«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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Las aguas turbias.

Toda elección realmente democrática conlleva un rasgo de incerteza. Salvo, por supuesto, en las “democracias populares” en que se pronostica y se cumple un resultado superior al 99%. En tres semanas más, nuestro país deberá elegir Presidente de la República, parlamentarios y consejeros regionales. Por supuesto, la elección presidencial acapara todas las miradas. Como se descarta la posibilidad de una mayoría absoluta, el problema se concentra en definir quiénes serán los que pasen a la “segunda vuelta”.

Al parecer, existe consenso en que tres de los siete candidatos carecen de toda opción de acceder al balotaje. Artés, a quién se le predice un 1%; Marco Enríquez-Ominami, cuya zigzagueante conducta no le augura un techo superior al de su tercera postulación; y Franco Parisi que en busca hacer campaña desde Estados Unidos para evitar conflictos con la Justicia chilena por su millonaria deuda en pensiones alimenticias.

Aun cuando el panorama electoral está sujeto a cambios sorpresivos – ¡en política tres semanas constituyen demasiado tiempo! – siempre es posible, y conveniente, aventurarse en el terreno de las especulaciones procurando acertar en un análisis que no es fácil.

Por ahora, todo apunta a que Gabriel Boric será uno de los finalistas. Tras su categórico triunfo sobre Daniel Jadue en las primarias del Frente “Apruebo-Dignidad”, su nombre se estabilizó en torno al 30%. Paradojalmente, Boric tiene en el PC tanto la estructura orgánica que le da sustento en medio de un conglomerado conformado por un alto número de minipartidos como la pesada mochila que significa el apoyo de una colectividad que persiste en balancearse entre su aceptación a regañadientes de las reglas de la democracia liberal y su adhesión sin remilgos a las dictaduras populistas que le son afines. Por lo demás, las actitudes del propio Jadue y de Teillier amenazándolo en cuanto a que no permitirán que se aparte ni un milímetro de su programa, traslucen un nivel de desconfianza y una pretensión inocultable de control hegemónico. Los días venideros nos permitirán ver cómo se maneja Boric en este terreno.

La derecha gobernante enfrenta sin duda la peor crisis de su historia. La “derrota y fuga” de Joaquín Lavín desarmó el mapa del sector dejando sus banderas en manos de un outsider que en ningún momento fue visto como un nombre propio. La campaña de Sichel, manejada con personalismo y lejanía de los partidos tradicionales (UDI – RN), se fue diluyendo como consecuencia de los errores del candidato y La Moneda optó por matricularse por la opción de extrema derecha. La encuestadora CADEM, financiada de hecho desde instituciones del Estado  ($309 millones de Segegob, $24 millones por “estudio estratégico”, $39 millones desde la Subsecretaría de Telecomunicaciones lo que le permite acceder a datos personales de millones de chilenos) opera buscando crear un “clima de opinión” favorable a los intereses del sector. Como Kast se ha declarado hombre “de oposición”, no necesita hacerse cargo del desprestigio del equipo gobernante y puede fácilmente concentrarse en un mensaje de “autoridad”, “orden” y “seguridad” que está latente en gran parte de una ciudadanía preocupada por la incertidumbre con que vislumbra el futuro. Desechado el nombre de Sichel, CADEM ha levantado la nueva opción hasta el extremo de marcarle un nivel de adhesión superior a Boric. La prensa-papel tradicional cumple su consabido rol de caja de resonancia de una estrategia inocultable que busca polarizar los comicios presidenciales. Gota a gota, los partidos de derecha han ido abandonando a un airado Sichel, su candidato oficial, en una política que bien podría definirse como “sálvese quien pueda”.

La alternativa de Yasna Provoste constituye una incógnita. La forma en que se maneje en los próximos días será crucial. En la medida en que la votación de derecha se distribuya más o menos equitativamente entre Sichel y Kast, tiene la posibilidad cierta de pasar al balotaje frente a Boric. Su flanco débil por el momento está en el muy feble compromiso que sus aliados (socialistas, radicales, pepedés) han mostrado con las actividades de campaña. El punto a favor se encuentra en su condición de ser la única candidata mujer. Sin embargo, su mayor potencial radica en la capacidad que muestre para convencer a la ciudadanía de que su alternativa es la única que puede garantizar avanzar hacia una sociedad más integrada, condición indispensable para abordar los problemas y desafíos presentes. Una radicalización del país, ahondará, sin duda, la profunda e indesmentible fractura social que se vive.

La cuestión preocupante es que el elector tiende a votar no en base a argumentos racionales sino a simplificaciones afectivas que lo llevan a no mirar las cosas con un horizonte de más largo plazo. Los vendedores de ilusiones pueden triunfar en un momento histórico ya que todos terminamos creyendo lo que queremos creer, pero si no somos capaces de medir las consecuencias de nuestros actos y de nuestras decisiones estaremos comprometiendo nuestro futuro.

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1 Comentario en Las aguas turbias.

  1. Interesante ejercicio conjeturas.. pero como tres semanas en política es mucho tiempo tal como nos recuerda el srticulusta, más de una sorpresa nos espera.,

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