El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
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¿DÓNDE ESTÁ LA TRAMPITA?

Esteban Lobos, analista económico.

 

El “mercado”, técnicamente,  es el punto de encuentro entre productores y consumidores. En él  se realizan las transacciones y es evaluado positivamente en la medida en que ambos actores cuenten con el máximo de información posible.

 

El “mercado” opera mediante una serie de códigos expresos, relativamente expresos, tácitos y, muchas veces, ocultos.

 

En la vía pública, una modesta mujer nos ofrece tomates a “tres kilos en mil”. En cuatro palabras, nos formula su oferta. No necesita más. Nosotros, en silencio, le mostramos un billete de $1.000.- y la transacción se consuma. Los frutos se exhiben sanos y apetitosos. Al llegar al hogar, comprobamos que gran parte de la mercadería está maltratada o sobremadura. Concluimos, entonces, que es mejor comprar en el comercio formal, lugar en que podemos escoger cada producto.

 

Ahora, vamos a la gran tienda de “retail” como acostumbramos a decir ahora los ingleses de América. Un muro completo está repleto de camisas, cubierto por un letrero diagonal que señala: “Oferta! 30% de descuento”. Elegimos modelo, color, talla y pasamos a la caja. Sorpresa. No hay descuento. La cajera impávida, debidamente instruida, nos dice: “El descuento es sólo para los productos cubiertos por el letrero. Esa camisa estaba “al lado””….

 

Vamos al supermercado. La lechuga que ayer estaba a $399, por arte de bibirloque, hoy amaneció  a $799. Debe haber pasado una muy mala noche. En una estantería vemos un gigantesco letrero que dice “50% de descuento” en la tercera unidad. ¿Por qué no nos dicen mejor que el descuento es levemente superior al 15%?  El tarro de atún, cuyo fleje dice $899, nos es cobrado en caja a $1.199. Reclamamos, La cajera nos recita su respuesta: “Es que la gente desordena la mercadería… el producto que estaba en oferta se agotó”.

 

Me pregunto: ¿qué sería del comercio chileno si se dictara una ley que suprimiera el número “9”?

 

Una entidad financiera nos ofrece créditos de consumo “con la cuota más baja del mercado”…..Y la gente cae. Pide un millón de pesos pero lo pagará en 60 cuotas…. Obviamente, las cuotas son más bajas. El problema estriba en que son más, muchas más cuotas. Otra entidad financiera, nos ofrece créditos “mirándonos a los ojos”, pero la mirada de su ejecutiva,  atractiva y  maquillada, no nos dice que nos cobrará, por lejos, la tasa de interés más alta del mercado.

 

Un aviso de prensa, nos ofrece decenas de productos, con 30, 40 y 50% de descuento. Más abajo dice: “Sólo con tarjeta “Masterplop”. En economía, el crédito – ¡lleve ahora, pague después! – tiene un costo. En el fondo, nos prestan dinero y hay un riesgo de que no paguemos. Parece razonable. Sin embargo, en la compra al contado, aquélla en que el consumidor paga en efectivo, no hay tal préstamo ni tal riesgo. Lo que hay es una cínica metodología de trabajo tendiente a hacer que el consumidor se endeude, pague intereses, repacte, y no salga nunca de su hoyo financiero, que trabaje sólo para pagar deudas.

 

Las distribuidoras de vehículos motorizados nos presentan una oferta jugosa: $500.000; $800.000.; $1.000.000 y hasta $2.500.000 de bono. Se trata, claramente, de oportunidades no despreciables. Si en casa tenemos una lupa, podremos comprobar al leer, con esfuerzo, la letra mínima que cierra el aviso en el diario,  que sólo aplica al modelo JCKWXYQRMN, hasta agotar stock de 10 unidades y que el plazo para aprovecharla vence mañana. No seguimos leyendo. No vaya a ser que el producto se agote. Si continuáramos leyendo observaríamos que el magnífico bono sólo aplica si el vehículo lo compramos con crédito de la Financial Group Internacional Multiservice and ,,,, (no se lee, está borroso el aviso) y en un mínimo de 60 cuotas. En la práctica, el famoso bono no es más que un fraude que busca inducirnos a comprar a crédito con cuyos intereses la vendedora se resarcirá más que sobradamente del regalo que nos hizo tan generosamente.

 

Pregunta: ¿Ha observado usted que los grandes conglomerados comerciales logran las mayores utilidades a través de sus filiales financieras? ¿Se ha cuestionado el “por qué”?

 

Podríamos continuar con ene ejemplos y casos. Pero, es preferible que nos detengamos a reflexionar. Más allá de estos malabares truchos cuyos autores originales son obvios… ¿Habrá alguna responsabilidad ética de las agencias de publicidad que diseñan sus avisos de forma tal que se induzca al error al consumidor o se le esconda alguna información que le es indispensable para tomar una adecuada decisión de compra? ¿Habrá alguna responsabilidad de los medios de comunicación al transportar publicidad engañosa? ¿Se habrán inquietado alguna vez sus “Comités de Ética” a causa de estos tortuosos procedimientos?

No hemos  leído el libro, pero es buenos su título : “DEFENDAMOS EL CAPITALISMO DE LOS CAPITALISTAS”.

 

En último término, el pecado de la “emprendedora” de los tomates, es simplemente venial. Si no se deshace luego de los tomates ultramaduros perderá su modesto capital de trabajo. El pecado de los otros, de la “gente-bien”,  es más grave. Necesita ir periódicamente a  misa y rezar una buena cantidad de padrenuestros y avemarías.

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