
Herramientas para discernir.
Cuando faltan solo dos semanas para la segunda vuelta de la elección presidencial chilena, es imperativo reflexionar racionalmente para adoptar una decisión.
La realidad de hoy es que una importante mayoría de la ciudadanía tiene dudas en este terreno las que se reflejan no solo en torno al casi 20% logrado por el populista Franco Parisi sino también en relación al 17% que, al ser interrogado, declara que votará nulo o blanco o simplemente se abstendrá.
La candidata del mundo progresista, Jeannette Jara, ha debido cargar con el peso de su militancia comunista y con la tradición de un partido – el único de Occidente– que ha sido incapaz de renovarse ideológica y políticamente aceptando los principios en que se sustentan las democracias liberales y manteniendo una adhesión dogmática, casi religiosa hacia dictaduras que hoy por hoy, constituyen una vergüenza, miradas bajo el prisma de los derechos humanos. Es claro que la postulante es la expresión de una nueva facción del Partido, pero que, pese a ello, ha debido soportar los desatinos, cercanos a la traición, de un sector de la vieja guardia de la colectividad.
Jara encabeza una coalición de nueve partidos, razón por la cual resulta éticamente insostenible que la prensa y medios de comunicación conservadores, la identifiquen resaltando su militancia comunista y haciéndola cargar con las responsabilidades de las ya inexistentes dictaduras soviéticas.
Por la vereda del frente, transita José Antonio Kast, quien goza de los beneficios y temores del “anticomunismo” pero que elude su propia, directa e indiscutible aceptación de los crímenes y abusos de los diecisiete años de dictadura. Si se miran las cosas fríamente es evidente que, en el alma de la postulación conservadora, hay una mirada complaciente a este respecto, expresada no solo en la justificación de lo que pasó, sino en su expresa voluntad de repetir la dictadura si las circunstancias así lo ameritaran.
Todo lo dicho permite concluir que, si de riesgos para la democracia se trata, el peligro claramente, desde un punto de vista inmediato e inminente, no está en la postulación de Jara sino en la candidatura de la ultra derecha cuya vocación totalitaria se hace claramente visible mirando su círculo de “amistades” y el mundo en que se mueve.
En un próximo comentario, nos referiremos al análisisprogramático de ambos presidenciables y lo que política y socialmente representan para el país en general y para cada una de las personas.

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