El orgullo en exceso, como forma de vida, da paso a la arrogancia, esta es , sin lugar a dudas un elemento contaminante en las relaciones humanas y en las comunicaciones. ...pero además, ¡¡¡ contribuyen a la soledad y generan enajenación social!!!
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La cosa es más grave de lo previsto

La angustia y la incertidumbre se pueden leer en los rostros de cada una de las personas con las cuales nos encontramos en nuestro cada vez más acotado caminar. Nos atemoriza el inminente ataque de la pandemia no tanto por lo que nos pueda afectar a nosotros sino por el riesgo que asoma en puertas, ascensores, supermercados, oficinas públicas, bancos y también, paradojalmente, en centros de salud, y que puede llegar hasta las personas a las que más queremos. ¿Cuándo terminará esto?

La mejor defensa, en este caso, no es el ataque sino el aislamiento y el encierro. En nuestras viviendas hemos pasado de las faenas de orden y limpieza, a las de lecturas abandonadas hace muchos años. Del reposo y la meditación al coraje para soportar una televisión fatigantemente repetitiva y mediocre. Ni estos encuentros diarios con nosotros mismos son suficientes para darnos cuenta que, si bien vivimos en la etapa de la historia con mayor desarrollo económico también vivimos y respiramos en el mundo de las mayores desigualdades. Cada año mueren a causa del hambre 9 millones de personas (especialmente niños) y eso a nadie le importa. Bi-llo-nes de dólares se gastan en armamentos pero no hay recursos para rescatar de la miseria a esas víctimas inocentes. Para todos ellos el encierro nada significa pues sus vidas seguirán tal-cual. Las elites pueden encerrarse en sus casas, pagar helicópteros para violar las cuarentenas e ir a mirar el mar, pedir deliverys. Para que eso sea posible, hay otros que tendrán que laborar en hospitales, retirar basura, fabricar mascarillas.

Según el Nobel de Economía 2018, Paul Romer, “vamos a tener que vivir con el corona virus para siempre” pero ¿viviremos para siempre con nuestra inconsciencia?

El Gobierno y el sistema público de salud han hecho los mejores esfuerzos para abordar la situación (lo que no es suficiente para obviar las diversas críticas planteadas), pero la salud privada ha tenido una insuficiente capacidad de respuesta. Las Isapres han duplicado sus utilidades en medio de este juego que les permite seguir recaudando sus cotizaciones al mismo tiempo que, de hecho, han disminuido fuertemente las prestaciones a sus afiliados.

El problema, el grave problema, radica en que hasta ahora, si bien se ha visto una administración de la contingencia, no se ha visto una comprensión cabal de la gravedad del problema y de las consecuencias a futuro.

Quienes manifiestan preocupación por los problemas generales del país,no logran entender que habiendo transcurrido más de la mitad del actual período presidencial, sigamos tozudamente clavados en la república de los eslóganes. “Tiempos mejores”, “Chile en marcha”, “Plan Araucanía”, “Aula Segura”, “Los niños primero”, “Retorno Humanitario”, “Nueva Normalidad”, “Retorno Seguro”, más varios otros, constituyen la prueba palpable de políticas vacías de contenidos sólidos. En línea con lo señalado, el alcalde de Las Condes, defendiéndose de su acceso privilegiado a programas televisivos, precisó que en los tiempos actuales “Gobernar es Comunicar”. El ciudadano medio tiene el legítimo derecho a preguntarse:¿Comunicar qué? ¿Las acciones del alcalde de una comuna “de clase” a la que le faltan problemas y le sobran los recursos?

Ya es hora de que nos tomemos en serio lo que está pasando.

Nuestro país, además de su grosera fractura social, vive una innegable inequidad territorial que no se solucionará con la elección de una nueva autoridad en cada una de nuestras regiones. Desde hace mucho tiempo, las autoridades centrales viven en absoluta desconexión con el Chile real. En materia de salud, educación, inversión pública, creación de fuentes de trabajo, las inequidades han llegado a un límite difícil de soportar.

Los tiempos que vienen se vislumbran difíciles. Se podrán gastar ingentes recursos en atender parcialmente las demandas ciudadanas pero nada de eso será sólido y permanecerá en el tiempo si no es construido con la participación activa y comprometida de toda la comunidad.

Gobierno y Oposición, tienen la obligación de trabajar en la recomposición del tejido social tan a mal traer en los últimos tiempos, único camino posible para integrar a todos los sectores en la tarea común. Esa tarea reclama voluntad y propósito de hacer las cosas y generosidad para diluir la espesa capa de los privilegios que día a día nos están destruyendo como nación.

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