«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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PREVENCIÓN Y SOLIDARIDAD.

Miguel Ángel San Martín

Periodista. Especial para La Ventana Ciudadana, desde Madrid, España.

Confieso que nunca habría querido escribir estas líneas. Pero las circunstancias, las porfiadas circunstancias, me obligan a hacerlo. Nuestra geografía está siendo arrasada por incendios forestales de inmensa magnitud. Daños cuantiosos, esfuerzos de muchos años perdidos sin retorno. Dolor en el campo y en las ciudades.

          Las temperaturas son muy altas, demasiado altas para esta época. Es el cambio climático en su máxima expresión. Y lo hemos señalado en reiteradas ocasiones. La realidad de nuestro medio ambiente está cambiando, y es para mal. Está sucediendo porque nosotros mismos no sabemos cuidarlo, protegerlo, porque es nuestra propia vida la que está en juego. Debemos, en consecuencia, hacerle caso a los expertos, a los científicos, a los que saben. Y a aquellos que lo niegan, por su propia ignorancia, no les debemos hacer caso, debemos ignorarlos, alejarlos de nuestra acción cotidiana. 

          En el verano europeo pasado –julio y agosto- en este hemisferio norte sufrimos calores nunca antes registrados. En España, por ejemplo, hubo ciudades que registraron entre 43 y 47 grados de temperatura. Más de una veintena de personas murieron por efecto del calor, especialmente en el campo. Lo advertimos a Chile a través de diversos medios de comunicación y ahora lo reiteramos: lo que ocurre en este hemisferio, se replica después en el hemisferio sur. 

          España fue afectada por más de 500  incendios en esa oportunidad, siendo arrasadas más de 306 mil hectáreas de terreno, unos 3 mil kilómetros cuadrados de masa forestal. Eso significó el 40% de toda la superficie que se quemó en el conjunto de Europa.  Y como se replica ahora allá, se hace necesario prevenir. Adoptar medidas para tratar concientizar a la gente sobre estos peligros, tratar de minimizar los incendios forestales que se producen en su inmensa mayoría por efecto de acciones humanas. Unos por descuido, otros por desconocimiento o por causas delictuales.

          Ahora, en Chillán y en toda la Región de Ñuble estamos viviendo momentos dramáticos y muy duros. Se están produciendo incendios por muchos lugares y en forma simultánea. El trabajo de extinción es gigantesco, es un esfuerzo enorme de patrullas forestales, de bomberos, de gente voluntaria y de experimentados pilotos. Muchos recursos se ponen a disposición de las autoridades, pero ese esfuerzo siempre se queda pequeño, se hace escaso. Y ahí debe surgir la solidaridad general.

          Chillán ha sido en su historia, centro de destrucción y muerte por efecto de caprichos de la naturaleza. Terremotos devastadores, inundaciones inmensas, temporales con vientos huracanados,  incendios forestales sin control. Y siempre ha recibido solidaridad generosa desde distintas partes del país y del extranjero.  Nos hemos levantado después de cada tragedia, pero lo hemos hecho con la ayuda proveniente de lugares desconocidos, de personas conmovidas por nuestro drama, por hermanos con sensibilidad y dispuestos a ayudar.

Hoy es nuestro deber hacer lo mismo. Debemos asumir que “Chillán debe ayudar a Chillán”. Debemos tender la mano a quien lo necesite. Es nuestra obligación de entregar solidaridad a los damnificados y a los Bomberos. Los “Chico Buenos”, practican la solidaridad cada día, voluntariamente, aún a riesgo de sus propias vidas.

Tenemos damnificados en la ciudad y en el campo. Muchos casos son desconocidos. Unos campesinos y otros son pobladores modestos. Acudamos en su ayuda recurriendo a las instituciones que ya están movilizadas. Porque tienen experiencia y una organización detrás de ellos. Además, están al tanto de las necesidades de la gente. 

Y colaboremos con los bomberos. Ellos, más que nadie, están necesitando agua para beber, para hidratarse, para recuperarse de los esfuerzos sobrehumanos que están realizando. Y necesitan barritas energéticas, frutas, y todo aquello que les permita continuar en la labor tan monumental.

En la solidaridad está la esperanza de un mañana mejor, porque las víctimas estarán consoladas y protegidas, y porque los luchadores contra el fuego se sentirán estimulados para continuar en su noble misión. Y quienes ayudemos, quedaremos felices, con la conciencia tranquila del deber humano cumplido.

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