El desarrollo de la nación debe estar presidido por el respeto al Medio Ambiente.
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LA DELGADA LÍNEA ROJA

Esteban Lobos, analista económico.

Recibo un mensaje de Aministía Internacional. Me pregunta cuál es la marca de mi teléfono móvil. Me pregunta si trae alguna indicación de que el cobalto que hace que funcione su batería, ha sido extraído en condiciones que respeten los derechos humanos. Me cuenta que la mitad del cobalto proviene de minas subterráneas de la República Democrática del Congo, que 40.000 niños y niñas de 14 años o menos trabajan en túneles a 30 metros de profundidad y en jornadas de 24 horas continuas. Insisten…  Me dicen que ningún iphone, Ipad ni producto Apple está fuera de sospecha ya que jamás se investiga la procedencia del mineral que utilizan. Me instan a que le escriba a Apple pidiéndole que investigue para evitar que en el origen de sus teléfonos, tabletas y ordenadores no haya trabajo infantil.

Este mensaje vino a alterar mi relajado fin de semana.

¿Qué pasaría si yo, en vez de ver un partido de fútbol en la tele, me dedicara a investigar las “cadenas de producción”?

Recuerdo haber visto algunos establecimientos, tales como “Trabajo para un hermano” o “Manos del Bío Bío” luciendo un slogan que aludía a que integraban una cadena de “comercio justo”. El comercio implica una transacción mediante la cual dos sujetos intercambian productos (“trueque”) o, lo que hoy es común, uno de ellos entrega al otro una cantidad de dinero a cambio de un bien determinado que le interesa adquirir. Pero, al realizar ese negocio ¿nos preguntamos en qué condiciones se elaboró o fabricó eso que estamos comprando?

Se dice que muchos productos provenientes de China han sido producidos por reos de las cárceles, asalariados con un plato de arroz.  Se dice que los balones de fútbol que deleitan a nuestros niños han sido elaborados para las grandes marcas mediante trabajo infantil remunerado con salarios miserables. Se dice que muchas prendas de vestuario procedentes de India han sido fabricadas por mujeres que trabajan en condiciones miserables de hacinamiento y seguridad.

Se dicen muchas cosas que estarían sucediendo en países tan lejanos que nos es prácticamente imposible lograr una constatación.

Pero, ¿hemos averiguado en qué condiciones se elaboran los bienes que se producen en nuestro país o en nuestro continente? ¿Hay trabajo infantil incorporado en ellos? ¿Hay respeto por las condiciones mínimas de higiene y seguridad? Las mujeres que cosechan ¿están expuestas al daño permanente causado por pesticidas y otros elementos tóxicos? ¿Hay cumplimiento de las normas de seguridad social? ¿Hay  respeto por el medio ambiente? Al productor básico ¿se le ha remunerado  lo justo por su esfuerzo o gran parte del precio que pagamos va sólo a los intermediarios?

El comercio justo es una forma alternativa de comercio promovida por varias Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), por las Naciones Unidas y por diversos movimientos sociales y políticos que promueven una relación  comercial voluntaria y justa entre productores y consumidores.

¿Qué significa ello? Implica que si bien se respeta la libre iniciativa económica  y la libertad de trabajo, se plantea el rechazo a todo tipo de explotación laboral infantil, se promueven condiciones de trabajo en un ambiente de dignidad y de respeto a los Derechos Humanos, se busca que el precio pagado especialmente a los pequeños productores le permita condiciones de vida dignas, que los compradores en general y, particularmente,  los intermediarios paguen en los menores plazos posibles para que el productor no se vea obligado a recurrir a onerosas fuentes de financiamiento alternativas, que se valore y aprecie la calidad de lo producido y la sustentabilidad del proceso, que se cuide el medio ambiente, que se procure alcanzar al máximo una relación directa entre productor y consumidor y, en fin, que se informe adecuadamente al consumidor  sobre el origen del producto en todos sus aspectos.

Mediante las políticas de comercio justo,  miradas desde un punto de vista global, se trata de abolir las políticas de discriminación y proteccionismo que las economías desarrolladas frecuentemente imponen a las naciones emergentes y lograr que los precios que se pagan sean equitativos para evitar que la presión a la baja induzca a la explotación de los trabajadores.

Al analizar los problemas, retos y desafíos que impone la economía actual, estamos llevando a los consumidores a cuestionarse las condiciones de producción y comercialización  y los estamos invitando a que, mediante el simple ejercicio de “elegir bien”,  vayan imponiendo paulatinamente a los grandes conglomerados económicos la necesidad de modificar sus conductas y de adecuarlas a principios mínimos de justicia.

El reproche colectivo generalizado puede llegar a tener la fuerza suficiente como para lograr enmendar actitudes y procedimientos y avanzar hacia una economía un poco más humana.  

Porque entre la explotación laboral y el respeto a la dignidad de las personas, hay sólo una muy delgada línea.

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1 Comentario en LA DELGADA LÍNEA ROJA

  1. Gracias, comparto lo que señala en su artículo. Pienso que hemos avanzado al respecto, pero aún falta mucha más educación, toma de conciencia sobre esto . Interesarnos como consumidores en ser parte de esta cadena de comercio justo, y a la vez como país hacernos parte en tratados y acuerdos que velen por esto.
    Gracias …

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