La dignificación de la ciudadanía,construyendo su constitución es un buen camino a la libertad y justicia que necesitamos.
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¡QUE SE VAYAN TODOS!

Miguel Hinojosa

PhD, docente facultad de educación. Universidad de Concepción.

Es el grito del pueblo que hoy día clama a toda voz. La incapacidad, la corrupción, la falta de contacto con el pueblo ha terminado por querer cambiar definitivamente la vieja política de las transacciones entre cuatro paredes por una nueva forma de hacer política: participativa, reflexiva y comprometida con la justicia social tan esquiva para los chilenos desde el advenimiento de la implacable dictadura que nos ha tocado vivir a muchos chilenos.

¡Que se vayan todos!
Los grandes movimientos sociales han demostrado que un gran acuerdo nacional y social no puede ser realizado por la institucionalidad política vigente, o el parlamento o el gobierno de turno; lo debe hacer el pueblo de manera soberana. Lo que supone reconstruir las normas y los principios básicos que rigen nuestra institucionalidad y nuestro Estado. Por lo aquí expresado es que necesitamos una nueva Constitución.

Tenemos que darnos nuevas normas y principios para salir de esta crisis económica, social y moral.  Necesitamos un poder constituyente, que emerja de las bases mismas del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como diría Abraham Lincoln al definir su concepto de democracia.

El mecanismo más idóneo para modificar un pasado de injusticias y desigualdades existentes en nuestra sociedad es que se garanticen los derechos sociales completamente ausentes en las Constituciones anteriores, considerando que la Constitución de 1980 fue un franco retroceso con respecto a la Constitución de 1925, democrática, liberal y representativa  de corte presidencialista.

Los derechos sociales es lo que una nueva Constitución debe garantizar no solo declarar. La forma verbal a utilizar  no es lograr es garantizar los derechos sociales: la educación, la salud, la vivienda digna, el trabajo justamente remunerado, pensiones dignas para un buen pasar después de tantos años de trabajo, el cuidado del medio ambiente. La empresa o el propietario que ensucia debe limpiar o pagar subidas multas por dañar el aire que respiramos todos. La Nueva Constitución también debe proteger a los consumidores sancionando debidamente a los infractores, en especial a las grandes empresas que lucran con precios abusivos como lo hacen los empresarios dueños de las farmacias que lucran con la salud de la gente. El agua es un bien nacional, pertenece a todos los ciudadanos  del país y no a ciertas empresas del país que, aduciendo que la propiedad es privada y, por tanto pueden disponer libremente de ellas sin importarles las necesidades de otros usuarios.

A grande rasgos estos son los problemas urgentes que debe tratar una Nueva Constitución  en una Convención Constituyente donde esté representado todo el pueblo de Chile a través de sus organizaciones  sociales. La presencia de nuestro pueblo es importante en una Convención Constituyente, que sea abierta, convocante vinculante, reiteramos, con la presencia de todo nuestro pueblo, de todas las comunidades que se han estado manifestando desde el estallido social del 18 de octubre de 2019. No debería ser de otra forma, de lo contrario, caeríamos de nuevo en las cocinerías promovidas por los políticos de turno.  En hacer acuerdos por arriba que es lo que ha mantenido la transición en todo este tiempo. El nuevo trato que requiere el país debe nacer de un acuerdo transversal que elimine todas las instancias autoritarias y mercantiles que tiene la actual Constitución que nos rige. Solo el diálogo de todos los chilenos puede abrir soluciones reales a esta sociedad que ha tenido un explosivo despertar.

Una nueva Constitución a la búsqueda del Bien Común. Lo que llamamos bien común  no es la suma o reunión de los bienes individuales de cada una de las personas que forman parte de la sociedad. Esa es la idea manejada por la Constitución que queremos extirpar, es decir, la vieja fórmula liberal que disuelve, que reniega del bien común, haciendo de cada integrante de la sociedad un elemento divergente y no asignado a ésta función que la de velar por el respeto de la libertad individual, mediante lo cual, los que sustentan el poder, como ha sido el caso chileno, oprimen  a los débiles y donde el Estado se encuentra  ausente. En la concepción individualista de la vida no cabe la noción del bien común. Esta idea egoísta de la vida ha sido llevada in extremis por las oligarquías gobernantes llevando a la sacralización de la propiedad privada. Cuestión que debemos rechazar categóricamente en una nueva Constitución Política y ponerle los limites necesarios para llevar a cabo el bien común o como también se le llama, bien público.

Desde una perspectiva humanista cristiana señalamos en forma enfática que la propiedad pública y privada, así como la economía, deben estar predispuestas para  garantizar una economía al servicio de la persona, de manera que contribuyan a poner en práctica el principio del destino universal de los bienes. En esta perspectiva adquiere gran importancia considerar el aparecimiento de otros bienes relativos a la propiedad y al uso de las nuevas tecnologías y conocimientos que constituyen, en nuestro tiempo, una forma particular de propiedad, no menos importante que la propiedad de la tierra y del capital. Estos recursos, como todos los demás bienes, tienen un destino universal (público), por lo tanto, también deben insertarse en una nueva Carta Constitucional, en un contexto de normas jurídicas y de normas sociales que garanticen su uso inspirado en criterios de justicia, equidad, inclusión, transparencia y respeto irrestricto a los derechos del ser humano. En nuestro país, hacia un respeto irrestricto a la historia y culturas de nuestras minorías étnicas.

Debemos ir a la conformación de un Estado Plurinacional. Somos diferentes pero respetamos y fomentamos la diversidad de nuestros pueblos originarios.

Los nuevos conocimientos y tecnologías, debido a sus grandes potencialidades, pueden contribuir en modo decisivo a la promoción del desarrollo económico, social y cultural de la persona, pero también pueden convertirse en factores de desigualdad económica y social generando pobreza y desempleo, si estos nuevos conocimientos caen en manos  de países ricos que se aprovechan de los países pobres  y también en  grupos reducidos de poder.

¡Que se vayan todos!

Esperamos una nueva generación de jóvenes políticos con ideas nuevas, trabajadores y honestos. No nos cabe la menor duda que se encuentran a lo largo y a lo ancho de las numerosas organizaciones sociales existentes en nuestro país. A pesar de los difíciles momentos que pasa nuestro país con la pandemia universal que continúa sesgando la vida de nuestros y nuestras compatriotas, seremos capaces, por vez primera, que un pueblo enteramente posicionado de su deber histórico, se otorgue una nueva Constitución Política y teniendo como herramienta democrática participativa la Convención Constituyente.

Fuente de figura:
https://razonyrevolucion.org/los-responsables-del-desastre-se-tienen-que-ir/

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2 Comentarios en ¡QUE SE VAYAN TODOS!

  1. ¿Dónde hay que firmar?
    Hagamos una campaña señor hinojosa, juntemos firmas en todo el país y la publicamos por redes, estoy segura que juntamos diez o mas millones de firmas en cinco días.
    pero, hagámoslo ahora ya.

  2. Se pasó usted de claro señor, muy de acuerdo.
    Además no se los manda a decir con nadie, lo que usted señala, es el clamor popular.

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