
Te promete un futuro esplendor.
La vida de gran parte de los habitantes de nuestra tierra aunque ha estado marcada por la entonación de nuestro Himno Nacional. En la inauguración anual de las actividades educacionales, en las múltiples ceremonias públicas y privadas, y hasta en acciones de rebeldía y de protesta, hemos cantado con vehemente fervor versos hermosos sobre cuyos alcances no nos hayamos dado el tiempo suficiente de reflexión.
Chile cuenta con una de las más extensas costas marítimas en relación con su área territorial y así hemos recitado con pasión y esperanza el verso del poeta que nos recuerda que “ese mar que tranquilo te baña, te promete un futuro esplendor” Y en la época contemporánea ese factor ya no solo se refiere a la inmensidad de los recursos (¿inagotables?) que nos ofrece el Pacífico sino a que nos sitúa de frente a la mayor área de comercio del presente.
Ese privilegio natural conlleva una tremenda responsabilidad, la que nos obliga a preservarlo para las generaciones futuras. Aun cuando la contaminación es una nube que amenaza prácticamente a todo el planeta, es evidente que los océanos se han transformado en el peor reservorio de la humanidad en esta materia.
En 1967, fue estrenado el largometraje el “El Graduado”, basado en la novela homónima. El actor principal Dustin Hoffman es celebrado en una gran fiesta familiar al haber logrado su título profesional. Uno de los asistentes, hombre ya mayor, insiste en hablar en privado con el festejado. Al presentarse la oportunidad, le musita al oído, como para que nadie más escuche el mensaje secreto, el consejo clave: “Dedícate a los plásticos. Ahí está el futuro”.
Efectivamente, ahí estaba el futuro. Lo que no se dijo es de qué color era ese futuro.
En simple: ¿Qué son los plásticos? Son sustancias químicas sintéticas de estructura macro molecular elásticas y flexibles, moldeables mediante el calor o la presión, y cuyas características principales son el poco peso, la fácil aplicación del color, ser resistentes, agradables al tacto, no susceptibles a la degradación ambiental o química. Constituyen un derivado del petróleo y, sometidos al calor, generan gases ricos en dioxinas e hidrocarburos cancerígenos, con enorme aunque imperceptible daño atmosférico.
El pasado viernes 3 de marzo, concluyó en Ciudad de Panamá el foro “Our Ocean” que congregó a representantes de gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil. Aunque todos los paneles abordaron el tema de la contaminación, se hizo especial hincapié en la contaminación marina. Los datos son abrumadores: cada minuto son botados al mar el equivalente a dos camiones de basura de este tipo, lo que se traduce en la inimaginable cifra de ONCE MILLONES DE TONELADAS DE PLÁSTICO AL AÑO. El clamor fue unánime: “Nos estamos ahogando en plástico” Lo grave es que este material no se degrada sino que solo se reduce a mínimas partículas que son consumidos por peces, mamíferos y aves acuáticas afectando su subsistencia. Según un reportaje de la periodista Amalia Torres (El Mercurio 06/03/2023) el 40% de los plásticos que llegan al medioambiente provienen de artículos de un solo uso pero que están destinados a perdurar casi para siempre. Además, según se destacó en el encuentro, al ser productos derivados del petróleo inciden directamente en el cambio climático con las previsibles consecuencias que ya estamos viviendo.
Chile es uno de los pocos países del mundo que ha tomado medidas restrictivas en cuanto al consuno de plásticos de un solo uso pero aún queda mucha tarea por delante. La incidencia de nuestro país a nivel global es mínima ya que si se considera la generación de estos desechos a nivel de Latinoamérica esta representa solo un 4% del nivel planetario, en tanto que la participación de la República Popular China alcanza a un 31% y Asia en su conjunto a un 51 %.
Los datos gruesos entregados nos llaman a enfrentar esta realidad. Es obvio que en la medida en que las restricciones y prohibiciones a la producción y al consumo de plásticos se acentúen, los fabricantes de la mugre que contamina el planeta y amenaza a la humanidad y a las demás especies, se verán obligados a buscar soluciones alternativas y a crear materiales sustitutos.
Si bien el peligro acecha, está en las manos y en la inteligencia del propio género humano la solución.







Déjanos tu comentario: