
HIDRÓGENO VERDE: ¿ES REALMENTE EL COMBUSTIBLE DEL FUTURO?
Ecologistas y algunos científicos críticos denuncian que el hidrógeno no puede ser una alternativa al petróleo porque tiene un alto costo de producción y de distribución.
———————————————————————————————————
La «economía del hidrógeno» es como un zombi: no importa cuantas veces sea asesinada, sigue viniendo hacia ti. Al igual que una película de zombis, el hidrógeno parece ejercer una tremenda fascinación porque se está mostrando a la gente como una forma de seguir haciendo todo lo que hemos hecho siempre, sin necesidad de sacrificios o de cambiar nuestras costumbres. El hidrógeno es un pastel-en-el-cielo que retrasará la innovación real que permitirá eliminar gradualmente los combustibles fósiles de la combinación energética mundial.
Ugo Bardi
¿Es realmente el hidrógeno verde el combustible del futuro? ¿De dónde partió la idea del hidrógeno verde? ¿Qué dicen los científicos acerca de esto?
Ante la primera pregunta, la respuesta es taxativamente no, y vamos a tratar de explicar, de la forma más simple y clara posible por qué no será, de ninguna manera, el combustible del futuro, como aseguran en la propaganda de muchas empresas excesivamente ansiosas en el mundo que están bailando y tratando de mantener el equilibrio sobre una cuerda floja.
A la segunda pregunta respondemos: se originó en el objetivo principal de la AIE -la Agencia Internacional de la Energía- organismo creado por la OCDE -la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico- a raíz de la crisis del petróleo de 1973, “que buscó coordinar las políticas energéticas de sus Estados miembros, con la finalidad de asegurar energía confiable, adquirible y limpia a sus respectivos habitantes”.
Para responder la tercera pregunta, vamos a indagar qué dicen acerca de ello los más destacados científicos del mundo que han estudiado las fuentes de transformaciones energéticas y su desarrollo histórico, las ciencias del clima, las ciencias de la Tierra y otras interrelacionadas [1].
De este modo, debemos leer al inglés James Lovelock (“La Venganza de la Tierra – La teoría de Gaia y el futuro de la humanidad”) [2], quien opinó: “Fabricar hidrógeno no es difícil, pero veo muy improbable que lo veamos llegar pronto a la industria y los hogares como sustituto del gas natural. También es poco probable que el hidrógeno llegue a distribuirse a escala relevante como combustible para transporte y, aunque fuera factible, la construcción de la infraestructura necesaria para fabricar, transportar y liberar el hidrógeno llevaría más tiempo del que disponemos”. […] “Por otra parte, el hidrógeno mezclado con el aire explota al encenderse, en lugar de quemarse rápida pero progresivamente, como el metano. Además, la llama del hidrógeno es invisible, así que la ignición de una pequeña fuga puede causar un grave sobrecalentamiento de las válvulas antes de ser detectada. La ingeniería puede hacer frente a estos problemas, pero no se puede descuidar el coste que supondría si se estableciera una economía basada en el hidrógeno” (pág. 119) [2].
Veamos qué nos dice el doctor en física español Antonio Turiel, que viene estudiando la crisis energética mundial y la disponibilidad de combustibles de origen fósil en España y Europa desde 2009. En el medio informativo digital ‘El Crític’, en mayo de 2021, el también investigador del CSIC aseguró: “Europa tiene perfectamente identificado el problema. Sabe que se acerca una bajada importante en la producción de petróleo en los próximos cuatro años y tiene que encontrar desesperadamente una alternativa”. […] “El nombre de esta alternativa es el hidrógeno y se ha convertido en la preferida de Europa. Sus gobiernos y las grandes empresas quieren invertir millones, a través del fondo Next Generation EU, en la “descarbonización” de la economía. Así, compañías líderes de uno de los sectores más contaminantes del mundo quieren hacer su “transición verde” y apuestan por la creación de plantas de hidrógeno” [3].
El hidrógeno es un elemento muy valorado, especialmente por sectores que necesitan mucha energía, como el de la movilidad y el transporte; ven en la producción de hidrógeno una solución para sus mercados. Una ‘pila de hidrógeno’, por ejemplo, tiene una potencia 100 veces mayor que una eléctrica, por lo que se plantea como el futuro para camiones, barcos o aviones, que deben hacer grandes trayectos sin posibilidad de repostar combustible [3].
Como ya se ha dicho en otras columnas de este semanario, a pesar de ser el elemento químico más abundante del planeta, el hidrógeno no se encuentra solo en la naturaleza, siempre se encuentra químicamente enlazado con otros elementos conformando compuestos simples o complejos, como agua, petróleo o gas. Y, por lo tanto, para separarlo y usarlo, hay que aplicar diferentes procesos físico-químicos. No es una fuente de energía en sí mismo, sino un vector para acumular y almacenar energía. Y esos procesos deben usar otras fuentes de energía para fabricarlo. Se sabe que cada vez que se hace una transformación de una forma de energía en otra, se pierde parte de ella en forma de calor, según lo que nos dice la segunda Ley de la Termodinámica [4].
El 99% del hidrógeno que se usa en industrias se extrae del gas natural (el llamado ‘hidrógeno azul’) o del petróleo (el ‘hidrógeno gris’). Los procesos para obtenerlo de esas fuentes emiten importantes cantidades de dióxido de carbono (CO2), un ‘gas de efecto invernadero’ (GEI).
La opción de alternativa para evitar esas emisiones de un GEI, sería el llamado hidrógeno verde, que se obtiene -en teoría y esto es muy discutible-, exclusivamente de electricidad generada con energías renovables (EERR). Digo muy discutible pues debemos tener presente y contabilizar también el CO2que inevitablemente debe emitirse en los procesos para fabricar todos esos equipos de aprovechamiento de EERR (y sus componentes): las turbinas eólicas y los paneles solares fotovoltaicos (FV); a ellos debemos sumar, además, todo el CO2 emitido por los medios de transporte de esos equipos desde los países de fabricación hasta los países y lugares de instalación y luego, las emisiones durante las faenas de montaje y posteriores de operación, y las de construcción de caminos de acceso, zanjas, canalizaciones eléctricas subterráneas, puertos de embarque para exportación, etcétera. De esas emisiones, curiosamente, no se oye hablar. Desde otra mirada, “Se parte de la asunción falsa de que tenemos energía renovable ilimitada, pero no es verdad”, ha dicho el físico Antonio Turiel, en reiteradas ocasiones en sus charlas afirmando, además, que las EERR solo pueden cubrir cerca del 40% de la demanda energética mundial.
En una reciente intervención en la Comisión de Transición Ecológica del Senado español (https://www.youtube.com/watch?v=FRwRxGdavmI) [5] para alertar sobre la situación energética, Turiel aseguró que “no podremos producir tanto como consumiremos”, lo que abre la discusión hacia una dicotomía: “El decrecimiento o lo que parece que hará la UE sin reconocerlo, recurrir al colonialismo energético”. Asimismo, considera que el hidrógeno será un factor importante pero no el principal: “Se trata de un vector energético muy limitado, que sale adelante porque es la única opción que tenemos, pero lo que se plantea es de locos y quiere camuflar un intento desesperado de mantener un sistema que no se aguanta”, aseguró el investigador del CSIC.
Otro científico de renombre es el italiano Ugo Bardi, que ha estudiado el hidrógeno y las celdas de combustible (de hidrógeno) desde los años 80’. Plantea que un gran problema es un elemento sin el cual no puede funcionar la «economía del hidrógeno»: el platino, escaso en el mundo y muy caro. “Hay muchos otros: almacenamiento, seguridad, durabilidad, eficiencia, retorno de energía y probablemente más. No es de extrañar que dejara de creer en la idea. Me convertí en un «antiguo hidrogenista», una de esas personas que se habían acercado a la idea del hidrógeno con muchas esperanzas, pero que pronto se desilusionaron”.
“Entonces, ¿qué queda de la gran idea de una ‘Economía Basada en el Hidrógeno’, ¿la promesa de un mundo próspero y limpio? Muy poco, me parece. Sin embargo, hoy en día, la idea parece estar disfrutando de un renacimiento, al menos en términos del bombo publicitario que la rodea, esta vez con la etiqueta de «hidrógeno azul». Este es el hidrógeno que debe crearse a partir de combustibles fósiles, mientras que el carbono generado en el proceso debe capturarse y almacenarse bajo tierra. Claramente, es solo un truco para hacer posible que la industria de los combustibles fósiles continúe por un tiempo más” [6].
En conclusión, lo que se está haciendo en Chile, sacrificando ecosistemas y culturas -tanto en el norte, como en el centro y sur hasta la austral Patagonia-, para emprender una loca y absurda aventura, la que, como hemos visto no es tan buena como la pintan o está condenada a un estrepitoso fracaso, … es un pecado de lesa humanidad.
No es un camino cuerdo hacia la “carbono neutralidad”, como se dice y se quiere hacer creer. No debemos continuar en esto, sino detenerlo lo antes posible y dedicar todos los esfuerzos humanos e intelectuales, y de la ciencia y de la tecnología del país, para reemprender el rumbo por la senda correcta hacia el futuro incierto que nos espera.
Por último, el hidrógeno, al combustionar con el oxígeno, produce agua en forma de vapor H2O (v), y este vapor de agua, no lo olvidemos, es un GEI, tal como lo es el CO2, tan bien explicado en una charla (extracto), por Carl Sagan [7].
Y no lo olvidemos, nos queda muy poco tiempo para atinar, solo una o dos décadas.
Fuente de figura:
Referencias
[2]“La Venganza de la Tierra – La teoría de Gaia y el futuro de la humanidad”, 2008, Ed. Planeta S.A.
[4]https://laventanaciudadana.cl/cuanto-es-suficiente/
[5]https://www.youtube.com/watch?v=FRwRxGdavmI
[6]https://laventanaciudadana.cl/confesiones-de-un-ex-hidrogenista/
[7]https://vm.tiktok.com/ZMNEHhPsW/







Déjanos tu comentario: