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JAIR BOLSONARO: EL NERÓN DEL AMAZONAS

Rafael Luis Gumucio Rivas

Profesor de Historia. Ex director Instituto de historia Universidad Católica de Valparaíso.

 “Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos de la vida y ver si podía aprender lo que ella podía enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida… para no darme cuenta, en el momento de morir, que no había vivido”.

“Casi todas las personas viven la vida en una silenciosa desesperación”.

(Henry David Thoreau, 1817-1862)

El Amazonas ocupa 7,4 millones de kilómetros cuadrados y abarca los países de Brasil (el 70%), Bolivia, Colombia, Guyana Francesa, Perú, Surinam y Venezuela. Manaos, con 1,8 millones de habitantes, es el tercer centro económico de Brasil, y la ciudad principal del Estado del Amazonas. Actualmente, el 20% de la Amazonía ha desaparecido a causa de los incendios, sumado a la tala ilegal y a las quemas durante el mes pasado, con el objetivo de exportar madera, plantar soja, instalar centrales hidroeléctricas, explotar pozos petroleros (el más grande yacimiento petrolífero será entregado a una empresa israelí, mediante un acuerdo entre Benjamín Netanyahu y Jair Bolsonaro.)

Además de petróleo existen yacimientos de oro, cobre, hierro, níquel y manganeso… y, sobre todo, las llamadas tierras raras, muy ambicionadas por Trump y que China ya posee.

La Amazonía tiene la cuarta parte de las especies de la Tierra: 30.000 especies  de plantas, 2.500 especies de peces, 500 clases de mamíferos y 2,5 millones de insectos y miles de variedades de aves, a las que hay que sumar 2.200 especies nuevas y un tercio de los bosques primarios del mundo.

El río Amazonas, el más largo (6.900 kilómetros) y el más caudaloso, que se extiende desde las montañas del Perú hasta el delta, lo habitan 820 tribus de pueblos originarios, con 86 leguas y 600 dialectos.

Bolsonaro es el imitador por excelencia de Trump y de Pinochet. En su ignorancia, llegó a sostener que la Amazonía es una gran extensión de tierra que no sirve para nada (así lo han afirmado muchos ignorantes e imbéciles antes que él). Los capitalistas, cuyo fin es la adoración del dinero, pretenden convertir la Amazonía en una fuente de riqueza material inmediata, sin medir las consecuencias a nivel nacional y mundial que pueda acarrear la destrucción intencionada de la flora y la fauna.

A estos criminales de la humanidad poco o nada les importa la vida humana  por mucho que los evangelistas aparenten defenderla, pues para Bolsonaro los indígenas no tienen alma ni derecho a vivir, y como le encanta llamar la atención de los medios de comunicación de masas, no se le ocurrió nada mejor que culpar a las ONG de los 72.000 focos de incendio, que ya se extienden por mas dos semanas. Una de las consecuencias negativas para Brasil por parte de países conscientes de esta catástrofe fue el rechazo de 82 millones de euros por parte  de Alemania y Noruega; por otra parte, Emmanuel Macron, que se ha convertido en el árbitro del G7, reunido en Biarritz, acusó a Bolsonaro de “mentiroso” y lo culpó de la destrucción del 20% del pulmón de la humanidad (metáfora).

La soberanía de los pueblos debe tener siempre una limitación. Cuando se atenta contra el bien de toda la humanidad, como es el caso de los incendios de la Amazonía, que amenaza con dejarla sin oxígeno y por extensión, al país. Lo mismo ocurre con la privatización del agua como bien público (los gobiernos neoliberales chilenos – entre ellos Eduardo Frei Ruiz-Tagle-  la han entregado a empresas privadas, los que está provocando la desertificación de la Tierra y la consiguiente muerte de animales e incluso de seres humanos, así como la nula producción de alimentos, lo  que encarece la vida de todos los ciudadanos.

Bolsonaro incentivó los incendios al restarle poder a los organismos destinados a la defensa del medio ambiente y, además, suprimir las multas a la tala y a los incendio intencionales de los bosques, territorio que será destinado por los empresarios a la ganadería y al cultivo de la soja, preferencialmente.

En el fondo, el capitalismo, en su fase neoliberal exacerbada, va a ser la última forma de existencia en la Tierra de la especie más depredadora que haya existido siempre, el ‘homo sapiens’, convertido en ‘homo faber’ y, al final, en asesino de la Naturaleza, la que según Espinoza y Giordano Bruno, contiene a Dios. Sin aire, los hombres para lograr sobrevivir, se verán obligados a inventar los pulmones artificiales.

Al menos, Nerón era un soñador y artista que posiblemente conocía las teorías de Celso en su libro Contra el Cristianismo, en el cual decía que los cristianos eran antropófagos al comer el cuerpo y beber la sangre de Jesucristo. Bolsonaro y Trump, maldito militar e ignorante y ladrón y especulador, respectivamente, debieran ser juzgados como genocidas.

Bibliografía: Obras de Henry David Thoreau

Desobediencia Civil

Una caminata a Wachusett

Walden, la vida en el Bosque

(Autor: Henry David Thoreau, creador de la teoría de la desobediencia civil, inspirador de Mahatma Gandhi; fue a la cárcel por no pagar impuestos rechazando así el Estado esclavista y la guerra contra México. Sostenía que la ley cuando es injusta no debe ser obedecida.)

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