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Star Wars: El ascenso de Skywalker

El episodio final de la historia situada en la galaxia muy, muy lejana es desprolijo en su ejecución, pero sumamente entretenido. La película de J. J. Abrams ha sido recientemente nominada a tres Premios de la Academia, incluyendo Mejores Efectos Visuales, Mejor Partitura Original y Mejor Edición de Sonido. Su legado, en cambio, trascenderá a esta temporada de premios, si no por su calidad o grandeza, entonces por señalar un hito en la historia del cine, dándole un cierre categórico a una saga amada por multitudes.

En Star Wars: Los últimos Jedi, Luke Skywalker y el Líder Supremo Snoke mueren porque, dado que se trata del episodio del medio, es donde los maestros suelen abandonar la historia para dejar que sus discípulos lleguen a su destino por su cuenta. Así es como procede el Viaje, la estructura mítica que han usado todas las entregas de Star Wars, tanto individualmente como agrupadas en trilogías. Por eso no me quejé de la muerte de Luke; le tocaba ser el mentor, no el héroe. El heroísmo es ejercido por la carroñera convertida en Jedi Rey, tal como lo estableció J. J. Abrams en Star Wars: El despertar de la Fuerza. Hubo quienes no estaban satisfechos con esta decisión narrativa; querían ver a sus viejos amigos en acción, y no los culpo. Después de todo, esta es la saga de los Skywalker. Uno de los problemas es que la refrescaron sólo con nuevos rostros y mundos, y no con nuevos significados, desarrollos, etc. La mitología es la misma, y debieron haberla expandido de maneras creativas y profundas. En retrospectiva, esta trilogía deja bastante que desear, sobre todo considerando el más reciente y último episodio, Star Wars: El ascenso de Skywalker (2019), que marca el fin de una era cinematográfica.

Empieza con un anuncio ominoso en las primeras líneas de la narración de apertura: el Emperador Palpatine (Ian McDiarmid) sigue vivo y ha sido quien ha orquestado el surgimiento de la Primera Orden. A ver, que Palpatine nunca hubiese muerto en realidad es una excusa barata para justificar por qué Rey y sus amigos deben hacer en 2019 casi lo mismo que Luke y sus amigos en los 80. Y, también, es la confirmación perfecta de que ver estas películas es como experimentar un déjà vu.

Esto de revivir a personajes muertos es muy extraño. Bueno, los Jedis se les aparecen como fantasmas amigables a sus correligionarios, pero los Sith, o sea, ¡cuándo se aburrirán! Además, la he visto tres veces y sigo sin entender cómo diantres resucita Palpatine.

Luego, vemos a Kylo Ren (Adam Driver) esgrimiendo su sable láser contra Stormtroopers en un bosque agreste e invernal. El rojo del sable es el único haz de color saturado en la escena, de un efecto bien dramático, y después de haber masacrado a sus adversarios sin nombre, Ren encuentra un rastreador del planeta en el que se guarecen los Sith, adonde se embarca pretendiendo aniquilar al Emperador y así no ver amenazado su propio poder emergente.

El planeta se llama Exegol, donde la noche es eterna y las tormentas eléctricas ininterrumpidas. Vemos al Emperador como un anciano pútrido (en realidad, siempre lo fue) conectado a múltiples cables que provienen de una gigantesca estructura supongo que médica (un respirador artificial extraterrestre), y dispuesta de tal forma que mantiene al viejo erguido durante todo el metraje. Sin esa tecnología, estaría bien muerto, quizá como debió haberse quedado para no remecer la lógica de la saga.

Como de costumbre, el manipulador Palpatine convence a Ren de que busque a <<la chica>> y la traiga con vida ante su presencia; sólo así se podrá convertir en lo que sus antepasados del Lado Oscuro no pudieron, bla-bla-bla. He escuchado estos diálogos antes. Les ponemos atención y percibimos su relevancia por la autoridad que les confiere McDiarmid, mas el hecho de que estén reciclados de películas anteriores, mejores, más graciosas, diluye su efectividad.

La muchacha en cuestión es, por cierto, Rey, quien continúa con su entrenamiento bajo la tutela de Leia, a quien Abrams revela como otra Jedi. Sí, ella es una Jedi ahora. No sé cuán necesaria era esta información, pero seguro tuvieron que elaborarla para justificar que la Princesa haya volado por el espacio en Los últimos Jedi, lo que molestó a varios warsies por encontrarlo gratuito. Lo que querían era una explicación, o sea, un manual para sorpresas que no tenían que explicarse ahí y entonces, ya que aún faltaba un filme para atar todos los cabos sueltos y no había que escandalizarse tanto.

Y justo me percaté de cuánto Abrams y compañía se esfuerzan más de la cuenta en cada minuto del metraje para eludir o negar lo que preparó la tan polémica cinta de Johnson, dejándola como una mera fuente de huecos argumentales. Al parecer, los niños que levantaban escobas usando la Fuerza no tuvieron futuro; Rose Tico fue tan desdeñada por los fans que su arco y espíritu idealista son inexistentes y la arrinconan con puros diálogos expositivos; en suma, el sendero innovador de Johnson fue borrado en pos de darle a los fans lo que quieren, porque el cliente, digo, el fan, siempre tiene la razón. Bueno, yo soy un fan, y exijo novedad.

La trama avanza precipitada: todos buscan cosas o personas o lugares, en una hilera de escenas rebuscadas para vencer a la Primera Orden. Y la intertextualidad excesiva no ayuda mucho a velar la poca originalidad. Hay sets que evocan a La guerra de las galaxias y El Imperio contraataca. Cuando Jannah (Naomi Ackie), una de las nuevas aliadas y desertora de los Stormtroopers, define a la Resistencia como <<la última esperanza>>, sabes que es una referencia a la <<nueva esperanza>> que suponía la Alianza Rebelde del Episodio IV, reiterando que ésta es la última entrega y no habrá más y mejor saca tus pañuelos.

La carencia de personalidad le resta épica a El ascenso, lo que le permite exhibir sus vicios con mucha transparencia. Por ejemplo, ¿qué le quería decir Finn (John Boyega) a Rey? Otro hueco argumental aparte de lo inexplicable del Emperador.

Y el elenco también sufre. Dominic Monaghan, que trabajó con el director en Lost (la serie que creó), interpreta a un miembro de la Resistencia que se presta para todavía más exposición y primeros planos de reacción, a menudo de asombro. La Zorii de Keri Russell, protagonista de Felicity (otra serie creada por Abrams), lleva un casco muy cool durante toda la película; pero si una actriz de renombre va a interpretar a una mujer cuyo rostro está siempre cubierto, es un despropósito. No es el caso de Lupita Nyong’o como Maz Kanata, porque ella es una creación digital, y tampoco de C-3PO (Anthony Daniels), porque es un androide.

A propósito de Threepio, es grato ver a nuestro viejo amigo siendo relevante en el desarrollo de la trama, lo cual no sucedía hace años; sus chistes son jocosos y su tierno servilismo es esencial para que los héroes completen su odisea. Puesto que tanto él como Artoo han sido postergados en las últimas décadas a casi cameos, que Threepio sea tan activo aquí resulta novedoso.

No obstante, lo mejor es la actuación de Daisy Ridley como Rey. Uno advierte que es la única del elenco joven que comprende a cabalidad el alma de la saga y lo vital de la búsqueda de su personaje. Aprovecha al máximo su última vez como la heroína, expresando una emocionalidad tan pura que parece musical. Es la razón principal por la que El ascenso funciona como entretenimiento.

En cuanto a su identidad misteriosa, Abrams es capaz de tomar una decisión inteligente al respecto. Rey no es rectificada como la hija perdida de Luke (lo que muchos anhelaban tras la entrega de Johnson), sino que le provee una ascendencia conectada a la trilogía original que no revelaré (es chocante, como en un buen filme de Star Wars), y así el director consigue conmovernos con el mismo mensaje que las películas anteriores solían transmitir, añadiendo otra capa de sustancia. El bien y el mal coexisten en un equilibrio más o menos sano, y la familia no depende de tu sangre, sino de las personas que encuentras en el camino y que te aman.

La belleza emerge a ratos en El ascenso de Skywalker. Por ejemplo, no faltan frases inspiradoras como <<confrontar el miedo es el destino de un Jedi>> o <<nunca tengas miedo de quien eres>>. Podrán sonar como cursilerías, tal vez lo sean, pero sabemos cuánto pesan para los personajes, y nos afectan. Asimismo, la secuencia final es inesperada y hermosa, tanto que deseé con mayor vehemencia que la película que la antecede hubiera sido realmente apoteósica.

Sin embargo, los fans de Star Wars sabemos que la verdadera historia terminó con El regreso del Jedi, y, al menos, yo estoy en paz con eso.

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2 Comentarios en Star Wars: El ascenso de Skywalker

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