«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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LA DIFÍCIL MARCHA DE LA DEMOCRACIA

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Muy a menudo, en mis escritos semanales señalo mi absoluta adscripción al sistema democrático de convivencia social. Creo en la Democracia –con mayúscula- porque es la fórmula perfecta creada hasta ahora, por los seres humanos.

          Aunque se le atribuye a los griegos de Atenas, allá por el Siglo V Antes de Cristo, es probable que incluso muchos años antes, en alguna parte del mundo, los humanos se dieron alguna forma de convivencia social participativa, abierta y dialogante.  En el fondo, que hubiesen desarrollado la inteligencia hasta llegar a la convivencia en paz, mediante el diálogo y el respeto mutuo.

          La Democracia impera en prácticamente todo el mundo. Han intentado otros sistemas, como el autocrático o la dictadura, pero las grandes mayorías se han impuesto a tales minorías violentas, excluyentes y sectarias. Tampoco ha prosperado la oligarquía, donde una minoría con intereses muy definidos quiere gobernar sin oir a tales mayorías. Pero también hay que entender que si las grandes mayorías no oyen ni respetan a las minorías, la Democracia no estaría cumpliendo su rol de marco de convivencia. O sea, también sería excluyente.

          En una auténtica Democracia, cada individuo tiene la posibilidad de expresarse, de aportar ideas. Es decir, nadie depende de imposiciones ajenas. Y además, tiene igualdad de oportunidades para influir en las decisiones aceptadas por consenso  por las grandes mayorías.   

          Dicho todo esto, ahora paso a explicar el por qué lo saco a colación en este artículo. Estamos a pocas fechas de que se inicie el proceso de construir una nueva Constitución para Chile. Se usará un mecanismo elegido por los parlamentarios, tras el Rechazo por una mayoría clara, en plebiscito ciudadano, de un documento constitucional elaborado por una Comisión Constituyente, que también había sido elegida democráticamente mediante un plebiscito ciudadano.

          Aquí me surge una duda. ¿Cómo es posible que en el plebiscito del 25 de octubre del 2020, fuera aprobada con casi el 80% de los votantes, una nueva Constitución redactada por personas elegidas en la misma votación democrática…y después, en el plebiscito del 6 de septiembre del 2022, la misma ciudadanía rechazara con el 61,86% de los votos, el texto propuesto por la Comisión Constituyente?  Son dos resultados muy concluyentes que abren interrogantes de todos los colores, especialmente en cuanto a qué hizo cambiar tan radicalmente la voluntad mayoritaria de los ciudadanos y en tan corto lapso de tiempo.

          Ahora se ha aprobado en el Parlamento un sistema mixto para la elaboración de una nueva Constitución, con un grupo de personas elegidas democráticamente y otro similar designado por los partidos políticos representados en el Congreso. Y con el agregado del aporte de una Comisión de Expertos, que será realmente quién redacte el trascendental documento.

Este no es el sistema que había elegido la ciudadanía en el 2020. Aunque sigue siendo legal.

          La Democracia ha sido manipulada, sin duda. Algo ha cambiado la voluntad popular y tergiversa una realidad que la mayoría ciudadana anhelaba y reclamaba por las calles de nuestro país. Es una fórmula que elimina la participación de los ciudadanos en forma directa e igualitaria. Y para ello la democracia parlamentaria juega un papel fundamental.

          ¿Cómo se manipula a la ciudadanía? Creo que los políticos tradicionales hacen uso de los procesos democráticos basados en las conveniencias de los partidos políticos, tan alicaídos en la actualidad. Son entidades ciudadanas que se han achicado notablemente, que representan a una minoría y que, por sus propios intereses, manejan el Parlamento a su propio arbitrio. Y son hábiles al plantear las cosas dentro del marco democrático, habilitado por una legislación que ellos mismos aprueban.  Además, cuentan con un potente poder mediático que emite constantes mentiras que, de tanto repetirlas, mucha gente las asume como verdades absolutas.

          A pesar de todo, soy optimista. Creo en la inteligencia humana y espero que esta fórmula aplicada ahora permita elaborar una Constitución que por lo menos se acerque un tanto a los intereses de la mayoría de la gente, que recoja aspectos sensibles de sus demandas que nos llevaron a un estallido social en el 2019 y que comencemos a eliminar las inequidades que ofenden, las injusticias que duelen y la corrupción que corroe las bases de una convivencia social en paz.      

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