Sabiduría, un estado superior de conciencia, implica habilidades para poner en práctica los conocimientos adquiridos por los seres humanos.
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MANIFIESTO EN PENCO

J. Antonio Zelada Espinosa

Arquitecto Premio Regional de Arquitectura y Diseño Consejo de la Cultura y las Artes 2012

Ante la arremetida final de la minería de lantánidos o tierras raras en esta Región del Biobío, e inicialmente en penco, y ante las falsedades y relaciones turbias con que se mueve y se promueve la empresa gestora, no me queda otra reacción que hacer este manifiesto, una especie de grito que ojalá no caiga en el vacío.

Penco, la comuna, la ciudad y su territorio constituyen un medio físico, geográfico y ambiental privilegiado. La ciudad tiene una larga y gran historia; es tranquila, de tamaño reducido pero no pequeño, con gente que trabaja y vive aquí en mucha armonía, en verdad de manera bien integral: esta predomina casi en todo.  La ciudadanía, la población local siempre ha demostrado ser ejemplar en este país, en muchos aspectos.  Penco – Lirquén es una ciudad litoral, con una hermosa costa de uso recreacional, portuario, con suelos y aguas productivas, un conjunto con proyecciones turísticas de buen nivel y sin conflictos de ningún tipo. Es de cierta manera un medio casi único para vivir con calidad, tranquilidad y armonía.

¿Por qué, y con qué derecho, puede llegar aquí una persona o empresa externa, incluso extranjera (capitales ahora peruanos e ingleses), a intervenir este medio ambiente natural y urbano con actividades mineras que van a romper toda esta gran armonía existente?

La minería de tierras raras o lantánidos está reconocida en todo el mundo como una actividad peligrosa y por lo tanto indeseable. La mayoría de los países donde existen estos materiales o no permiten la minería o la aíslan en territorios extremos, condenados a ser zonas sacrificadas. Por ser minería de superficie, o a tajo abierto, que extrae las capas superficiales del suelo, que por lo general son en cerros, tal vez por la formación en pretéritos geológicos un tanto extraños de esos minerales, donde se extrae tierra en enormes volúmenes de los cuales mediante lavados con gigantescas cantidades de agua se extraen las partículas que van a constituir las tierras raras, donde hay principalmente metales poco conocidos que se transforman en óxidos de muy alto valor. ¿Quién los adquiere?: es muy sabido que son las potencias mundiales que fabrican armas muy sofisticadas, vehículos espaciales, baterías y, en general, equipos de muy alta tecnología, donde son casi irremplazables. 

¿Quién autorizó a la empresa Biolantánidos para trabajar e instalar su actividad minera en los territorios rurales de Penco, aunque ha sido y sería en los alrededores inmediatos de la ciudad y de la costa?  Pues la verdad es que esa actividad productiva aún no está autorizada; los agentes que quieren introducirla solo llegaron a hacer exploraciones y pruebas en suelos ajenos, sobre los cuales no tienen propiedad, pero tienen concesiones mineras, concesiones que el Estado chileno otorga casi sin antecedentes científicos, y menos sociales, con enorme soltura y sin consultar a nadie, ni menos a los propietarios actuales de esos suelos. Así están hechas las leyes mineras en Chile, aunque no queramos creerlo.

Sí se entregaron, y aún están en curso, solicitudes de autorización para iniciar producción, pero esas solicitudes han sido varias porque las primeras han sido rechazadas y las que están en curso, están siendo actualmente corregidas para tratar de lograr las autorizaciones.

El control de estos procesos lo hace el Estado mediante el Servicio de Evaluación Ambiental, SEA, adscrito al Ministerio del Medio Ambiente. Sus evaluaciones son de mediana rigurosidad, demostrada con los graves errores que ya se han cometido en el país, principalmente por la inexistencia o la mala calidad de las leyes ambientales chilenas, que son aún muy precarias en relación con las del resto del mundo que tienen exigencias científicas objetivas.

De hecho, la sola instalación de exploraciones, planta piloto y pruebas de producción de como las que aquí se han hecho, deberían de haber contado de antemano con una autorización, la que no existió y todavía no existe, aun cuando el Estado, por medio de la CORFO, dispuso dinero para esa empresa, inicialmente chilena, para financiar sus operaciones. Nos preguntamos: ¿con qué permisos y quién se lo dio?

Como ciudadano chileno, residente y contribuyente en Penco, mi posición (y la de mi familia y la de mis vecinos) es que no se puede permitir ninguna instalación, ni menos de actividad minera del tipo que se pretende, en nuestro territorio comunal, ni tampoco en la región toda (sobre la cual ya tienen grandes concesiones mineras). Nadie, ni el Estado, ni menos una empresa privada, menos aun si no es chilena, puede pasar por sobre el Bien Común de la ciudadanía aquí residente, y menos tiene derecho a romper la armonía en que vivimos; lo reitero: NADIE. Nuestro derecho a vivir en un medio absolutamente libre de contaminación es constitucional y nadie debe pasar sobre ese derecho. No lo permitiremos.

ANTONIO ZELADA ESPINOSA

Arquitecto y vecino de Penco

Fuente de figura: https://resumen.cl/articulos/en-penco-planta-piloto-de-minera-se-instalo-a-menos-de-3-kilometros-de-la-poblacion

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