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CELEBRAR, NO; PERO BIENVENIDOS LOS NUEVOS AIRES DE ESPERANZA

Maroto

Desde Canadá.

En la madrugada del día viernes 15 de noviembre,  se llegó a un acuerdo político transversal en el Congreso Nacional que establece que la ciudadanía será el principal actor y protagonista en la construcción de una nueva constitución para el país. El acuerdo en cuestión no es perfecto, pero sin duda representa un primer paso importante y en la dirección correcta.

Lo anterior, es indudablemente un gran logro de la ciudadanía; una ciudadanía que durante 28 días ininterrumpidos ha salido a las calles, de forma mayoritariamente pacifica, para reclamar por un Chile más participativo, justo e igualitario. Sin estas movilizaciones, nuestras cuestionadas autoridades y líderes políticos no hubieran tenido la voluntad de sentarse a la mesa a dialogar y el acuerdo alcanzado no hubiera sido posible. Innegablemente, este es una conquista del Chile movilizado en la calle.

¿Es este motivo para celebrar y bajar los brazos?

No. En estas últimas cuatro semanas, nuestro país ha sido testigo de sistemáticas violaciones a los derechos humanos, muertos, 2365 heridos, 217 personas con lesiones oculares, innumerables abusos cometidos por las fuerzas del orden y seguridad y un nivel de violencia represiva y también violencia vandálica sin precedentes en los últimos 30 años. El sufrimiento de la ciudadanía no debe ser olvidado y la impunidad no debe ser permitida.

El acuerdo alcanzado, sin embargo, trae nuevos aires de esperanza para nuestro país; día tras día la ciudadanía ha salido a las calles para reclamar por un nuevo pacto social. El “Acuerdo por la Paz y Nueva constitución” implica el fin de la Constitución de Pinochet y la oportunidad para la ciudadanía de definir, a través de su participación directa, un nuevo marco político y social que genere las condiciones necesarias para terminar con las desigualdades sociales existentes por más de 45 años en nuestro país.

Chilenas y chilenos podrán decidir si quieren cambiar la constitución y cuál mecanismo prefieren utilizar para ello; chilenas y chilenos podrán ser los actores y protagonistas en la definición de la orientación y contenido de este nuevo documento que regirá el futuro de nuestro país; y, serán chilenas y chilenos los que aprobarán el texto final que se acuerde. Sin lugar a dudas este es un gran logro que nos permite avanzar en el fortalecimiento y profundización de nuestra democracia y la relegitimización de nuestras instituciones.

Como es esperable, habrá quienes hubieran anhelado más o menos de este acuerdo, dependiendo del lugar en que se encuentren en el espectro político o de sus experiencias personales. 

¿Es este un acuerdo perfecto? Ciertamente que no. Pudiera haberse generado incluyendo la participación de las organizaciones sociales; pudiera haber establecido quórums más bajos o diferenciados; pudiera haber contado con el apoyo del Partido Comunista y la totalidad del Frente Amplio. Todas cuestiones altamente deseables pero que, por diferentes razones no se dieron.

¿Es lo anterior razón suficiente para negar el importante aporte que este acuerdo hace en acoger parte de los reclamos manifestados por la ciudadanía? No. Reconocer sus falencias es sano e importante para las discusiones futuras; sin embargo, negar su valor y utilidad es, probablemente, intentar desconocer las limitantes impuestas por la gravedad y complejidad del momento que Chile vive.

Las tareas que tenemos por delante no son menores.

Debemos comprometernos a participar activamente del proceso constituyente que se inicia con este acuerdo; participar responsablemente en la discusión de su contenido y con la suficiente información en sus diferentes etapas de decisión.

Debemos mantenernos despiertos; las instancias de discusión y diálogo ciudadano que han surgido en estos días jugarán un rol esencial en la definición, a la brevedad, de una nueva agenda social que ofrezca soluciones reales y concretas a los problemas que día a día enfrenta un porcentaje importante de la ciudadanía.

Debemos profundizar los esfuerzos para que se terminen las violaciones a los derechos humanos observadas en estas semanas y se determinen las responsabilidades y sanciones que correspondan; y se acabe la violencia represiva y la violencia vandálica que tanto sufrimiento ha causado a la ciudadanía.

El acuerdo alcanzado, es solo el primer paso.

Porque un Chile más participativo, justo e igualitario sí es posible.

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