«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

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No Hay Desarrollo Económico Sin Descolonización

Guilmo Barrio Salazar

Desde Georgia, E.U.A.

En conversación con el abogado puertorriqueño, Luís B. Méndez del Nido, quien está completamente en contra de la colonización de la isla de Puerto Rico con los Estados Unidos de Norteamérica, me indicó lo que hoy deseo compartir con los lectores de La Ventana Ciudadana.

          En Diciembre pasado, los miembros del gobierno norteamericano, intentando recuperar la situación económica de la isla de Puerto Rico, se reunieron con el gobernador Pierluisi, con el fin de implementar una «estrategia de desarrollo económico» en la Isla del Encanto.

          El subsecretario de Comercio de los Estados Unidos habló, entre otras cosas, de «elevar y entrenar capital humano, crear empleos, diversificar la economía» y mejorar la infraestructura.  Sin embargo, no habló del consagrado cuco, el centenario del Elefante en la Pieza que le aqueja y resquebraja desde 1898: la relación política entre Puerto Rico y los Estados Unidos..

          Se esperaba que la administración del Presidente Joseph Biden implementara una «estrategia de desarrollo económico» en Puerto Rico, sin mencionar las dinámicas de poder que subyacen entre los Estados Unidos y la isla caribeña, en este caso, las de metrópolis y colonia, es como prestarse a barrer una casa sin mencionar las escobas.  En el mejor de los casos, demuestra que los miembros del grupo de trabajo de la Casa Blanca asignados a la recuperación económica de Puerto Rico, no comprenden las causas de los problemas que enfrentan, a diario, los puertorriqueños.  En el peor de los casos, pone en evidencia, no la incapacidad de proponer soluciones a dichos problemas, sino la decisión afirmativa, como materia de política pública, de ignorar las referidas causas.

          El subsecretario de Comercio estadounidense aclaró que, aunque «el Presidente Joseph Biden ha destacado la importancia de que los puertorriqueños ejerzan su libre determinación, ahora la tarea es la de fortalecer la economía de Puerto Rico».  Así, él confirmó que la máxima que informa la política pública de la Casa Blanca con respecto al desarrollo económico en Puerto Rico es deliciosamente circular.  Para resolver el problema del estatus político, sostiene la administración del Presidente Joseph Biden, antes tiene que resolverse el problema de la economía.  Sin embargo, ignora que, para resolver el problema de la economía, antes tiene que resolver el problema del estatus político. Al parecer, Puerto Rico no es elegible para ejercer su «libre determinación» hasta que los Estados Unidos lo entiendan en forma prudente.  ¿Qué de libre tiene dicha determinación, entonces?.

          En realidad, no se objeta que una asignación histórica y sin precedentes de fondos federales estadounidenses a la isla tras el paso de los huracanes Irma y María, como la que también fue objeto de discusión en la reunión del pasado Diciembre, tenga la capacidad de apalancar un crecimiento y el desarrollo económico, , así como de operar como una herramienta justa y necesaria para la redistribución  de riquezas en la isla.  Tampoco se ignora que sea deseable, necesario, más bien, atender la precariedad material en la que vive la mayoría de los puertorriqueños, de manera urgente y con iniciativas que posibiliten el desarrollo económico.  Sin embargo, enfocarse solo en eso, es atender manifestaciones inmediatas de un problema más profundo: la condición colonial puertorriqueña.  Darle importancia a la recuperación y el desarrollo económico de Puerto Rico sin atender el tema del estatus, es asistir a una farsa, porque no es viable el desarrollo económico sin la descolonización.

          Algunos, viendo en la postura de la administración del presidente Joseph Biden matices estadolibrístas, han aprovechado para recalcar que no hay ambiente para un cambio de estatus político.  El ex-gobernador de Puerto Rico, Aníbal Acevedo Vilá, por ejemplo, celebró las expresiones del subsecretario de Comercio de los Estados Unidos y emplazó al liderato del Partido Nuevo Progresista a que dejara de «engañar» a los puertorriqueños.  Lo que ignora el ex-gobernador Aníbal Acevedo Vilá, es que atar el estatus político al desarrollo económico es una transgresión en contra del derecho de los puertorriqueños a la libre determinación, opten por la independencia o la estadidad norteamericana.

          Aceptar, como quiere la administración del Presidente Joseph Biden, que el desarrollo económico es una precondición para la libre determinación y, así, para el cambio de estatus político es caer en la trampa que les tienda la Casa Blanca. La deliciosa circularidad de la máxima que informa su política pública con respecto al desarrollo económico en Puerto Rico tiende, inevitablemente, hacia el estancamiento y el statu quo.

          Por lo tanto, es imprescindible rechazar la narrativa que esbozó la administración Biden en la reunión de diciembre pasado, y aproximarse al tema del estatus político como uno de derechos a, no capacidad o fortaleza económica para, ejercer la libre determinación.  Así, queda claro que el momento para ejercer la libre determinación es siempre ahora.  Cualquier precondición es, necesariamente, ficticia, impuesta y dirigida a prolongar la condición colonial de Puerto Rico con los Estados Unidos de Norteamérica.

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