«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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Entre el miedo y la esperanza.

Hace varios años, leí una crónica del periodista y ensayista argentino Tomás Eloy Martínez con el título que encabeza este comentario.

El cronista apuntaba a destacar cómo el atentado a las Torres Gemelas del 11 de septiembre de2001, sirvió de excusa perfecta para que el gobierno de George W. Bush incrementara las medidas tendientes a aumentar el control político sobre los ciudadanos.

Aparte de los gobiernos totalitarios esparcidos por todo el mundo, y que en silencio reconocen su calidad de tales, no es difícil encontrar un buen lote de “democracias populares” que, vistiéndose con ropajes seudo revolucionarios, ejercen un férreo control sobre las poblaciones respectivas coartando los derechos personales, sancionando toda voz disidente, manteniendo cuerpos de policía secretos o comités de la revolución para efectuar tareas de delación. Las huellas digitales que permiten su identificación están constituidas por la existencia de una amplia nomenklatura, generalmente militar que, plagada de privilegios, sostiene a la casta gobernante, y por autoridades que se perpetúan en el poder por décadas y décadas.

Las dictaduras de derecha muestran sus propias características. La represión permanente, las periódicas detenciones masivas, la tortura usada como método para reprimir o para obtener información, la desaparición de personas, constituyen su forma de actuar, insistiendo en la necesidad de mantener el régimen, hecho indispensable para evitar el caos.

Pero en sistemas que pueden calificarse objetivamente como democráticos (a pesar de ciertas insuficiencias) también hay espacios para cultivar el miedo como instrumento de acción política.

Es claro que la inmensa mayoría de la población aprecia como un elemento importante para sus existencias personales o familiares, la necesidad de un orden público básico. Los padres, y particularmente las mujeres – jefas de hogar, rechazan de forma natural la posibilidad de vivir en una constante angustia preguntándose cada tarde si sus niños regresarían sanos y salvos a su hogar, si los adolescentes estarían o no involucrados en  portonazos o tráfico de drogas, si su marido mantendría su trabajo como obrero de la construcción el próximo mes.

Así, factores que generan inquietud en la sociedad (delincuencia, narcotráfico, terrorismo, inmigración) son debidamente amplificados por la prensa escrita y la televisión abierta para mantener un clima generalizado de temor. De ahí a utilizar este enervante ambiente como herramienta de acción política, hay un solo paso. Precisamente, en el último debate presidencial, un frustrado José A. Kast formulaba su reclamo por no haberse tratado temas como los señalados que le habrían permitido trabajar el sentimiento de temor.

Estos temas, ya  han sido bien tratados por personajes como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Rodrigo Duterte, entre otros, que han ofrecido orden y progreso para alcanzar la presidencia de sus respectivos países pero cuyos gobiernos se han caracterizado por dejar una huella de inequidad, demagogia y atropello a los derechos humanos.

Ahora, en Chile se nos ofrece un gobernante que manifiesta estar dispuesto a arrestar personas por su sola voluntad en sus casas o en lugares no destinados a la reclusión de reos comunes, sin control legislativo ni judicial.

El peligro que representan individuos como estos, deben tenerse presente. Las diversas aristas que configuran el complejo tramado social deben ser abordadas con un sentido claro de la realidad. Tesis simplonas como las que buscan enfrentar delincuencia y terrorismo mediante un aumento de penas, solo constituyen proclamas de barata demagogia.

Chile no debe buscar su camino impulsado por el temor sino comprometiéndose con la esperanza.

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1 Comentario en Entre el miedo y la esperanza.

  1. ¿Debemos comprometernos con la esperanza de qué?, ¿De Boric y el partido comunista?, ¿Esa es su definición de esperanza?. Pues no es nada esperanzador, que dos poderes como son la presidencia y la convención constituyente, esten en manos de un mismo grupo ideologico y su «esperanza» busca justamente eso, a fin de enquistarse eternamente en una pseudo-democracia al mas puro estilo Nicaragua. Básicamente quiere dejar al gato a cargo de la carnicería.

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