«Desarrollo a Escala Humana: Si pasamos de la teoría a la práctica, con respeto a la naturaleza, haremos un aporte a la humanización de la sociedad»

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EDITORIAL. El dilema de Chile

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Las páginas de la prensa formal, los programas de la televisión de libre recepción (en especial, sus matinales) y la abundante prensa electrónica, nos atiborran cada día con centenares de datos y comentarios relacionados con el devenir del proceso constituyente.

A primera vista, pareciera que somos un país extraordinariamente bien informado y con altos niveles de formación cívica pero, si nos esforzamos por hurgar en la naturaleza de los contenidos que se nos entregan, a poco andar se nos hará evidente que gran parte de los tiempos y espacios son ocupados por chimuchina barata que solo busca exacerbar conflictos de toda especie generando alarma, desorientación e incluso angustia en la población.

Al procurar definir las comisiones de trabajo a través de las cuales desarrollará su labor el organismo constituyente, la atención y los intereses de los convencionales se concentraron en dos temas: la comisión de reglamento y la comisión de participación ciudadana.

La primera, va más allá de lo meramente formal: la regulación de los procedimientos operativos con los cuales debieran trabajar los 155 representantes mandatados por la ciudadanía para la elaboración de una nueva carta fundamental, siendo probable que lo que muchos de ellos persigan sea instituir mecanismos que permitan el control e incluso la manipulación de los debates y, consecuencialmente, de las decisiones.

La otra, como su solo nombre ya lo indica, tiene una importancia trascendente pues estaría destinada a recoger la auténtica opinión ciudadana expresada libremente y no mediada por voceros o intérpretes que pretendan arrogarse su representación.

Para completar este cuadro, por ningún motivo debe olvidarse el hecho inequívoco y preocupante de que todos los últimos comicios han marcado una fuerte constante de abstención lo que no solo agrega incertidumbre electoral para el futuro sino que cuestiona la importancia que se han auto-atribuido diferentes sectores.

El riesgo que ante las situaciones críticas enfrentan las sociedades es el del populismo, patología político – social que se traduce en la radicalización de las posiciones y en una aberrante simplificación del abordaje de los problemas. De esta manera, cuando las naciones se encuentran frente a situaciones que implican inequidad, injusticias, abusos, exclusiones, el populismo de izquierda ofrece una canasta de eslóganes que terminan siendo política y económicamente inviables. Por su lado, cuando la institucionalidad se ve sobrepasada y no muestra la capacidad de respuesta indispensable para recoger y encauzar las grandes demandas sociales, surge como respuesta el populismo de derecha con su oferta de orden y autoridad.

¿Es que Chile busca caminar por tales senderos?         

Pareciera que no.

La subsistencia de los populismos requiere la identificación de enemigos internos o externos para transformarlos en chivos expiatorios sobre los cuales cargar todas las responsabilidades, y si no se encuentran a la mano se les hace indispensable crearlos. Los populismos, de uno u otro color, tienden, por su propia naturaleza, a ver toda la complejidad de la vida en sociedad solo en blanco o negro, en amigos (que piensan igual que ellos) o enemigos (que sustentan criterios diferentes). Para el populista no existen ni los grises ni los matices que puedan reflejar las diversas convicciones, sueños, aspiraciones o realidades concretas de los actores sociales y con los cuales es indispensable y útil convivir.

Las sociedades democráticas contemporáneas son evidentemente plurales en el más amplio sentido de la expresión y, como consecuencia de su derecho natural al ejercicio de la libertad, están llamadas a experimentar y sufrir permanentes tensiones que reclaman una constante pedagogía social y un manejo político sensato.

En suma, tomando adecuada conciencia de que no somos iguales, rechazar los senderos que pueden conducir al autoritarismo uniformante y asumir la convicción de que somos distintos y pensamos diferente pero somos capaces de convivir en comunidad.

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