«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

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Política, ética y noticias falsas

Sofía Valenzuela Aguila

Doctora en Bio-química. Investigadora Centro de Biotecnología. Universidad de Concepción.

En estos días agitados de elecciones presidenciales en nuestro país, las noticias falsas corren no solo por redes sociales, son creadas y replicadas por políticos, columnistas, y también por medios de comunicación, al parecer solo con el afán de generar un clima de desinformación a los y las votantes. En la era de la información, cada uno puede realizar una búsqueda rápida en buscadores web y encontrar “la respuesta” que busca; muchas veces sin cuestionar si es verídica o no. Simplemente se asume que por estar en internet, es información real. Algunos han dicho que es la sociedad quien debe hacer los filtros necesarios para verificar las fuentes de las noticias que le llegan, no obstante, en el mundo de la inmediatez y donde el tiempo escasea, son pocos quienes pueden dedicar tiempo a verificar lo que leen.

Hace unos días, un medio de comunicación masivo publicó acerca de un “carrete desenfrenado” que habrían realizado algunos constituyentes durante su estadía en un hotel en la región del Biobío. Nota que fue rápidamente difundida e incluso compartida por diversos medios nacionales, sin verificar la información con fuentes oficiales, o a través de declaraciones que pudieran ser rastreables o verificables. La nota se basó en supuestos, en “reporteo en terreno”, seguidos de una serie de -supuestos- hechos, que tanto los convencionales como el hotel mismo negaron rotundamente. A su vez, no faltaron los parlamentarios quienes aseveraban la veracidad de la nota, incluso uno de los constituyentes, dio a entender que era verdad, a través de un tuit, obviamente dejando en claro que él no había sido parte. Nota aparte fue la réplica de la desinformación que hizo un parlamentario reelecto por la zona, quien publicó un tuit acusando a la presidenta de la Convención de estar semi desnuda en la piscina del hotel. Tal nivel de bajeza y de absoluta falta de rigor y decoro en los parlamentarios se ha vuelto cada vez más común, con la agravante de hacerlo compartiendo información falsa. El parlamentario por esta zona no se disculpó, solo borró la publicación y tampoco tuvo castigo por aquel hecho. Lamentablemente, esta no es (ni será) la primera vez que un medio de comunicación masivo publique una noticia falsa. Sin embargo, cabe cuestionarse, ¿Cuál es la responsabilidad que tienen estos medios? ¿Pueden publicar lo que parece cierto, generando una percepción negativa de parte de la ciudadanía hacia los constituyentes (en este caso) y no ser sancionados? ¿No es acaso un claro aprovechamiento de poder y político? ¿Es válido que una noticia falsa, se tome la agenda y opaque el enorme y valioso trabajo que realizaron los constituyentes en nuestra región?

Hace unos años, como sociedad vimos que, a un par de empresarios, los enviaban a clases de ética, luego de comprobarse un enorme fraude a las arcas nacionales. En aquella época, a muchos nos pareció un chiste de mal gusto. Con el correr del tiempo, vemos que son más de un par (de distintos ámbitos del quehacer nacional) quienes debiesen ir como mínimo a clases de ética, para que se den cuenta de aspectos básicos a incluir en su vida diaria, entre los que están el respeto por las personas, la beneficencia, la no maleficencia y la justicia.

Creo que estamos a tiempo de volver a incluir no solo la ética, a través de más clases de filosofía, pero retomar la educación cívica en nuestras mallas escolares, para que las generaciones que opten por dirigir la política nacional tengan una base sólida y no terminen como los que publicaron la nota falsa, el convencional que la promovió, o el parlamentario que la usó de ataque artero a la presidenta de la instancia política más importante de la historia reciente del país.

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