«La ciudadanía tiene el deber y el derecho de cuidar la democracia, salir al paso de cualquier posibilidad de extremos que pongan en peligro las libertades públicas. Digamos nó a la amenaza de fascismo en Chile , votar y votar bien, es nuestra responsabilidad.«

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Los días pasan volando


Aunque el calendario para el segundo semestre de 2021 se encuentra cubierto simultáneamente por las vicisitudes de una pandemia que pareciera no tener fin próximo y por los numerosos incidentes naturales y provocados de la instalación y puesta en marcha de la Convención Constituyente, en paralelo marcha el cronograma electoral que nos llevará a la elección de Presidente de la República, senadores, diputados y consejeros regionales. Se trata de una nueva gran jornada cívica fijada para el domingo 21 de noviembre.

Como alguien señaló muy atinadamente, la Convención ha ido adquiriendo características propias del devenir político tradicional del país. Los “señores constituyentes”, como un parlamentario cualquiera, han demandado, además de los presupuestos mínimos evidentes (pasajes, hospedajes, alimentación, minutos comunicacionales….),  la contratación de asesores, siendo muy probable que luego requieran secretarios o secretarias personales, jefes de gabinete, etc., mostrando además  una mayor tendencia a las actuaciones individuales que al trabajo colectivo encomendado por la ciudadanía. Además, no cabe duda alguna en cuanto a que en menos de cien días empezará el proceso en que todos abogarán por sucesivas extensiones de los plazos fijados para el cumplimiento de su labor. La experiencia internacional muestra cómo en otros países los tiempos para actividades de este tipo han llegado hasta los ocho años.

El gran problema que desde ya es posible vislumbrar surgirá en la pretensión de muchos convencionales por ejercer una especie de cogobierno paralelo a los poderes institucionales ya sean estos los actualmente vigentes o sean los renovados a fines del 2021.

Esta extralimitación de las facultades contenidas en el mandato soberano, por supuesto que dará origen a un conflicto inevitable, y nos veremos así ante una situación de difícil manejo ya que al romperse las reglas del juego por un lado, se reclamará el derecho legítimo de los demás para proceder de  forma similar.

Mientras tanto, la campaña presidencial se ha puesto en marcha. Seis precandidatos presidenciales han sido inscritos para participar en el mecanismo legal de votaciones primarias.

Los canales de televisión abierta han estado entregando los espacios para que estos postulantes expongan ante el país las ideas a aplicar en sus eventuales gobiernos.

La presentación de los aspirantes oficialistas, ha sido paupérrima. De partida, ninguno se reconoce como heredero o legatario del actual gobierno a pesar de que cada uno de ellos ha sido ministro de Estado. Todos han coincidido en presentarse como una mezcla extraña de  neo social – demócratas con  liberales progresistas, al extremo  que José Antonio Kast ha comentado que por lo visto el único candidato de derecha que está quedando es él. Lo claro es que este sector no muestra coraje alguno para la defensa de los principios del neoliberalismo reinante ni ha sido capaz de ofrecer un discurso político de fondo que por lo menos enmarque al “cosismo” dentro de una mirada de sociedad que tenga algún sentido de futuro y vaya más allá del enfrentamiento de una coyuntura plagada de requerimientos sociales inmediatos. Como ha sucedido en ocasiones anteriores, cualquiera de los cuatro que sea finalmente nominado, lo quiera o no lo quiera, terminará cargando sobre sus espaldas una campaña plagada de anticomunismo.

En la otra primaria, competirán el alcalde y militante comunista Daniel Jadue, y el diputado Gabriel Boric, representante del Frente Amplio. Uno, tendrá la tarea de ofrecer tranquilidad a un país que ha mostrado constantemente desconfianza hacia las posiciones extremistas, en tanto que su contraparte deberá superar la simple idea de la novedad y demostrar que tiene la indispensable autoridad para ejercer la primera magistratura contando con los equipos técnicos necesarios.

Las votaciones habidas desde el plebiscito de noviembre hasta ahora, con notorias marcas de abstención que han oscilado entre el 55 % y el 80%, dejan una importante incógnita por resolver. La mayor parte de tal electorado probablemente tienda a identificarse con un perfil que podría definirse como de centro izquierda pero, sin lugar a dudas, muestra un claro cuestionamiento hacia los partidos correspondientes y también hacia sus dirigentes. La definición de un nombre no podrá hacerse mediante reuniones cupulares o conviniendo un acuerdo político que incluya en el mismo paquete tanto la Presidencia de la República como los sillones parlamentarios en juego.

De aquí al día “D, quedan solo 139 días pero, por supuesto, mucho antes deberán tomarse las determinaciones que lleven   a la inscripción de las candidaturas. Pareciera necesario entender que la gente necesita visualizar un horizonte de futuro que nos indique el país que queremos. Sin embargo, en la hora actual se requieren compromisos concretos que de por sí nos muestren que hemos empezado a caminar por esa senda.  Ya no nos basta con la incansable repetición de lugares comunes y con discursos conocidos sobre lo que la gente quiere escuchar.

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