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¿NUEVAS REGIONES?

Sergio Moffat

Arquitecto, Director Centro de Estudios Urbano Regionales, Universidad Del Bío-Bío

Desde hace un tiempo ha crecido la demanda por crear nuevas regiones y de hecho eso ya ha ocurrido con Arica y Parinacota y Los Ríos, estando actualmente  en trámite la formación de la nueva Región de Ñuble. Todo esto se ha hecho respondiendo a crecientes demandas de las comunidades provinciales desencantadas de las promesas de descentralización que permitirían un desarrollo territorialmente más equitativo del país. Es cierto que la regionalización fue un proceso forzado, sin ninguna participación ciudadana, realizado bajo las normas autoritarias de un gobierno dictatorial. No obstante aquello, la creación de regiones agrupando a provincias preexistentes había siempre estado en discusión, desde la época que Corfo realizó una primera propuesta hace más de 50 años. La justificación para ello es evidente: Basta mirar la distribución territorial de la población para advertir que el país sufre desde hace muchos años de hidrocefalia, con un centro hegemónico que concentra el 40 % de la población y un cuerpo esmirriado que distribuye el resto de sus habitantes a lo largo de su extensa geografía. Esto es consecuencia de un modelo centralista que concentra el poder político y económico y que en consecuencia ofrece también las mejores oportunidades de desarrollo personal y profesional. Con ello los territorios periféricos ven limitadas sus posibilidades de desarrollo y drenados sus recursos económicos y humanos. De allí que la descentralización sea un requerimiento urgente para generar un desarrollo equitativo y  también para evitar o disminuir los costos de una aglomeración, como la de Santiago, que consume parte importante del presupuesto nacional para resolver los problemas de una ciudad crecientemente ineficiente. La promesa, incumplida por cierto, de la regionalización y la descentralización era la de crear regiones de tamaño suficiente para generar desarrollo autónomo y como consecuencia de ello tener una distribución más equilibrada de la población y de las oportunidades para todos los habitantes del país. Sin embargo el tiempo transcurrido desde el inicio del proceso de regionalización demuestra que nada de esto ocurrió; Las regiones siguen supeditadas a las decisiones de un centro hegemónico, sus autoridades siguen designadas y no elegidas y paralelamente el sector privado sigue la lógica de situar sus gerencias donde se toman las principales decisiones políticas. Los profesionales, los artistas y emprendedores por su parte emigran a la Región Metropolitana porque allí se concentran las oportunidades de desarrollo personal y los territorios se ven así despojados de su principal recurso.

 La descentralización, entendida esta como cesión de atribución desde el centro a la periferia, ha sido absolutamente insuficiente. Los habitantes de las antiguas provincias, en especial aquellas que no incluyen a la capital regional, no ven ventajas significativas en la existencia de estas entidades regionales, con escasas autonomías y atribuciones. Las regiones, y con ella su identidad, era y sigue siendo una tarea pendiente después de más de veinte años de recuperada  la democracia y de la instalación de los gobiernos regionales. Elemento clave de esta construcción de identidad regional es la transferencia de atribuciones y junto con ello la profundización de la democracia. Sólo si un habitante de Ñuble o Aconcagua percibe que la región de la que forma parte, Biobío y Valparaíso en el ejemplo, tiene atribuciones para orientar su desarrollo y él puede influir en las decisiones que al respecto se tomen,  podrá tener algún sentimiento de pertenencia territorial. Si ello no ocurre podrá ver hasta con nostalgia la época en la que frente a la Plaza de Armas de su Provincia en vez de una Gobernación Provincial existía una Intendencia, que si bien carecía de atribuciones, por lo menos permitía elevar sus demandas directamente a  Santiago, sin la intermediación  de una Intendencia Regional débil y lejana.

De allí que frente a  la tentación de ceder a las peticiones ciudadanas de crear  nuevas regiones, sería más útil, que los parlamentarios se concentraran en avanzar en empoderar a las regiones actuales para crear un país con más oportunidades para todos sus habitantes. Y en ese sentido el tamaño sí importa, no es lo mismo un conjunto numeroso de pequeñas provincias, que regiones que puedan generar masas críticas para sustentar un desarrollo territorial crecientemente autónomo.

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