«La violencia debe ser desterrada de la vida nacional… esto no se resuelve con respuestas técnicas, burocráticas ni policiales por sí solas, todas las expresiones de violencia que vivimos, tienen un origen político, social, cultural , sociológico y, sus respuestas pasan por propuestas que apunten a  cambios culturales, cambios conductuales y planes integrales de salud mental para la ciudadanía. Los profesionales del área, las universidades, las instituciones todas y el estado deben hacerse cargo del tema, con autocrítica y real compromiso con el tema.»

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Inversión en I+D, ¿y las regiones?

Sofía Valenzuela Aguila

Doctora en Bio-química. Investigadora Centro de Biotecnología. Universidad de Concepción.

Este 11 de marzo, dimos inicio a un nuevo ciclo político en nuestro país, un nuevo gobierno, caras e ideas nuevas, que refrescan y dan esperanza a la ciudadanía.

En el ámbito científico también tenemos esperanza que ocurran cambios, entre ellos, que paulatinamente avancemos hacia una mayor inversión en investigación y desarrollo, llegando al tan anhelado 1% del PIB, casi triplicando la inversión histórica del 0.35%.

Pero debemos cuestionarnos y planificar dónde queremos invertir esos recursos. Requeriremos tener un plan estratégico para los próximos 50 años, que no cambie de acuerdo con el gobierno de turno.

Lo primero será descentralizar los recursos estatales que se invierten hoy en día en I+D, actualmente más del 50% de éstos quedan en la región metropolitana. ¿Por qué ocurre esto? Un problema para conversar y buscar soluciones, son los indicadores empleados para evaluar la calidad científica de un/a investigador/a. Actualmente, basado en publicaciones, patentes y proyectos. Mientas mayor sea el número de estos, mayor posibilidad de obtener recursos. No obstante, estos indicadores dicen que en muchos casos quienes tienen mayor productividad son hombres y de universidades de la capital, seguido (no muy de cerca) por investigadores de universidades de la región del Biobío y Valparaíso. Me llama la atención que al asignar recursos a través de institutos milenios o basales (cerca de 1000 millones/año durante 5 años y renovable por 5 años más), se incluya como indicador captar más recursos. Esto facilita que quienes ya tienen más accedan con mayor ventaja a otros concursos. En otras palabras, estamos generando una brecha de I+D, que va en desmedro de investigadoras y en especial, de quienes viven en regiones.

Esto nos da espacio para revisar las políticas existentes y aquellas a implementar, para que las investigadoras tengan reales oportunidades de liderar proyectos, no solo los FONDECYT, pero también los institutos milenios, basales, y otros. El diagnóstico está claro, a lo más un 30% de los proyectos en Chile son liderados por investigadoras, tenemos que urgentemente implementar medidas para llegar al 50%.

En cuanto a las regiones, deberemos reconocer las capacidades existentes, cada región tiene su realidad, su visión y autoridades locales que aprecian la autonomía de las decisiones.  Planificar en conjunto con la academia, entidades estatales y privadas locales, como también en atención a las necesidades, problemáticas y desafíos de las comunidades, ojalá sea una prioridad. Por ello, desde regiones debemos buscar una manera de contar con mayores recursos para I+D, que parte de los recursos que hoy están centralizados y quedan en la capital, lleguen a cada una de las regiones de Chile con a realidades tan distintas entre ellas. No obstante, también debemos buscar mecanismos que permitan a empresas que están en regiones (y muchas veces tributan en Santiago) aporten y trabajen de manera colaborativa con las universidades y centros de investigación regionales, para resolver problemas de I+D, innovación y formación de capacidades en zonas donde desarrollan sus actividades y también generan impactos, positivos y a veces negativos.

Debemos fortalecer las capacidades de I+D regionales, no solo desde las universidades, hay conocimientos tradicionales, locales y burocráticos (experienciales) que tienen gran valor, trabajando conjuntamente en planes a largo plazo que vayan más allá de los gobiernos de turno, con perspectiva de género e incluyendo a gente joven, a los y las investigadoras del mañana, quienes llevarán la posta de mejorar el ecosistema regional de I+D hacia el futuro.

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