
Pensamientos de Isabel Allende
Isabel Angélica Allende Llona, escritora chilena, nació en Lima el 2 de agosto de 1942, hija de un funcionario diplomático. Colaboró con revistas “Paula” y “Mampato” y trabajó en la FAO. Radicada en Santiago, en 1975, tras el golpe de Estado, se exilió a Venezuela y luego a EE.UU. En 2010 recibió el Premio Nacional de Literatura y el 2011 el Premio Hans Christian Andersen. Obras: “La casa de los espíritus”, “Eva Luna”, “De amor y de sombra”, “Cuentos de Eva Luna”, “La ciudad de las bestias”, “La isla bajo el mar”, “El plan infinito”, “Inés del alma mía”, “Largo pétalo del mar”, y la autobiográfica “Paula”. Vive actualmente en California.
«Hay silencio antes de nacer, hay silencio después de la muerte. La vida no es más que ruido entre dos silencios insondables”.
“No hay luz sin sombra, así como no hay felicidad sin dolor”.
“Solo tienes lo que das. Al gastarte a ti mismo, te vuelves rico”.
“El miedo es inevitable. Tengo que aceptar eso pero no puedo permitir que me paralice”.
“No hay muerte, hija. La gente muere solo cuando la olvidamos”.
“Empoderar a las mujeres, significa confiar en ellas”.
“Un hombre hace lo que puede, una mujer hace lo que un hombre no puede”.
“Para las mujeres, los mejores afrodisíacos son las palabras. El punto G está en los oídos. El que lo busca abajo, está perdiendo el tiempo”.
“Cuando haces una tortilla, cuando haces el amor, el afecto cuenta más que la técnica”.
“Pasas la mitad de tu vida coleccionando cosas…y la segunda mitad deshaciéndote de ellas”.
“Cuanto más viva, más desinformada me siento. Solo los jóvenes tienen una explicación para todo”.
“Aunque las mujeres representan dos tercios de la mano de obra mundial, poseen menos del uno por ciento de los activos del mundo”.
“Lo que más temo, es al poder con impunidad. Temo al abuso de poder y al poder de abusar”.
“Escribir es como hacer el amor. No te preocupes del orgasmo, solo concéntrate en el proceso”.
“¿Cómo puede uno no hablar sobre la guerra, la pobreza y la desigualdad, cuando las personas que sufren estas aflicciones no tienen voz para hablar?
“Acepta a los niños de la misma manera que aceptamos a los árboles, con gratitud porque son una bendición pero sin expectativas ni deseo. No esperes que los árboles cambien, los queremos tal como son”.







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