«Si la justicia existe, tiene   que ser para todos; nadie puede quedar excluido. De lo contrario, ya no sería justicia»

Paul Auster

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LA PALABRA

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Hace sólo unos días se realizó en Cádiz (España) el Noveno Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE). Fueron cuatro días intensos y extensos, donde los expertos analizaron y discutieron a fondo diversas cuestiones relacionadas con nuestro idioma. El Rey Felipe VI inauguró este evento y señaló con rotundidad que “el Siglo XXI debe ser el siglo del Español”. Y agregó conceptos para justificar sus aseveraciones, entre los cuales señaló que “en este punto de encuentro de la cultura hispánica, se deberá estudiar el idioma como fenómeno de mestizaje”.

          Sin duda que el lenguaje es importante. Y, más aún, el Español lo es para nosotros que somos hispanoparlantes y cuya cifra va creciendo aceleradamente, hasta llegar a superar los 600 millones en todo el mundo.

          Permítanme que en esta oportunidad, aparte de recomendarles que busquen información sobre ese IX Congreso,   le dedique está columna de los viernes a la palabra. Y para hacerlo, voy a recurrir en primer lugar a lo que dicen los expertos sobre la palabra.

          La Real Academia de la Lengua Española (RAE), señala que “Una palabra es un vocablo, una voz, una expresión. Etimológicamente, el término deriva del latín parabŏla. Desde la lingüística, la palabra es una unidad léxica formada por un sonido o un conjunto de sonidos articulados, que se asocia a uno o varios sentidos, y que posee una categoría gramatical determinada”.  Y agrega que hay varios tipos de palabras: sustantivos o nombres, pronombres, adjetivos, adverbios, verbos, preposiciones, conjunciones y artículos.

          En consecuencia con todo esto, creo que es importante señalar que la palabra es una poderosa arma de convencimiento, de aporte de ideas, de transmisión de sentimientos, de intercambio de experiencias, de simple conversación, de acercamiento…En definitiva, de sociedad en desarrollo. Es el símbolo perfecto de la inteligencia y del trato justo para entenderse y apoyarse en el crecimiento de toda sociedad. Por lo mismo, la palabra debe ser tratada con respeto, con cariño, con afecto, pero también con firmeza.

          ¿Qué habría sido de la especie humana si no hubiese tenido un lenguaje para entenderse y avanzar por el camino de la vida, diferenciándose de las demás especies? ¿Qué habría sido de los sabios griegos si no hubiesen tenido palabras para dar forma y transmitir sus ideas? ¿Qué seríamos nosotros sin un lenguaje cargado con palabras con sentido, con lógica, con experiencias?

           La especie humana ha ido creciendo, desarrollándose y consiguiendo un conocimiento excepcional, mediante el uso adecuado de las palabras. Ha dado cauce y curso al caudal de ideas que nos han llevado al progreso material y social. Sin embargo, también ha habido retrocesos. Cuando no hemos podido potenciar el diálogo, fomentar el intercambio de ideas o cuando hemos sido dominados por los defectos que tenemos los humanos, como la ambición, la intolerancia, la ignorancia y los apetitos menores, entonces la inteligencia se pierde, se rinde y actúa la violencia, transformada en guerras, en destrucción y en muerte.

          En la hora presente, debemos tener en cuenta todo esto  para establecer el diálogo con las palabras justas y precisas, para aportar ideas con la claridad y amplitud que nuestra sociedad necesita y merece.  Para dar rienda suelta a nuestra inteligencia que nos ha permitido alcanzar metas que sólo algunos habían soñado. 

Debemos, en consecuencia, recurrir a los sabios del ayer para proyectar a los hombres y mujeres justos del mañana. Con la experiencia acumulada en la actualidad,  para lo cual debemos utilizar el permanente diálogo con ideas, con tolerancia, con las palabras precisas que alimenten la esperanza y que construyan vías posibles para avanzar hacia mejores condiciones de vida.

En la palabra está el futuro. En la violencia y en la intolerancia, el retroceso.

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