
EDITORIAL. La guerra y la paz.
La elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos hace casi dos años, marcó la definición de un clima de incertidumbre, no solo a nivel nacional sino también planetario. Gran parte de sus electores votó por él en la confianza de que su gobierno aseguraba el desarrollo de un nacionalismo fuerte, política sin contemplaciones contra la inmigración irregular y promoción de la paz en el mundo.
El transcurso del tiempo ha demostrado que el inefable Trump, al igual que muchos gobernantes autócratas en la historia de la humanidad, ha llegado a una terrible confusión entre sus intereses y negocios personales, por una parte, y todo lo que corresponde (para bien o para mal) a los intereses de la nación norteamericana. ¿La solución Trump? Ocupar el lugar para desarrollar un proyecto inmobiliario y hotelero, financiado por inversionistas internacionales. La tragedia de un pueblo desplazado por las bombas, para Trump no tenía importancia ninguna.
Poco tiempo antes de que su gobierno atacara a Irán con su descabellada promesa de hacerlo retornar a la “edad de la piedra”, el mismo estaba presionando para que se le otorgara el “Premio Nobel de la Paz”.
La política internacional de Trump, no reconoce fronteras. Ha peleado con sus aliados de la Unión Europea, ha entrado en una guerra arancelaria que ha afectado las relaciones con casi todos los países del mundo y ha desarrollado un conflicto duro contra León XIV, sumo pontífice de la Iglesia Católica y pastor de 1600 millones de fieles, llegando al burdo extremo de compararse con el mismo Jesucristo.
Su declive político es inminente. Agobiado por su inminente caída electoral, con la renuncia de diversos asesores de su confianza, con el anuncio de diversos parlamentarios republicanos que no aceptan ser “el pato de la boda” y con encuestas que expresan a diestra y a siniestra el rechazo a sus políticas internas y externas, todo hace presagiar que el poder omnímodo y la impunidad que le ha estado otorgando su mayoría parlamentaria de 2024, se diluirá pronto.
El vicepresidente Vance y el Secretario de Estado Rubio, han buscado apagar el fuego preanunciando sus candidaturas presidenciales para el 2028. Ambos han sido parte obsecuente y partícipes incondicionales de todo lo hecho por Trump.
Conseguir una paz estable y duradera, solo puede ser fruto de la justicia. Si tal lección no ha sido aprendida por Trump y sus adláteres, es difícil confiar en ellos.







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