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¿Y QUÉ HAY DE LOS DESASTRES SOCIONATURALES DE GENERACION PAULATINA?

Alberto Peña Cornejo

Ingeniero Forestal. Universidad de Chile.
 LA TASA PSICOLÓGICA DE DESCUENTO “Por efecto de la denominada tasa psicológica de descuento, el hombre tiende a subvalorar los problemas del futuro, o los considera de poco peso o baja densidad. Así como la Luna se ve pequeña desde la distancia que la observamos, también nos parecen pequeños los problemas y oportunidades del futuro y, por consiguiente, poco importantes respecto a nuestras preocupaciones presentes«. Carlos Matus

Hoy por hoy resulta de mucho interés revisitar el concepto de Seguridad Nacional, otrora constreñido a las definiciones de enemigo externo e incluso interno, sin considerar que la Seguridad Nacional es perfectamente un concepto mucho más amplio que esas  consideraciones de carácter geopolítico solamente; es un concepto acuñado en el marco de la Guerra Fría y del neocolonialismo. La realidad en los últimos 50 años, ha determinado que la Organización de las Naciones Unidas acuñe el concepto de Seguridad Humana, referida a que Las crisis prolongadas, los conflictos violentos, los desastres naturales, la pobreza persistente, las epidemias y las recesiones económicas imponen privaciones y socavan las perspectivas de paz, estabilidad y desarrollo sostenible. Esas crisis son complejas y entrañan múltiples formas de inseguridad humana. Cuando esas formas se solapan, la inseguridad puede crecer de manera exponencial e invadir todos los aspectos de la vida de las personas, destruyendo comunidades enteras y cruzando las fronteras nacionales”[i]. Y lo ha plasmado en la Resolución 66/290, que fue aprobada por la Asamblea General el 10 de septiembre de 2012[ii].

Fuente: https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/sites/2/2019/09/IPCC-Special-Report-1.5-SPM_es.pdf

Del mismo modo como el concepto de Desastre Natural ha ido evolucionando a uno de Desastre Socio-natural, se hace necesario revisar y actualizar el concepto de Seguridad Nacional. Por lo pronto, en Chile, ya se está señalando que si Una de las principales obligaciones del Estado es la de dar seguridad a su población (art. 1 inc. 4º CPR). Esa seguridad no sólo comprende lo que hoy se denomina como seguridad ciudadana, y que en el Derecho Administrativo tradicional se identifica con la mantención del orden público; también deben incorporarse otras nociones, englobadas en el concepto de seguridad ambiental. La seguridad ambiental implica garantizar a la población que no se verá afectada, o al menos no de una manera que ponga en riesgo su supervivencia, por los diversos eventos que tienen lugar en el medio ambiente y por los distintos impactos que éste soporta”[iii]. A la seguridad ambiental hay que agregar la necesaria seguridad hídrica, la seguridad social y la seguridad alimentaria (o mejor aún, la soberanía alimentaria).

En un escenario de población creciente, de ausencia efectiva de mecanismos de ordenación territorial, de un marco constitucional que define un Estado apenas subsidiario, y sobre todo ante la presencia cierta ya de los efectos del Cambio Climático, de cuyos impactos vamos constatando los síntomas más evidentes -como el caso de los aluviones en la Región de Atacama, o la prolongada sequía que ya dura un decenio y que se ve agravada por un marco jurídico que ha establecido que el agua es otro bien de consumo transable en el mercado y no un derecho humano-, se hace necesario no sólo desarrollar las acertadas estrategias de acción frente a los Desastres Socio-naturales que actúan de improviso, sino también una estrategia sistémica e integradora respecto de aquellos que ya se ciernen en el horizonte, pero que han acumulado, en forma paulatina, suficiente energía como para trastocar completamente las vidas de muchas comunidades, sino de todo un país.

En el reciente Curso de la Universidad de Chile sobre Cambio Climático, ya se establecían con precisión meridiana, los distintos escenarios negativos frente a la esperanza que la temperatura mundial no superara los 1,5ºC de incremento medio; sin embargo, el retraso en el cumplimiento de los Acuerdos de Paris 2015 y la negación a aceptar las verdades científicas claramente establecidas, redundan en que ya es muy posible que se sobrepase esa meta de incremento, con lo cual la amenaza aumenta, se incremente el deterioro de los ecosistemas y, en definitiva, se disminuyan significativamente la capacidad para garantizar el bienestar de los seres humanos. Ello, particularmente debido a una menor capacidad homeostática al debilitarse las defensas naturales de los ecosistemas y sus elementos, y a una menor capacidad de resiliencia al multiplicarse las demandas de recuperación básica y reconstrucción sobre un Estado disminuido junto a la mantención de planificaciones verticales antes que horizontales, sin la debida y anticipada planificación participativa[iv]; es decir con una menor resistencia sumado a un aumento del grado de exposición por la diversidad de variables que constituyen efectos del Cambio Climático.

En resumen, la humanidad se enfrenta a la mayor amenaza mundial, cuyos efectos pueden trastocar profundamente  a las comunidades y naciones, entre las cuales las más vulnerables serán más dañadas, muchas de ellas sin capacidad para recuperarse. Y en vista de esto se hace necesario revisar los conceptos, marcos institucionales, estrategias y metodologías para enfrentar una amenaza que no será sólo una emergencia, ni menos sólo provocará un desastre letal pero temporal, sino que sus efectos durarán muchos años.

Sintéticamente, se requiere INNOVAR, pero una innovación como la que definía hace veinte años Carlos Vignolo, cuando señalaba que “La innovación no es una opción sino un imperativo sistémico de supervivencia… ¡sólo amplificado y acelerado por la globalización!”, y la definía como “…un principio fundamental y universal de supervivencia de cualquier sistema. La innovación no es más que el proceso a través del cual los sistemas –ya sean biológicos, productivos, sociales, políticos u otros, mantienen la congruencia con su entorno[v]”.

En esta perspectiva, el aporte que ya están haciendo los distintos grupos que trabajan a diferentes escalas, es sustantivo y primordial. Es decir, tanto aquellos grupos que se educan y entrenan para enfrentar de mejor forma los desastres socio-naturales en la perspectiva de la inmediatez, como los grupos que están trabajando y discutiendo cómo mejorar las propuestas de contribuciones que buscan aminorar, mitigar o adaptarse frente a los efectos del Cambio Climático.

En ambos casos hay elementos comunes: se requiere innovar en los conceptos y paradigmas, se requiere de la participación efectiva de las comunidades, se requiere del reconocimiento conjunto de saberes, se requiere de la presencia de un Estado activo y no del simple laissez faire, se requiere dejar de pensar en oportunidades de negocios sino en mejorar la protección del Bien Común y de los Bienes Públicos en beneficio de las mayorías y no de un grupo de privilegiados. En definitiva se requiere modificar los patrones de conducta, consumo y producción. Se requiere modificar el estilo de desarrollo que nos ha llevado a las puertas de un desastre como nunca antes lo ha vivido la humanidad. Y, justamente por ello, es necesario tener en cuenta la necesidad de actualizar los conceptos e integrarlos en el proceso constituyente ya en marcha en nuestro país. Hoy la innovación requerida es aquella que logra mantener la congruencia de todos los sistemas con su entorno, sobre todo con un entorno cambiante, para lograr la verdadera seguridad humana.


[i]   https://www.un.org/humansecurity/es/what-is-human-security/

[ii] https://undocs.org/es/A/RES/66/290

[iii] Jorge Bermúdez Soto. 2015. Fundamentos de Derecho Ambiental. Ediciones Universitarias de Valparaíso. Prólogo a la segunda edición. pp: 13-14.

[iv]   Jorge Enrique Vargas. 2002. Políticas públicas para la reducción de la vulnerabilidad frente a los desastres naturales y socio-naturales. CEPAL. División de Medio Ambiente y Asentamientos Humanos. Serie Medio Ambiente y Desarrollo. Pp: 11-19.

[v] http://www.dii.uchile.cl/~ceges/publicaciones/ceges20.pdf

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1 Comentario en ¿Y QUÉ HAY DE LOS DESASTRES SOCIONATURALES DE GENERACION PAULATINA?

  1. Excelente artículo que trata sobre sobre los temas de actualidad: crisis climática, calentamiento global, estrés hídrico. Todo claramente expuesto, Sin embargo, seguimos sin hacer casos de las evidencias que nos indican que se nos acercan raudos fenómenos naturales más potentes y, por ende, desastres ‘socionaturales’ mayores. ¡Qué bueno el concepto de «tasa psicológica de descuento», de Carlos Matus!

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