«La ética, la moral, las personas, la solidaridad, la justicia social y el medio ambiente, y una economía a escala humana, deben estar en primer lugar de los programas de quienes pretenden gobernarnos»

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SOMOS MÁS

Ana María Pandolfi Burzio

Docente Inglés, Alemán. Traductora Inglés-Español. Magister en Arte c/ Mención en Lingüística.

No cabe duda que somos más. Somos más los que queremos paz, armonía, reconstrucción y libertad de desplazamiento. Hace unos días tuvimos que pasar por el mal llamado Paseo Peatonal de nuestra ciudad, el que – dicho sea de paso – no tiene nada de paseo, sino más bien parece un mercado abigarrado y atiborrado de cosas a la venta, pero nada qué hacer porque teníamos que hacer trámites en esos lares. Sin saber si lo lograríamos, nos aventuramos a ir al banco, a una tienda por departamentos para cancelar una cuenta vencida, pues actualmente no llegan regularmente los avisos de cobranza por correo. ¿A qué se debe? Quizás a la contingencia sanitaria en la que estamos insertos hace casi dos años y día a día debemos luchar por la falencia o total ausencia de los servicios públicos o… ¿es que está despareciendo el correo ordinario – tan eficiente otrora en el país – para ser sustituido por la red (pagos online), con el “digipass” u otro por internet? Algunas cuentas llegan, otras no. El servicio es irregular, hecho que conduce cada vez más al uso del correo electrónico, o aplicaciones en el celular para cancelar nuestras cuentas impagas.

               Somos más los legos en el manejo de los medios informáticos, y esto no se puede atribuir  a las protestas sociales o de cualquier tipo, sino a una contingencia etaria. Somos más los ignorantes en robótica, cibernética y domótica y, por tanto, también lo somos en las apps que aparecen a diario. ¿No sería conveniente seguir el ejemplo del Reino Unido cuando cambiaron su sistema métrico y monetario a decimal? Escuche bien: pusieron a los niños a enseñarle a los adultos y senescentes a usar la conversión; y fue un éxito. ¿Habrá niños o no tan niños dispuestos a ello?

               Nos da vueltas en la cabeza una idea loca en estos tiempos revueltos por elecciones, cambios parlamentarios, consejeros, contingencias de todo tipo: usar la digitalización para crear apps por la paz, el perdón y la justicia, que paguen los que deben pagar y no los inocentes. ¿Cuántos seguidores tendría una app de este cariz? Decenas, centenas o miles… quizás. Muchas personas comentan las situaciones vividas en el pasado; nada ha cambiado, sin embargo. Estamos hasta arriba de buenas intenciones, pero en la práctica se quiere dirimir todo problema con plebiscitos o votación popular para determinar los acuerdos de una Nueva Constitución y en qué condiciones, de ser aceptada por la mayoría. ¿Cuál mayoría: los dos tercios o la simple mayoría? Discusiones van, discusiones vienen y toda solución se dilata enormemente.

               La gente- que protesta porque sí y porque no- quiere soluciones inmediatas que no llegan a tiempo o resuelven sólo parcialmente el problema. Somos más los que creemos que no es preciso modificar la Constitución en su totalidad, portadora de la tradición democrática chilena, indudablemente hay que adecuar aspectos específicos acorde a los tiempos que vivimos, pero en ningún caso tirarla al tarro de la basura, como pretenden algunos constituyentes que discuten y se desacreditan entre sí, otros profitando de su rol, intentan imponer su visión de mundo a como dé lugar.

               Somos más los que sostenemos que con prisa y sin un análisis de especialistas, no se logran triunfos sociales democráticamente, a no ser, y permítanme usar una expresión pandémica muy en boga, que se adopten soluciones de “rebaño”, para todos igual, hecho que nos haría caer en una dictadura ideológica, porque en ese caso no se requiere de un Parlamento para discurrir y discutir proyectos de ley pertinentes.

               Somos más los que pensamos que con fe y esperanza basadas en el diálogo es posible lograr metas para el bien común, lo que es preferible a llevar a las personas a reacciones violentas o incluso a enfrentamientos no deseados, como los que hemos tenido o se han visto últimamente en debates constitucionales.

               Somos más los que sentimos tristeza por ver nuestra ciudad destruida de hecho y ver cómo se reúnen, o lo hacían en el pasado, los “pacifistas” con mochilas, bicicletas, desplazándose ágilmente por las calles céntricas para acarrear disturbios, comunicándose por sus celulares con sus “compañeros de lucha”. Hemos observado la destrucción gratuita para ellos y espantosa para quienes no éramos participantes, sino meros transeúntes o -peor aún – automovilistas. Aún se puede observar los efectos de estas vandálicas explosiones sociales en la Plaza de los Tribunales, Plaza Independencia, Plaza España, rotonda Paicaví que se conoce desde esos días como “Zona Cero”, entre otros.

               Somos más los que vimos la vestimenta característica de estos “protestantes” sociales, pasando raudos por calles y avenidas, destruyendo todo a su paso, destrucción que aún se ve patente en pavimentos rotos, adocretos triturados para ser utilizados como proyectiles. Además, aparecen portando sendas botellas de agua y limones para paliar los efectos de los gases lacrimógenos. Fueron tiempos pasados, no olvidados, en la esperanza que jamás retornen, pues el daño ocasionado a la ciudad en lo material bien podría financiar muchos proyectos sociales.

               Somos más los que lamentamos los ataques y las víctimas resultantes de ambos bandos porque no se respetó la autoridad o se procedió a mansalva. Y claro que somos más los que estimamos que sólo la paz, la bondad, la empatía con el otro, la conmiseración y la colaboración no partidista, perdidas en estas lides beligerantes, deben retornar para sembrar confianza en la ciudadanía, respeto por las autoridades para remediar lo que está pendiente.

               Somos más los que queremos recuperar nuestro “Chile, Chile lindo”, reconocido a nivel mundial por sus bellezas naturales inigualables. Sin embargo, debemos encarar la “nueva normalidad” que nos ha avasallado, la que llegó para quedarse por la pandemia mundial, situación viral que nos ha azotado por tanto tiempo y que no ha permitido tomar decisiones de país para zanjar problemas de toda índole. Paciencia, quizás las modificaciones a la Constitución nos den la posibilidad de sanar el cuerpo enfermo y revitalizar la mente. Esperamos que tanto enclaustramiento no haya atrofiado la capacidad pensante de quienes pretenden liderarnos. También confiamos en que “el paso a paso” del trabajo de los constituyentes los haga llegar a buen puerto para anclar sus propuestas y encontrar soluciones en esta “nueva normalidad”.

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