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Las sociedades e sus “enfermidades sociales” (Artículo en Portugués y Español)

Historiador y Periodista Brasileño, en su estadía desde Santiago Chile (artículo en Español Y Portugués)

Creo que cada sociedad está afectada por «enfermedades» que están directamente relacionadas con la formación de sus estructuras. Pero, entre tantas de estas «enfermedades», algunas se destacan en cada sociedad. Como, desde una perspectiva amplia, por ejemplo: intolerancia contra la población negra y la necesidad de un enemigo para afirmar una identidad social (EE. UU.), intolerancia étnica y el «fantasma» del nacionalismo exacerbado (Europa), intolerancia étnica y religiosa (África, Medio Oriente y Sudeste de Asia), entre otras.

En el caso de América Latina, especialmente Brasil, entiendo que las «enfermedades sociales» más graves que nos afligen, desde una lógica paterna y autoritaria – estructurante en el caso de la sociedad brasileña – son: una especie de «miopía» social y el odio a las «minorías» y los más pobres.

La «miopía» social que afecta a las capas medianas, es decir, la clase media de nuestras sociedades, y también una buena parte de las capas menos favorecidas, especialmente los trabajadores urbanos. Hace que estas personas no se vean socialmente como realmente son. Es decir, se entienden a sí mismos como elite (en el caso de la clase media) o como clase media (en el caso de los menos afortunados). Pero nunca se ven como realmente son, POBRES.

Los pobres pueden ser miserables, pero no necesariamente. Los pobres, en general, son aquellos asalariados y / o pequeños comerciantes / campesinos, cuyos ingresos se limitan a sus necesidades y, a menudo, son más bajos que estos. Haciéndolos vivir en dependencia de las formas más distintas de préstamo oficial permitidas por el estado. Les presta dinero a tasas de interés muy altas en varias formas, como financiamiento, préstamos de nómina, tarjetas de crédito, límites «especiales», etc. Contribuyendo así al creciente endeudamiento de esta parte de la sociedad, que de esta manera sigue «contribuyendo» al enriquecimiento continuo de esas capas titulares del capital y de los medios de producción, es decir, «nuestras» elites.

Aquellas elites que, como ya se mencionó, en una lógica social paternalista y autoritaria, no permiten que los segmentos sociales que consideran inferiores, especialmente los trabajadores y ciertas «minorías», logren avances sociales y protagonismo político. Cuando se manifiesta cualquier posibilidad a este respecto, estos grupos de la elite expresan todo su odio por tales segmentos. Buscando, sobre todo por medios políticos, prevenir estos avances y asegurar la permanencia de un status quo que les garantice privilegios sociales y económicos, así como un protagonismo que garantice la perpetuación de su poder político.

Sin embargo, incluso con todo este odio solo, las elites no tienen fuerza en las calles, ni junto a la opinión pública para enfrentar a las masas. Luego aprovecha la «miopía social» que afecta a los estratos medios de la sociedad para hacerles creer que son parte de la elite y que sus «privilegios» también están en peligro ante el avance de los pobres. Que, en América Latina, cuando luchan por los derechos, ganancias sociales y / o reducción de la desigualdad, siempre son etiquetados como comunistas. Como si tal denominación fuera peyorativa y / o temible. En un proceso de miedo constante en relación con el llamado «peligro rojo». Pero esta, quizás, es otra «enfermedad social» latinoamericana que quedará para una mayor reflexión.

As sociedades e suas “doenças sociais”

Acredito que cada sociedade é afligida por «doenças» que estão diretamente relacionadas à formação de suas estruturas. Mas, entre tantas dessas «enfermidades», algumas se destacam em cada sociedade. Como, desde uma perspectiva mais ampla, por exemplo: a intolerância contra a população negra e a necessidade de um inimigo para a afirmação de uma identidade social (EUA), a intolerância étnica e o «fantasma» do nacionalismo exacerbado (Europa), intolerância étnica e religiosa (África, Oriente Médio e Sudeste Asiático), entre outras.

No caso da América Latina, especialmente o Brasil, entendo que as mais graves «doenças sociais» que nos afligem, a partir de uma lógica paternalista e autoritária – estruturante no caso da sociedade brasileira – são: uma espécie de «miopia» social e o ódio às «minorias» e aos mais pobres.

A «miopia» social que afeta as camadas medianas, ou seja, a classe média de nossas sociedades, e também boa parte das camadas menos favorecidas, principalmente os trabalhadores urbanos. Faz com que essas pessoas não se observem socialmente como realmente são. Ou seja, eles se entendem como elite (no caso da classe média) ou como classe média (no caso dos menos afortunados). Mas eles nunca parecem ser realmente, POBRES.

Pobres podem ser miseráveis, mas não o são, necessariamente. Pobres, de maneira geral, são aqueles assalariados e/ou pequenos comerciantes / camponeses, que tem seus rendimentos no limite das suas necessidades e, muitas vezes, inferiores a estas. Fazendo com que vivam na dependência das mais distintas formas de agiotagem oficial permitida pelo Estado. Que lhes empresta dinheiro a juros altíssimos em diversas modalidades, como: financiamentos, créditos em consignação, cartões de crédito,  limites «especiais», etc. Contribuindo assim para um endividamento cada vez maior dessa parcela da sociedade que, dessa maneira, segue «contribuindo» para o contínuo enriquecimento daquelas camadas detentoras do capital e dos meios de produção, ou seja, «nossas» elites.

Elites essas que, como já citado, em uma lógica social paternalista e autoritária, não admitem que aqueles segmentos sociais que considera inferiores – especialmente trabalhadores e determinadas «minorias» – alcancem avanços sociais e protagonismo político. Quando se manifesta qualquer possibilidade nesse sentido, esses grupos da elite expressam todo seu ódio por tais segmentos. Buscando, sobretudo por meios políticos, impedir esses avanços e assegurar a permanência de um status quo que lhes garante privilégios sociais e econômicos, e ainda, um protagonismo que lhes afiança a perpetuação de seu poder político.

Entretanto, mesmo com todo esse ódio, sozinhas, as elites não têm força nas ruas, tampouco apelo junto à opinião pública para enfrentar as massas. Então, se aproveita da «miopia social» que acomete as camadas medianas da sociedade, para lhes fazer acreditar que são parte da elite e que seus «privilégios» também estão em perigo diante dos avanços das camadas pobres. As quais, na América Latina, quando lutam por direitos, ganhos sociais e/ou redução da desigualdade, são sempre rotuladas de comunistas. Como se tal denominação fosse algo pejorativo e/ou a ser temido. Em um processo de constante atemorização em relação ao chamado «perigo vermelho». Mas essa, talvez, seja uma outra “doença social” latino-americana que ficará para uma próxima reflexão.

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