La humanidad continúa, lamentablemente, ligada a los antivalores humanos y apartada de los valores, ética, normas y procedimientos que engrandezcan la bondad, solidaridad y la búsqueda real de una nueva vida.

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Una cierta sorpresa

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

Una cierta sorpresa (aunque, en verdad, no tanta) causó la proclama “De la rebelión popular a la constituyente” que se hizo pública el pasado martes 8 de junio por la autodenominada “Vocería de los pueblos”, ente que incluye a 34 convencionales elegidos en los comicios del 15 y 16 de mayo.

El documento plantea seis exigencias concretas:
1) Poner fin a la prisión política liberando a todos los presos de la revuelta y mapuches; 2) Verdad y justicia poniendo fin a los pactos secretos por violación de derechos humanos; 3) Reparación a las víctimas de violaciones a los DD.HH; 4) Desmilitarización de la Araucanía abriendo paso a un Estado plurinacional; 5) Suspensión de las expulsiones ilegales de inmigrantes; 6) Soberanía para un poder plenamente autónomo para reordenar el cuerpo político.

Varias de los puntos antes planteados hacen referencia a demandas importantes, sin duda, pero que corresponden a peticiones contingentes que deben ser abordadas por los diversos poderes del Estado ya sea a través de los correspondientes recursos legales contemplados en la normativa jurídica, o, si los peticionarios no confían en el “estado de derecho” apelando a canales de presión, legales o ilegales, legítimos o ilegítimos, ateniéndose a las consecuencias establecidas por la institucionalidad hasta ahora vigente.

El problema aparece cuando estos “voceros”, que reiteradamente han cuestionado el “Acuerdo por la paz social y la Nueva Constitución” que ha dado origen a todo este conflictivo proceso, se desdicen de su pasado y deciden tomar parte en él incorporándose y aceptando en consecuencia las normas básicas establecidas en la reforma constitucional correspondiente.

Pretender a posteriori desconocer las reglas del juego rechazando la normativa avalada por la ciudadanía en el plebiscito de noviembre de 2020 constituye claramente un verdadero fraude a la soberanía popular.

Más aún: que un grupo que representa alrededor del 20% de los convencionales constituyentes pretenda tener la representación “del soberano” es una tesis tan absurda que no resiste análisis racional. ¿Con qué razonamiento podría confrontarse la actuación de una eventual mayoría que pretendiera imponer acuerdos que violentaran los derechos fundamentales de las minorías?

El documento en cuestión no es más que una secuela lógica de las desafortunadas declaraciones del líder del Partido Comunista, colectividad que tras oponerse al Acuerdo antes referido, decide participar en el proceso para acto seguido amenazar con “rodear” la Convención electa para imponer criterios y puntos de vista propios.

Señalar que “el proceso abierto por los pueblos no puede estar limitado a la redacción de una nueva Constitución bajo reglas inamovibles sino que debe ser expresión de la voluntad popular reafirmando su carácter constituyente sostenido en la amplia deliberación popular y la movilización social dentro y fuera de la Convención”, implica una expresión de supina demagogia y de una inaceptable soberbia.

Cuando grupos como éste buscan la polarización de la Convención e impedir en consecuencia que entre los partícipes haya capacidad de diálogo para arribar a acuerdos que lleven a la construcción de una “casa común”, no solo están actuando con torpeza política sino que están destruyendo las bases en que se sustenta la legitimidad de su mandato.

Como hemos señalado con insistencia, la Constitución vigente mantiene una serie de nudos que es indispensable desatar, una amplia gama de ambigüedades que han hecho posible la consolidación del modelo económico y social neoliberal y una buena cantidad de silencios que deben ser abordados para hacer posible la instauración de una convivencia democrática real, en la que prime el reconocimiento eficaz de la dignidad de personas y pueblos como fundamento de un proyecto de país que busca convivir en función de principios esenciales de justicia y solidaridad.

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1 Comentario en Una cierta sorpresa

  1. Sorpresiva, contraproducente y absolutamente fuera del tiesto la desafortunada declaración “de los 34 convencionales”. Flaco favor le están haciendo a la imperiosa y urgente necesidad de lograr el diseño de una Constitución Ecológica para colocar a la Naturaleza, la Pacha Mama, en primer lugar y aunque sea redundante, antes que todo lo demás. Echar por tierra esta oportunidad nos complicará la vida hasta que como humanos terminemos extinguidos. Así de grave es la situación que está sufriendo el mundo. Ojalá lo comprendan “los 34”, recapaciten y reculen. Nunca será tarde para ello.

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