Sabiduría, un estado superior de conciencia, implica habilidades para poner en práctica los conocimientos adquiridos por los seres humanos.
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La inteligencia emocional

Jonathan Marcial Mendoza

Licenciado en Derecho con Especialidad en Formación Docente

Desde México

El presente artículo busca precisar los alcances de la inteligencia emocional. Es vital importancia dejar establecido los vocablos inteligencia y emociones.

Sin más preámbulos, tomando la idea de Piaget, llamamos inteligencia a “la capacidad de adaptarse al medio ambiente y a situaciones nuevas, de pensar y actuar en formas adaptativas” (Paul Henry Mossen, Desarrollo psicológico del niño, 2007, página 37). Ahora bien, las emociones, en cambio, son “una reacción rápida y directa sobre alguna situación, surge de forma incontrolable y con gran fuerza” (Clein Rodríguez, Psicología social, 2012, página 28).

De lo anterior, si la inteligencia es entendida como una capacidad de adaptación y de pensamiento, se une todas aquellas inquietudes, sentimientos y empatía; en un primer acercamiento, podría entenderse como inteligencia emocional. Pero esto no resulta suficiente porque se debe contar con una noción delimitada de lo que comprende como tal. Existen autores significativos que exponen, con sustento metodológico, la comprensión de esta temática, pero resultan algo extensas y poco precisas. Más bien, la prioridad en especial es básicamente señalar que significa a partir de las explicaciones ya dichas en el tema que se viene planteando en este segmento.

Gartzia, Aritzeta, Balluerka y Barberá (Inteligencia emocional y género: más allá de las diferencias sexuales, 2012) nos precisa que la inteligencia emocional se relaciona con la capacidad para atender a los sentimientos y comprenderlos con facilidad, así como para regular los estados emocionales negativos y prolongar los positivos. En cambio, J. Vera, citando a Goleman, determina que es una “capacidad de controlar sentimientos de un momento a otro es fundamental para la penetración psicológica y la comprensión de uno mismo” (La inteligencia emocional y el rendimiento académico en estudiantes universitarios, 2000, página 38). Carmen Jurado la concibe como la “capacidad de controlar, comprender e identificar nuestros sentimientos y nuestras emociones, reconociéndolas también en los demás, e implica dirigirlas y equilibrarlas (Inteligencia emocional en el aula, 2009, página 1).

En los tres se encuentran, de forma paralela, tópicos esenciales de la inteligencia emocional que se puede señalar en cinco rasgos principales, tomando de soporte a Sánchez Riesco (Implicaciones educativas de la inteligencia emocional, 2001), que son: a) autoconciencia, como la capacidad de análisis y percepción de nuestras emociones; b) autocontrol, como la capacidad de controlar y educar nuestros impulsos y emociones; c) automotivación, como la capacidad de marcarse objetivos, motivarse y perseverar en ellos; d) empatía, como la capacidad de ponernos en el lugar de otro para percibir y comprender sus estados emocionales; y e) competencia social, como la capacidad de relacionarnos adecuadamente y con éxito en el contexto comunitario donde se vive.

Resumiendo, la inteligencia emocional es la “capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos” (Goleman por Sergio Gómez Bastar, Evaluación psicopedagógica, 2012, página 50).

Fuente de figura: https://concepto.de/inteligencia-emocional/

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