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Comentario de cine: Guasón se abre camino en esta temporada de premios

Una de las películas más taquilleras y controvertidas del año acaba de recibir cuatro nominaciones para la próxima entrega de los Globos de Oro: Mejor Película – Drama, Mejor Actor – Drama (Joaquin Phoenix), Mejor Director (Todd Phillips) y Mejor Partitura Original (Hildur Guðnadóttir). Phoenix está extraordinario como el enemigo de Batman, aunque el superhéroe esté más o menos ausente en el filme. Es la historia del origen de un villano, una película extraña que sigue en cartelera, pues refleja lo que acontece en nuestros días. Esta es la ocasión perfecta para analizarla y ver qué tan efectiva es.

Ciudad Gótica, 1981. Pero es imposible no pensar en los 80 después de ver el inolvidable logo minimalista de Warner Bros. diseñado por Saul Bass. Los fotogramas se empapan del grano y una ligera desprolijidad del cine del Nuevo Hollywood, y somos enviados a una urbe inmersa en una crisis aguda de desempleo y contaminación. En una de las primeras escenas, vemos a Arthur Fleck (Joaquin Phoenix), un payaso de fiestas, captando clientes para una tienda de música. Unos jóvenes sádicos lo atacan y le roban el anuncio que porta, y sale persiguiéndolos hasta un callejón donde es golpeado por éstos. Lo dejan herido en el suelo, su maquillaje y peluca contrastan con la violencia, y luego tenemos un remate: la flor de su chaqueta expulsa un chorro de agua.

Guasón (2019), ganadora del León de Oro en el pasado Festival de Venecia, procede de esta manera. La risa, inapropiada, escandalosa, ¿efectiva?, sella la violencia monstruosa y extrema para una película de superhéroes (que yo considero que lo es, pese a no estar Batman en el rol protagónico, ya que la Ciudad sigue siendo Gótica, el Asilo se llama Arkham, y el villano del título es un personaje de DC Comics que sin Batman no existiría en la cultura pop). Posee un enfoque meta narrativo audaz para una producción millonaria: nos muestra la estructura del humor, no su resultado, y alardea con descaro de su intertextualidad; es como un remake de El rey de la comedia (1982) si lo protagonizara Travis Bickle.

Para escapar de los horrores cotidianos, Arthur sueña con convertirse en un comediante de stand-up y hacer su rutina en el programa de televisión de Murray Franklin (Robert De Niro). La presencia de De Niro no nos ayuda mucho a distanciar las películas como para apreciar a Guasón en su unicidad, y su Murray Franklin evoca al anfitrión interpretado por Jerry Lewis en El rey, mientras que Phoenix es el Rupert Pupkin de De Niro en aquella. Al menos, Guasón servirá para confirmar a El rey de la comedia como una de las obras maestras de Martin Scorsese, porque lo es. Y hay bastante de Scorsese aquí, tanto que a menudo me pregunté cuál era el punto de hacer algo tan similar en la forma, sin tener nada muy original que decir en el fondo. Por ejemplo, la fotografía de Lawrence Sher emula la melancolía que Michael Chapman le imprimió a Taxi Driver, en planos nocturnos donde luces de neón se reflejan en pavimentos mojados.

El director Todd Phillips ejercita un estilo agresivo, proveyendo humor a situaciones que no lo piden ni lo necesitan, confundiendo nuestras expectativas, confrontando nuestros prejuicios proyectados a los personajes. Phillips nos perturba, y, así, nos contagia la indignación de los habitantes de la ciudad. Debo decir que salí meditabundo de la sala de cine; el visionado es hostil y me encontré en varios puntos de la narración con una actitud pugnante. Y es que la cinta representa los problemas sociales del mundo contemporáneo; o sea, que la historia esté ambientada en 1981, en los albores de la década en que el capitalismo prosperó, no es casual. Pero, al final, es más una demagogia leve que una provocación radical. En términos políticos, The Dark Knight (2008) sigue ofreciendo una persuasión superior.

Lo que la cinta de Christopher Nolan entendió bien sobre el icónico villano, es que su origen debe permanecer ambiguo, para que su maldad sea más pura, más absoluta, y su conflicto moral con Batman sea siempre de la mayor complejidad. Entonces ¿era necesario explicar su origen en otro largometraje? No. Pero es un genuino riesgo estético, y respeto eso.

Por fortuna, la actuación de Phoenix, intensa en lo físico, emerge como lo más honesto y consistente, diferenciándose de lo que hizo Heath Ledger. Su Arthur Fleck es una criatura debilucha que mezcla lo más humano con lo más caricaturesco. Padece una condición médica que hace que, en momentos de sumo estrés, manifieste sus emociones en una risa nerviosa e incontrolable. Su cuerpo raquítico y los surcos en su rostro cuando sonríe, intimidantes en primerísimos primeros planos, hacen creer que los cómics pueden hacerse realidad.

La gente es cruel con él, y cuando sale a trabajar es como si saliera voluntariamente a ser torturado por todos. Su sueldo es miserable, aún vive con su madre que está muy enferma, fue abandonado por su padre cuando era niño, su propia salud mental se ve comprometida cuando, por reducción de presupuesto, deja de recibir su medicina. En otras palabras, él vive en el mundo real, y Phoenix habita el papel como una marioneta desfigurada para causar risas.

Los sueños de Arthur son: encontrar una figura paterna, vivir con dignidad, y ser amado por todas las personas. Son objetivos sensatos, aunque sean motivados por un narcisismo profundo debido a sus carencias afectivas.

No obstante, años de abuso han distorsionado su mente y si su alma sangra, es lógico que quiera derramar sangre en pos de lo que quiere. No puede evitar matar. No puede ser un héroe. Esa es su tragedia.

El guion de Phillips y Scott Silver es didáctico en su propia mitología, si se le puede llamar así. Esculpen a Arthur como un portavoz de los oprimidos, un mesías retorcido, y no es para tanto. Hay escenas a lo Taxi Driver que contextualizan su comportamiento y presagian su transformación en el Guasón; no hay un elemento sorpresa. Ahora bien, en el primer acto su proceso llega a un momento decisivo cuando, vestido de payaso, asesina a tres hombres en el metro que lo estaban golpeando, para variar (la violencia acarrea más violencia). Eran empleados del candidato a alcalde Thomas Wayne (papá del Caballero Oscuro), quien, además, se refiere a los que protestan contra las autoridades como <<payasos>>, énfasis en <<-yasos>>. Sutil.

Los diálogos, en general, no son muy sofisticados, y el óbice principal para empatizar con Arthur es que sabemos que la interpretación de Phoenix no es definitiva, ni en su carrera ni en los filmes de DC. Es obvio que habrá más versiones del Guasón. Cuando el actor sea reemplazado por otro más joven, ¿importará el dolor que le es infligido a esta iteración del personaje?

Los crímenes del metro desencadenan una revolución que es tratada como un accesorio de la trama y no algo sustancial. Pese a que este elemento pueda ser relevante para varios espectadores (quizá lo fue para el director), lo crucial es que no lo es para Arthur, y esto es un problema. La revolución sucede como un efecto rebote, sin que él tenga la intención de iniciarla, pasa a su lado como una brisa insignificante; ergo, él nunca llega a asumir ninguna responsabilidad por lo que está pasando, y he aquí la razón de la levedad de la película.

Por el contrario, el Travis Bickle de De Niro era plenamente consciente de los cambios que quería implementar en Nueva York. La trascendencia de Taxi Driver estriba en esa motivación personal, ese compromiso con corregir lo que se percibe mal para otros. Aquí, en cambio, el propósito del Guasón es egoísta, sentimental, quiere que lo quieran, lo cual no satisface la ambición del guion. Si lo que él genera en sus conciudadanos no le es prioritario, ¿por qué habría de serlo para nosotros en las butacas?

Asimismo, podría tratarse de una broma. Que inicies una revolución por accidente es un chiste brillante, y aun así el chiste precisa repercusiones más grandes y una participación activa del protagonista, para que haga mella en nuestra conciencia.

Para mí, como una obra meta, meta, meta de arte pop, Guasón funciona muy bien. Sin embargo, como una denuncia de la desigualdad, el neoliberalismo, la sociedad del espectáculo, el cine de superhéroes…, es sólo una pequeña degustación de todo aquello, no una verdadera exploración de los conceptos. Aun cuando no es perfecta ni magistral, su mero estilo inaugura un sendero excitante para los filmes de su género.

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