
La fábula del sapo y el escorpión, en Chile
Por si no la recuerdan, acá va un resumen.
El escorpión le pidió al sapo que le ayudara a cruzar el estero. Ni loco, dijo el sapo, me vas a matar. Cómo se te ocurre, contestó el alacrán, moriría yo también, porque no sé nadar. Luego de pensarlo, el sapo accede. Ya en el agua, el alacrán no se aguanta y pica al sapo. Entre estertores de muerte el sapo reclama “estás demente, vamos a morir los dos”. Tienes razón, contesta el alacrán, pero no lo puedo evitar, está en mi naturaleza.
Algo parecido le ha sucedido a la derecha chilena.
En un desplante de democracia y ante la petición de unos cuantos empresarios poderosos, dejaron entrar a su primaria a un afuerino que a juicio de sus promotores podría atraer a suficientes votantes del centro como para ganarle la presidencia a una izquierda que se ve muy amenazante, a la luz de las más grandes derrotas de la derecha, a saber, el triunfo de la Asamblea Constituyente -aunque le cambien el nombre- y la elección de constituyentes donde no lograron el 30% vital para bloquear los cambios radicales que sin duda se integrarán a la Nueva Constitución.
Ante la sorpresa de las encuestadoras –más perdidas que el Teniente Bello- Sichel ganó por paliza, y los partidos de derecha, medio descolocados, prometieron cumplir sus compromisos y apoyarlo.
Pero una cosa es lo que digan las cúpulas partidarias y otra muy distinta es lo que están opinando los votantes de derecha.
Sin un programa coherente, Sichel ha demostrado que no representa ni entusiasma para nada a quienes debería cautivar y, cometiendo un error tras otro, sucumbió rápidamente frente a Kast, un derechista duro de verdad, sereno y claro, que no se avergüenza de plantear un programa claramente de la derecha de antes, la buena, la que ofrece mantener lo que realmente desea el votante del sector: una educación para los ricos y otra para los pobres, lo mismo para la salud, bajar los impuestos a los ricos para que creen empleos, eliminar las trabas a los grandes proyectos aunque sufra el medio ambiente, eliminar el Ministerio de la Mujer, achicar el Estado molestoso para las empresas, mano dura y apoyo irrestricto a las policías, y varias otras iniciativas que permitirían volver al orden y la tranquilidad que imperaban antes del estallido social.
Un buen votante derechista tendría que estar loco para preferir a Sichel, que con tan buenas razones está quinto en las encuestas, aunque cueste creerles.
Así las cosas, lo más probable es que Kast y Boric’ lleguen a segunda vuelta, y que allí Boric’ gane el premio gordo, a menos que en el intertanto ocurra algo grave.
No era mala la idea de los empresarios que levantaron a Sichel como la única manera de que la derecha superara su histórico 30%, pero pareciera que a los votantes de la derecha dura les pasó lo mismo que al escorpión: los traicionó su naturaleza, mejor dicho, no pudieron dejar de lado sus creencias más profundas, y hundieron al sapo que podría haberles dado un triunfo.
PCM, pachamos@gmail.com
06/11/2021
Fuente de imagen:
https://agraria.pe/columna/entre-sapos-y-alacranes-11595







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