
Hay Silvas que silban bien y hay Silvas que silban mal
Las elecciones del 7 de mayo relevaron al abogado Luis Alejandro Silva Irarrázaval a un primer plano de la vida política nacional. Elegido consejero constituyente como militante del Partido Republicano, alcanzó la primera mayoría del país: 706.286 votos. El “profe Silva” como se autoidentificó en la campaña, estudió en el Colegio del Verbo Divino y en la Pontifica Universidad Católica, se doctoró en la Universidad de los Andes, asistió a un curso sobre “religión y política” en la U. de Princeton. Es numerario del Opus Dei, soltero con voto de castidad, vive hoy en una residencia de “la Obra”. Fue Vicerrector de Investigación en la U. de los Andes y actualmente dicta cátedra en la U. San Sebastián.
Al conocer su significativa votación, su hermano el cineasta Sebastián Silva lo declaró “peligro nacional”, afirmación a la que se sumó su hermana.
Desconocido en el ámbito público hasta ahora, hizo noticia hace dos semanas cuando afirmó, “si nosotros ganamos la elección, “por qué cresta tenemos que dialogar con la minoría”. De ahí en adelante guardó silencio, al parecer tras recibir un llamado de atención de sus correligionarios.
Todo esto, hasta que fue invitado a participar en el programa “En persona”, de ICARE. Interrogado acerca de su juicio sobre la figura de Augusto Pinochet aseguró textualmente “también hay un dejo de admiración por el hecho que creo que fue un estadista. Definitivamente creo que fue un hombre que supo conducir el Estado. Supo rearmar un Estado que estaba hecho trizas”. Cerró su intervención con algunas consideraciones acerca de “cosas que ocurrieron que él no podía no conocer”…Entonces, ”yo creo que debe hacerse una lectura un poco más ponderada de su gobierno”.
Como Silva es un académico, se debe suponer que utiliza con absoluta propiedad el lenguaje.
El Diccionario de la Real Academia de la Lengua, entrega dos acepciones del término “estadista”: 1.- Persona que describe la población, riqueza y civilización de un pueblo, provincia o nación. // 2.- Persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado.
Debe suponerse que el consejero constituyente se acogió a la segunda alternativa pero, lamentablemente, ella, a nuestro juicio, no calza con el personaje aludido: ni el gran saber ni la experiencia caracterizaban al personaje en cuestión. Sin embargo, debe reconocerse que todas las personas tienen pleno derecho a sostener los juicios de opinión que quieran y, por lo tanto, el “profe Silva” puede admirarlo con la devoción que manifiesta.
Pero, el problema es otro y es de la mayor gravedad.
El académico republicano en forma displicente habla de “cosas que ocurrieron” para efectuar una velada relación con los graves y comprobados atropellos cometidos no “durante la dictadura” sino “por la dictadura”. No se trata de “cosas” que “él” no podía no conocer sino de crímenes, violaciones, torturas, lanzamiento de cadáveres al mar, autorizados por “él” o cohonestados por “él”, en sus cotidianos desayunos con el Mamo Contreras.
Y, luego, viene lo increíble: Uniendo los dos temas, la gestión del Estado y las violaciones a los derechos humanos, el “profe” invita a hacer “una lectura más ponderada” de la dictadura.
Lo que Silva en su paroxismo olvida es que, como acertadamente lo señala el académico Carlos Peña, hay bienes incondicionales o absolutos, “bienes que nadie, bajo pretexto alguno, podría amagar o sacrificar. Y esos bienes son los derechos humanos, cuya violación entonces no puede ser justificada, ni justipreciada, ni contrapesada, ni balanceada, con otros supuestos bienes que, a cambio de atropellarlos, se pudieran obtener”.
Precisamente, lo trascendente de una “Constitución democrática” radica en que este documento fundamental para la convivencia de una comunidad, radica en su capacidad de definir, consagrar y amparar tales derechos absolutos. La aberrante pretensión de equilibrar crímenes de esta naturaleza con avances o éxitos en materias económicas o sociales, constituye una injuria que resulta inaceptable.
Las expresiones del “profe Silva” podrían no ir más allá de constituir un exabrupto, una torpeza o una imbecilidad. Su gravedad radica en que él es el jefe de la mayoritaria bancada republicana en el Consejo Constituyente y sus ideas y convicciones pudieran permear la labor de esta entidad, sobre todo si se considera que el silencio sistemático de sus correligionarios no puede sino constituir aceptación y aquiescencia.
Las dos expresiones públicas de este varón republicano, nos traen a la memoria los populares versos talquinos: “Hay Silvas que silban bien y hay Silvas que silban mal, hay unos que dan la oreja y otros que no la dan”


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Extraño resulta decir que un artículo agrada cuando el tema que plantea es tan crudo. Pero si. Me agrada y se agradece