretario de Estado de Georgia, el republicano Brad Raffensperger, en la cual le pedía que elaborara un nuevo informe de dicho Estado, esta vez, con 11.780 votos, la diferencia que actualmente favorece ahí a Biden. El Secretario de Estado por Georgia se negó tajantemente a cometer semejante delito. (Hoy, Trump podría pasar de Presidente a reo).

Lo más posible es que el intento fraudulento de Trump fracase en ambas Cámaras. Difícilmente la mayoría de la clase política estará dispuesta a destruir su país por el capricho de un narcisista millonario. Por lo demás, la historia ha demostrado que los sistemas políticos pueden fenecer por la falta de diálogo, o bien, el quiebre de ideales compartidos en la sociedad civil.

Cuando unos quieren exterminar a los rivales, no queda más camino que enfrentarse a una guerra civil.

Fuente de figura:
https://www.11alive.com/article/news/politics/elections/trump-phone-call-brad-raffersperger/85-a0c1c287-b69f-470e-a8b6-d1cdf9df1b11

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