«¿Cómo de imaginas el Chile de 20 o 30 años más? ¿Cómo te imaginas el país que dejarás a tus hijos y a tus nietos?»

 

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También escribir es recortar el tiempo

Tulio Mendoza Belio

Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua Premio Municipal de Arte de la Ciudad de Concepción (Chile, 2009) Premio Regional "Baldomero Lillo" de Artes Literarias (2011) Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), Filial Concepción Presidente-Fundador del Centro Cultural "Fernando González-Urízar" de Concepción
Palabras leídas en Chillán con motivo de la presentación del libro
In memoriam Carlos René Ibacache

Lo cierto es que todo podría comenzar con una fotografía, la fotografía es también un tiempo y un lugar. El libro que hoy presentamos contiene muchas y constituye él mismo, como objeto, una verdadera fotografía, es decir, una suerte de panorama, de resumen, de recuento visual, de radiografía de toda una época con personas, personajes y actividades y tareas imaginadas y cumplidas con la devoción, la responsabilidad y el amoroso sentido de quienes entienden y saben lo que significan el arte y la cultura, la poesía, en nuestra sociedad.

La fotografía, según Nieves Marín Cobos, siguiendo a Roland Barthes, “puede ser concebida como reliquia por el gesto deíctico paradójico que la caracteriza: señala que algo fue y que ya no es, pero pervive en esa imagen que certifica su presencia pasada y crea ilusión de permanencia en el presente.”

Y eso es este libro y sus testimonios, una reliquia, por su valor sentimental y por la gracia que lo toca y anima, porque ese algo que fue y que ya no es, podrá seguir siendo en la presencia amada que lo torna siempre presente: la ilusión se vuelve realidad porque es invención y deseo. Octavio Paz nos dice que la poesía es “el testimonio de los sentidos” y también “la otra voz”, en ese “decir que es un hacer que es un decir”.

Y esta obra ha sido posible gracias a la adhesión fervorosa de los editores Alicia Romero Silva y Fernando Arriagada Cortés y porque surge de un acto de amor y de entrega y de agradecimiento y constituye un verdadero homenaje, un recuerdo. Celebramos, pues, una vida y una obra: al escritor, al educador, al profesor, al entrañable amigo, Carlos René Ibacache. No está de más reiterar que sin él este libro no existiría.

También escribir es recortar el tiempo, llenarlo de fragmentos, tal vez el único modo de discontinuar la ausencia y limpiar el vidrio en el ojo de la ruta. Y cuando necesitamos recordar, convocar la amada presencia, el necesario vínculo de la amistad, sobre todo en estos extraños tiempos de distancias e incertidumbres, acude a la memoria el antiguo deseo que nunca nos abandona. La poesía lo convoca, la poesía lo celebra.

Es Carlos René Ibacache que viene leyendo las páginas de un libro-jardín lleno de hojas con caligrafías de ultramar. Hay una ventolera en el entusiasmo, el dios interior que mueve ramas y sacude copas. Carlos René, el buen amigo en el buen sentido de la palabra bueno, como dijo Antonio Machado de sí mismo.

Carlos René, con su biblioteca planetaria de Chillán a cuestas, que hoy pertenece y está al cuidado de la Universidad del Bío-Bío, celebró los años nuestros de cada día anulando tiempos y nostalgias, trasladando corazones y pañuelos en la despedida de un encuentro próximo que invoca, elogia y canta siempre el misterio de la poesía.

Carlos René, me siguen llegando tus cartas de casilla a casilla, de la 212 a la 1783, como si nada, como si todo fuera ayer y claro, no había correo electrónico. Y allí estamos ya en la mesa compartida del mercado de Chillán de Chile, como decía Gonzalo Rojas, y la cazuela con chuchoca huele a minutos, a tiempo recobrado: ¿Marcel Proust en el mercado de Chillán? Mientras el Cuchillo se hunde en el zapallo y el vino y la conversación, que es vivir, habitar en compañía de otros, eleva su canto entre tanto parroquiano. Y van llegando los amigos de norte a sur y la copa en alto hace un brindis único, en el único abrazo que sella lo que somos. Así como el poeta Alfonso Alcalde creó la Galaxia de Tomé, Carlos René Ibacache hizo de Chillán el epicentro de un temblor compartido en el encuentro de la emoción y de la inteligencia, de la amistad generosa y compartida, de la “poesía práctica” de Eduardo Anguita, de la “poesía activa” de Gonzalo Rojas, ambos deudores del “canto de acción” de Rimbaud. Así como Unamuno en su “Credo poético”, Carlos René Ibacache nos invitó a “pensar el sentimiento y a sentir el pensamiento”, fue un hacedor de realidades y un crítico considerado y dadivoso.

Lo cierto es que todo podría comenzar y terminar con una fotografía, una de tantas que recuerdan esos magníficos encuentros literarios que convocó y animó Carlos René Ibacache y el Grupo Literario Ñuble. Me correspondió participar en varios. En la página 218, por ejemplo, estamos en Chillán, un 29 de septiembre de 1983, 40 años atrás, tengo 26 en la foto y siempre los tendré allí. Sentados a la mesa en un almuerzo en el Mercado de Chillán, en el encuentro de escritores con motivo del vigésimo aniversario del Grupo Literario Ñuble. No sabemos quién es el fotógrafo, solo cuatro de los 12 apóstoles, perdón, comensales quiero decir, dirigen su mirada a la cámara: Alfonso Larrahona, Dolores Pincheira, Eugenio García-Díaz e Isabel Velasco. En primer plano y de espaldas a la cámara y concentrados en una apetitosa y magnífica cazuela, aparezco yo, Lucía Lezaeta y alguien que no podemos identificar, solo se ve su nuca.

Lidia Cerda de Aciares y Norma Sierpe, al frente, tienen la mirada perdida y atenta al doble silencio de la fotografía, ya que nadie parece decir nada, pero nosotros podríamos tal vez leer todo de una vez y echar a andar la aguja temblorosa en el viejo fonógrafo y escuchar esa “voz, esa única voz” que nos dejó Gonzalo Rojas.

Carlos René Ibacache, muy concentrado también en su plato, y Oreste Plath, a su izquierda, en la cabecera de la mesa, tenedor en mano, dirige su mirada pensativa hacia el aire. Entre él y Eugenio García-Díaz, otro comensal no identificado.

Curiosa foto que implica la puesta en escena de una acción (el reunirse para comer y celebrar el reencuentro), cierta tensión que la cohesiona y algunas recurrencias y la sorpresa de ese doble silencio, el denotativo y real, ya que la foto no habla y el silencio de los comensales (varios ya fallecidos), porque nadie allí parece conversar. La escena ya fue, pero sigue siendo, la foto lo confirma, la ilusión se torna presencia amada. La comedia no ha terminado.

Y aunque esto no es todo, no podría serlo, ¿verdad? Le he dejado mientras, a Carlos René Ibacache, en estas breves líneas, con los versos de Martí, la mano franca para el amigo sincero que nos dio tanto.

Concepción, febrero de 2023.


Tulio Mendoza Belio

Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua

Premio Municipal de Arte de la Ciudad de Concepción (Chile, 2009)

Premio Regional “Baldomero Lillo” de Artes Literarias (2011)

Presidente  de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), Filial Concepción

Presidente-Fundador del Centro Cultural “Fernando González-Urízar” de Concepción

http://www.tulio-mendoza-belio.webs.com


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