El orgullo en exceso, como forma de vida, da paso a la arrogancia, esta es , sin lugar a dudas un elemento contaminante en las relaciones humanas y en las comunicaciones. ...pero además, ¡¡¡ contribuyen a la soledad y generan enajenación social!!!
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La Pandemia: una realidad entre la manzana y el murciélago

Carlos Bravo Ampuero

Psicólogo Magister en Psicología Social

Con la noticia que estábamos en una Pandemia mundial y que su “origen” había sido el consumo de una sopa de murciélago, me vino la imagen que nos relataron a algunos cuando pequeños acerca del origen del mundo y del mal, que tuvo que ver con comer una manzana.

Vamos por parte. La metáfora de la manzana, nos pone en una situación difícil ya que nos presenta a “Dios” que crea el universo en siete días y que pone ciertas restricciones. Podemos hacer uso de todo el Paraíso pero hay un límite: no comer el fruto de un árbol prohibido. Esto ya es complejo, pero lo que está de fondo es que la Creación es tan inmensa que trasciende a nosotros y que no se explica desde una creación humana sino que trasciende el tiempo y el espacio, es “algo” superior. Ese algo puede ser energía, fuerza, o alguien.

Como sea la explicación que uno suscriba, lo claro es que esta Creación y su utilización tienen un límite. Es decir, no todo se puede hacer. Esta es una convicción muy sabia y, a ratos, se nos olvida. Los seres humanos, que tenemos una fragilidad estructural, en especial de la memoria, nos hemos olvidado de esto y nuestra historia nos habla de que entre tropiezos hemos pasado, en palabras de Byung-Chul Han (filósofo surcoreano, en su libro “La Sociedad del Cansancio”), de una sociedad del deber ser a una sociedad de la positividad, en la que todo se puede hacer.

Y aquí paso a la segunda imagen, la del murciélago. Hoy más que nunca hemos tenido la experiencia de tener el mundo dominado a nuestros pies, y los avances tecnológicos y científicos nos dan cuenta de ello. Lo que se nos ha olvidado es que habitar el mundo para todos requiere de ciertos límites.

Pablo de Tarso, hace muchos años atrás, dijo sabiamente, “todo me está permitido, pero no todo me es conveniente”. Lo que debemos consensuar como humanidad es cuáles son los límites que tenemos para habitar esta casa, que se supone es común, y que como dijo algún cantor popular: “la Tierra es de todos y no del que tenga más”.

La falta de límites le ha traído muchas consecuencias negativas al ser humano, desde lo más más micro: personas, familias, comunidades, hasta lo macro: sistemas políticos, sociales, económicos. No estaban tan equivocados los antiguos, en que debe haber alguna restricción, pensando en el bien común.

Hay un segundo elemento que trae como consecuencia este correr el cerco y traspasar los límites. Cuando se rompe la armonía, empieza a diluirse la cadena de responsabilidades. Ayer, con la manzana, fue la mujer, la serpiente, entre otras, lo que derivó en un patriarcado y machismo salvaje que personificó en la mujer el origen de muchos males. Hoy pueden ser los “chinos” que amenazan la economía y el “orden” mundial.

No podemos seguir reduciendo la complejidad de la vida humana a una manzana o a un murciélago. Una pista de salida, a mi parecer, la da el filósofo antes mencionado en su libro, que nos invita a tener una “pedagogía del mirar”, que consiste en tener una mirada más contemplativa de la vida humana. Es no responder reactivamente a un impulso. Es aprender a “mirar”, que consiste en “acostumbrar al ojo a mirar con calma y con paciencia, dejando que las cosas “se acerquen al ojo”. Para eso hay que detenerse y profundizar en cómo estamos viviendo la vida. La Pandemia y la cuarentena nos podrían ayudar a lograrlo, y lo pongo en condicional, ya que lo que uno escucha es que pareciera que las “soluciones” han ido por otro lado. La experiencia de estar confinado, sin los centros comerciales por meses, nos ha enseñado que hay muchas cosas prescindibles. Yo pensaba, cuando volvamos a la “normalidad” ¿podríamos estar sin centros comerciales los fines de semana? Si pudimos estar meses sin ellos abiertos, ¿por qué no los festivos?

¿Quedarán aprendizajes como esos? Tengo mis dudas. Este ha sido un espacio de reflexión que quise compartir, ya que encontré gran similitud al enterarme que “todo” había empezado con una cazuela de murciélago. Era como escuchar cuando pequeño decir que “todo empezó” con una manzana.

Las explicaciones desde el poder, sea político, religioso o social, nos han tratado de infantilizar, simplificando lo complejo, lo que no nos permiten ir al fondo de la cuestión: cualquier orden que queramos tener debe ser mirándonos todos, o sea, el bien común y la sustentabilidad para que podamos gozar “todos juntos y al mismo tiempo”, como fue en el sabio lema de nuestro ochentera Asamblea de la Civilidad.

Fuente de figura: http://velvet-mag.lat/2020/07/10/aburrimiento-filosofia-byungchulhan/

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2 Comentarios en La Pandemia: una realidad entre la manzana y el murciélago

  1. Si, claro Marissa, Un muy buen artículo que vale la pena difundirlo.
    Excelente razonamiento.

  2. profundo análisis, en breves palabras llega a lo que no queremos ver ni oir, buen artículo.

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