En esta vida, bien nos vale: Ser humildes para aprender de los demás, sin ser humillado y ser orgulloso de lo que uno es, sin ser arrogante!!!
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INGMAR BERGMAN

Esteban Andaur

Una vez, un amigo cineasta me preguntó que definiera en dos palabras a Ingmar Bergman, el gran director sueco y uno de mis favoritos. El contexto de la pregunta era qué tipo de influencias debía tener el cine chileno. Mi amigo argüía que debían ser chilenas y latinoamercianas, debido a la proximidad cultural. Por mi parte, argumentaba que podían venir de cualquier país, ya que dependía de la sensibilidad del realizador.

Y cité a Bergman. Dije que su influencia en el cine mundial era vasta, y mi amigo me pidió que le demostrara su identidad en dos palabras. Y bien, le respondí que la primera palabra que se me venía a la cabeza era <<emocional>>. Sus películas tratan los procesos emocionales y hasta espirituales de sus personajes, quienes atraviesan por grandes dificultades, se sumergen en la oscuridad de su alma y salen profundamente transformados al final. Y si no, al menos el espectador sí.

Y la segunda palabra fue <<autobiográfico>>. Todos los filmes de Bergman tienen que ver con su vida personal, desde las fuertes raíces religiosas de su infancia, hasta su vida matrimonial y sus muchas infidelidades, sus experiencias en el mundo del teatro y su afinidad con las ciencias de la mente.

Recordé esto porque hoy es la segunda función de Fresas salvajes (1957) de Bergman, en el Cine Arte Normandie, Santiago, como parte de una retrospectiva del director que durará por todo julio, y que incluye Persona (1966), su primera colaboración de varias con la actriz Liv Ullmann, y Liv & Ingmar (2012), documental sobre esta singular relación. Las dos primeras vienen restauradas en formato digital.

Desde que vi Fanny y Alexander (1983), me pregunté qué sería haber visto uno de sus filmes en el cine, y el deseo creció luego de Gritos y susurros (1972), una de las películas fundamentales de mi vida (y eso sin exagerar).

Y me da pena, porque la función será en Santiago y no aquí, en Concepción. ¿Qué será ver uno de sus trabajos en el cine, en especial cuando se trata de una de sus obras maestras? Parece que me lo seguiré preguntando hasta quién sabe cuándo. Ojalá que a alguien se le ocurra traer estos títulos a nuestra ciudad. ¿Qué problema puede haber? Esto es Concepción, va a haber público para Bergman, estoy seguro.

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