«Nuestro país requiere sumar voluntades tras el logro de cambios significativos en la sociedad. Todos los estamentos públicos y sociales, deben cambiar: egoísmo por solidaridad,  crecimiento por desarrollo, Compromiso por la displicencia y la apatía,…  Sumando a ello una visión integral de ciudadanía , la sabiduría por la ignorancia,  unidad por sobre dispersión«

Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Una contextualización indispensable.

José Víctor Núñez Urrea

Sociólogo Universidad de Lovaina, Bélgica.

I. EL MODELO NEOLIBERAL DE LA DICTADURA

La dictadura no se evita declamando contra ella, sino haciéndola innecesaria con nuestra rigurosa disciplina del deber”

(Gregorio Marañón)

  1. Origen del modelo neoliberal

El modelo neoliberal abarca una corriente política y económica dentro del capitalismo que defiende con especial énfasis dos cosas: Por un lado, la no participación del Estado en la sociedad, mucho menos en su economía, y, por otro, dejar que sea la “mano invisible” del mercado la que regule la asignación de los recursos sociales.

Se dice que este paradigma tuvo su origen en las ideas de Friedrich von Hayek, un economista austriaco que continuó con la tradición liberal iniciada por Adam Smith, pero enfatizando una concepción más minimalista del Estado y una cierta preocupación social expresadas en su libro “El camino de la servidumbre”

A ese libro se le reconoce la calidad de ser uno de los pilares ideológicos del modelo neoliberal, por cuanto en él, vonHayek   postuló que el Estado debería únicamente encargarse del cumplimiento de las leyes y las normas económicas y, por lo tanto, implícitamente sugería que todo el resto de las funciones sociales podían ser objeto de privatizaciones que permitirían que la economía pudiera operar y desarrollarse sobre la base del mercado.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se impuso, en el mundo occidental, un sistema económico capitalista internacional (del cual obviamente fue expresamente excluido el mundo socialista) prontamente ratificado por los Acuerdos de Breton Woods (1944)[1], que, entre otros predicamentos, establecieron que el comercio internacional se haría en moneda dólar americano, bajo un convenio expreso de que el  país emisor (USA) podría aumentar las  emisiones de su moneda, solamente si le incrementaba el respaldo en oro. Esta exigencia USA la resolvió logrando que los países beneficiados por los préstamos de su Plan Marshal, los garantizaran mediante traspasos de oro que fueron   incrementando fuertemente las reservas de oro de Fort Knox.  El presidente francés Charles de Gaulle hizo un intento tardío de revertir esta situación, abriendo un poder de compra secreto de este mineral, pero, no sólo no contó con el apoyo del resto de Europa, sino que fue puesto en evidencia por lo enemigos históricos de Francia, los ingleses.

En ese mismo período se fundaron el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), siendo el primero una organización multinacional especializada en financiar y asistir financiera y técnicamente a los países en desarrollo y, el segundo, una organización financiera internacional orientada a materializar los acuerdos de Bretton Woods, que poco después toma un rol preponderante entre los países en desarrollo, apoyándolos frente a las crisis financieras internacionales.  

En 1947, se reunieron en la ciudad suiza de Mont Pelerin una serie de empresarios e intelectuales como Friedrich von Hayek, Karl Popper, Ludwig Von Misses, Salvador de Madariaga y Milton Friedman, quienes propusieron un conjunto de ideas que configuraron un modelo de capitalismo más extremo, sobre las cuales se creó una internacional del empresariado que funciona hasta el día de hoy. Se puede afirmar que esta reunión fue la cuna del neoliberalismo moderno y, durante muchos años, estas ideas sólo se discutían en algunas universidades, entre las que destacaba la Universidad de Chicago, hasta que, en los años 1970’s, una profunda crisis del capitalismo imperante provocó la apertura de otras perspectivas para este enfoque.

Esta crisis fue causada, por la combinación de tres factores: en primer lugar, por el incumplimiento unilateral del acuerdo que obligaba a USA a vincular la emisión de dólares americanos con el patrón oro, cuyo efecto fue un gran  aumento de dólares en el mundo, generado por las emisiones inorgánicas destinadas a  financiar la guerra de Vietnam y los mayores precios del petróleo;  en segundo lugar,  por la presión política desde el tercer mundo, tendiente a evitar la continuación del saqueo del imperio; en tercer lugar, una fuerte caída en la tasa de ganancia de las compañías transnacionales, que forzaron la apertura de nuevos mercados donde colocar sus productos o  adquirir materias primas más baratas.

Esta situación favoreció el que economistas de distinto origen y posición declararan la necesidad de superar el paradigma keynesiano y reorientar la mirada hacia las tesis de la Escuela de Chicago, que bajo la inspiración de Milton Friedman, se dedicó a recuperar las antiguas ideas económicas de von Hayek, relativas a relevar el protagonismo del mercado en la asignación de los recursos, a reducir el rol del Estado sólo a la mantención el orden público y la libre competencia,  a abandonar el objetivo del pleno empleo y a aceptar que es natural y positiva para el mercado cierta tasa de desempleo.

Para

En Estado Unidos y Gran Bretaña, países líderes del liberalismo económico, el triunfo de Donald Reagan y Margaret Thatcher le dieron un impulso decisivo a la implantación del modelo neoliberal en todo el mundo durante la década del ochenta, para lo cual, ya contaban con la institucionalidad necesaria (FMI y BM).  para alinear el proceso globalizador y sólo les faltaba estructurar los acuerdos necesarios para imponer condiciones a los países y economías del mundo, lo que lograron en lo que se denominó el Consenso de Washington del año 1989.

2. La “filosofía” neoliberal

Lo primero que es necesario afirmar es lo que no contiene esta perspectiva.  Su extrema concepción del laissez faire, la lleva a no incluir un capítulo ético entre sus postulados fundamentales, que pudiera limitar su idea de la “libertad” (muy vinculada al mercado y al lucro).

Los postulados neoliberales:

1. En una sociedad moderna, el mercado es el factor único, exclusivo y excluyente en la asignación de los recursos sociales, sin limitación alguna, garantizándole un desarrollo libre sin trabas de ninguna especie, como serían la fijación de precios, la definición de salarios mínimos, el establecimiento de condiciones de trabajo y de jornadas laborales, la protección y regulación de sindicatos, centros estudiantiles o asociaciones gremiales.  Precisamente, la diversidad de las necesidades individuales y de sus niveles de sofisticación, explica la diferenciación de los mercados.

2. Es natural que tal diversidad genere desigualdades y/o concentración de la riqueza, dado que ambos efectos son factores potenciadores del desarrollo de las personas y de la evolución de las sociedades.  Para ello, el Estado debe reducirse a su mínima expresión, excluyéndolo de toda actividad económica y sólo conservando funciones de seguridad nacional y de policía interna. Asimismo, es necesario rechazar cualquier noción de contenido colectivo o comunitario o socializante, que sea contradictoria al individualismo[2]

3. Existen algunas necesidades individuales básicas que cuentan con una alta valoración social (salud, vivienda, educación, pensión) que, como toda necesidad, deben ser satisfechas por el mercado, no obstante lo cual, podrían ser eventualmente objeto de políticas de subsidios focalizados, a condición de que ello no sea interpretado como un implícito reconocimiento de que forman parte de los derechos individuales, y, por tanto, exentas de estar sujetas al lucro.

4. Para aquellos sectores de la población que pudieran transformarse en potenciales generadores de inestabilidad social, se acepta la posibilidad de definir y aplicar políticas extra-mercado, focalizadas en la otorgación de asistencia social tendientes a prevenir eventuales acciones contra el sistema.

5. La libertad económica es la madre de todas las libertades, por sobre incluso de la libertad política. Por lo mismo, la perspectiva neoliberal no requiere de la existencia de la democracia y puede funcionar perfectamente bajo regímenes autoritarios o dictatoriales, teniendo como condición esencial que se garantice la libertad económica y empresarial (caso chileno).  

6. Cuando la CEPAL señaló que el 1% de los más ricos de Chile concentran poco menos del 30% del Ingreso nacional, los economistas defensores del modelo neoliberal, respondieron que la existencia de grandes grupos económicos favorece la estabilidad económica   En consecuencia, según ellos, la concentración de la riqueza y la desigualdad no son desviaciones del modelo neoliberal, sólo son “efectos colaterales” tolerables.

7. En los procesos productivos, los trabajadores son un recurso[3]tan necesario como lo son los insumos, el capital o las herramientas, y al igual que éstos, su permanencia (estabilidad laboral) dependerá de su “valor de uso” en el proceso productivo y del grado de conveniencia que representen para el proceso de reproducción ampliada del capital. Su retribución deberá representar una proporción razonable de los crecimientos que haya ayudado a producir (teoría del «chorreo»). 

II  LA AGONÍA DEL “MODELO”

El capitalismo está en crisis debido a las políticas neoliberales, que han eliminado todos los controles. Este capitalismo es antisocial, egoísta.” (Mario Bunge)

  1. El programa real de Piñera

El 11 de diciembre de 2009, después de transcurridos 20 años del retorno a la democracia, el empresario Sebastián Piñera, fue elegido presidente de la República marcando una nueva etapa política en Chile portando un programa que validaba el modelo económico y las transformaciones instauradas por la dictadura de Pinochet, las que legitimaron las relaciones capitalistas y la imposición del mercado en la educación, la salud y la previsión social. 

En los dos primeros años de este gobierno las protestas se agudizaron. En la región de Magallanes se iniciaron las manifestaciones contra el alza del gas natural y se expandieron hasta el norte del país, inspirando protestas y paros comunales en Arica y Calama; huelgas en el cobre y paros de los empleados fiscales; hubo diversas acciones reivindicativas del pueblo mapuche por la libertad de los presos políticos y contra la usurpación de sus tierras; también se manifestaron los trabajadores de la salud, las minorías sexuales y los damnificados por el terremoto. “Pero el movimiento que se extendió en el tiempo, que acumuló fuerzas y la concentración de la mirada nacional e internacional fue el movimiento estudiantil, que en masivas convocatorias exigieron ‘educación gratuita, de calidad y sin fines de lucro’. Demandas que tocaban el alma del sistema de organización social y que lograron obtener altos índices de apoyo en la ciudadanía”[4].

Ni la derecha en el gobierno, ni la Concertación de Partidos por la Democracia fueron la respuesta que buscaban los movimientos que se tomaron las calles chilenas. Durante los meses de movilizaciones, los estudiantes desplegaron un debate sobre democratización de la política chilena, que incluía la necesidad de una reforma tributaria, la reforma al sistema binominal, e incluso la necesidad de una nueva Constitución Política.  Esto era un verdadero desafío a la forma con que los gobiernos de Patricio Aylwin, Eduardo Frei, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet administraron el modelo neoliberal heredado de la dictadura. Sin embargo, hasta entonces se había logrado controlar los desbordes sociales. 

Entendiendo que, a pesar del poderío que tuvo la alianza entre los militares y el capital financiero destinada a consolidar el modelo capitalista neoliberal, no estuvo libre de conflictos expresados en las persistentes «Jornadas de Protesta» que culminaron en el plebiscito de 1988 y en el triunfo del “No”, que posibilitó el término de la dictadura, bajo la cual, se destruyó un movimiento popular ascendente que permitió la elección del presidente Salvador Allende. 

2. El efímero “oasis” de Piñera

El segundo gobierno del presidente Sebastián Piñera se inició el 11 de marzo de 2018, tras su victoria en la segunda vuelta de la elección presidencial de Chile de 2017. Su mandato se extenderá hasta el 11 de marzo de 2022, fecha en la que debe producirse el cambio del titular del cargo de presidente.   Desde que asumió, Piñera recorrió Chile y otros países afirmando que el país que él presidía era un verdadero “oasis” comparado con otras naciones del continente latinoamericano. Pero…

Esta expresión se refería a lo que no se vio ni se hizo antes del “estallido” y, detrás del “Nadie” probablemente se intentó esconder más de una ceguera culposa. A poco andar y aún bajo los efectos del estupor y el desconcierto, apareció otra expresión, esta vez, connotando la incertidumbre respecto al porvenir, “Ahora nadie sabe lo que va a pasar”, pero,en pocos días,esta frasesirvió para representar los sentimientos colectivos antela inesperada llegada del Coronavirus, que de inmediato tuvo un tremendo impacto en las vidas familiares, los hábitos cotidianos, y en el funcionamiento de toda la sociedad, acrecentado por el hecho que, desde diversas latitudes del planeta, llegaron aterradoras noticias sobre el aumento casi exponencial del número de contagiados y fallecidos, de hospitalizados en estado crítico, de enfermos postrados y aislados en su casa u otras instalaciones adecuadas, de los riesgos de eventuales colapsos en la atención hospitalaria, de los peligros que entrañaba la irresponsabilidad de porfiados transgresores a las normas de las autoridades, etc.  

En el caso chileno, a todo lo anterior, se sumó el estruendoso fracaso de la estrategia de las “cuarentenas dinámicas” del gobierno, encabezada por un ministro arrogante y terco (posteriormente reemplazado y recientemente fallido candidato a senador) y llevada a cabo contra la opinión mayoritaria de los expertos y de los alcaldes más cercanos a la ciudadanía.  Empeorando las dramáticas pérdidas de vidas, se produjo un brutal frenazo del proceso de disminución de la pobreza, con su corolario, la reaparición del fantasma del hambre en los segmentos más empobrecidos del país.

En octubre de 2019, se gritaba “No son 30 pesos, son 30 años” (refiriéndose al alza de 30 pesos en la tarifa del Metro de Santiago), calificada por muchos como la gota que rebasó el vaso.  Fue un comentario casi unánime entre políticos y analistas el que “nadie previó lo sucedido” y, prácticamente desde el primer día, en las masivas concentraciones pacíficas, se infiltraron grupos de delincuentes y de jóvenes marginalizados (los “nini”[5]) que llevaron a cabo diversas acciones violentas y destructivas que el gobierno intentó colocar en el centro del debate político en reemplazo las demandas populares expresadas en las concentraciones.

 A continuación del “nadie lo previó” comenzaron a surgir múltiples intentos de explicar lo sucedido que, poco a poco, se fueron ordenando en torno a dos hipótesis:  

  • El gobierno y los partidos que lo apoyaban señalaron que se trató de una manifestación del malestar producido por un conjunto de necesidades mal atendidas, desde mucho antes de este gobierno.  Luego concluyeron que la solución era empezar a escuchar algunas de las demandas e implementar correcciones y medidas paliativas, que configuraron la “Agenda Social” de Piñera, que algunos medios motejaron como la “lista de supermercado” del gobierno.
  • La otra lectura, de los partidos y movimientos de centro izquierda, afirmaba que el estallido era la expresión de una justificada indignacióncontra las desigualdades y a los abusos del modelo socio económico vigente y del gobierno que lo sustentaba, en razón de que son atentatorias a la estabilidad y tranquilidad del modo de vida de la gran mayoría de los habitantes del país.

En ambas explicaciones, la violencia fue inicialmente considerada un fenómeno lateral y minoritario y, sobre esta base.  se puso término al estado de emergencia en un relativo poco tiempo. Sin embargo, al cabo de un par de meses de atentados incendiarios, saqueos, asaltos y agresiones, la violencia se fue convirtiendo en un fenómeno que dejó de ser marginal y se apropió de la mayor parte de los titulares de los medios masivos de comunicación, lo cual tensionó la vida de todos.   

Es necesario, por lo mismo, diferenciar la indignación del resentimiento, entendiendo que la primera es una conducta que surge como defensa de la dignidad y, pudiendo ser fuerte, normalmente no acude a la violencia, mientras. la segunda, proviene de una rabia encarnada que, cuando se expresa, suele hacerlo violentamente. Muchos afirman que quedaron temas pendientes desde los sucesos de octubre, interrumpidos primero por las actividades estivales y luego por la aparición del Coronavirus, siendo el dilema más relevante de cara al futuro, si los sucesos de octubre 2019 cuestionaron sólo algunos aspectos del modelo (neoliberal) del país o rechazaban el modelo mismo.

Repasando algo de lo visto en el Capítulo I, el modelo neoliberal se impuso, desde la década de los 70’s, en un buen número de países occidentales y asiáticos, desde el instante mismo en que el sector financiero consolidó su hegemonía en sus modelos capitalistas de desarrollo. 

A este modelo le resultan particularmente intolerables las limitaciones que el Estado o el consenso social (cultura) le puedan poner a la reproducción ampliada del capital y a las dinámicas de concentración de la riqueza. Por eso mismo, defiende con tanta energía la mínima participación del Estado en la sociedad y en la economía, a fin de dejar que sea la “mano invisible” del mercado la que regule la asignación de los recursos sociales, lo cual, evidentemente, favorece a los que tienen más.

Un efecto que no deja de ser curioso es el cambio de lenguaje del presidente y de su gabinete después del “estallido” y aparecieron entonces expresiones como debemos cuidarnos[6]hay que ser solidarios, hay que practicar la colaboración y la unidad, saldremos adelante, seamos empáticos y tengamos sentido de comunidad, etc., expresiones todas que apuntan en un sentido exactamente contrario a lo que promueve el neoliberalismo.

3. ¿Cultura versus Economía?

En 1993 Newstrom y Davis[7] definieron a la cultura social como «el medio ambiente social de las creencias creadas por los seres humanos, las costumbres, los conocimientos, y las prácticas que definen la conducta convencional en una sociedad». Esta conducta convencional aceptada en una sociedad influencia todos los niveles conscientes y subconscientes de las formas del pensamiento que luego influyen en las acciones que realizan las personas, por sí mismas o de conformidad con las expectativas de los demás miembros de esa sociedad.

Las formas de sociabilidad promovidas por una cultura determinan en un alto grado las formas de la organización social y las opciones de su desarrollo económico y político. Esta imbricación se encuentra, por ejemplo, en las tesis de Weber que postulaba la vinculación de las creencias religiosas con el desarrollo económico de los países o en los escritos de Fukuyama[8] quien sostiene que la cultura es promotora del desarrollo económico al articular formas de sociabilización espontáneas que facilitan la confianza entre extraños, para, por ejemplo, «trabajar juntos en formas nuevas y flexibles de organización«.

Este último autor ejemplifica sus afirmaciones comparando las culturas económicas de China y Japón como dos «culturas económicas rivales» con sus propias orientaciones y rasgos que las caracterizan: «Cada una de esas culturas está unificada en sentido literal por grandes organizaciones de red basadas característicamente en una confianza social generalizada en al caso japonés y en la familia y el parentesco en el caso chino. Esas redes obviamente interactúan entre sí en muchos puntos, pero sus diagramas de cableado interno proceden siguiendo vías muy distintas.«

El profesor T. Eagleton va más allá en esta línea de pensamientos: “…el choque entre Cultura y la cultura no es una simple batalla de definiciones, sino un conflicto global. No es un asunto meramente académico, sino uno verdaderamente político.” [9]

Otro estudioso de los modelos socio políticos, el director de investigación de la École des Haute Études en Sciences Sociales Th. Piketty[10] afirma “La historia demuestra que la desigualdad es esencialmente ideológica y política, no económica o tecnológica.”

En congruencia con estas ideas, se ha dicho que las diferencias entre el desarrollo y el subdesarrollo pueden ser explicadas por las diferencias entre la «tradición combativa» del protestantismo anglosajón y la «tradición contemplativa» del catolicismo ibérico. En relación con esto Fukuyama afirmó «…está claro que la necesidad de una política industrial y la capacidad para ponerla en práctica dependen tanto de factores culturales como del capital social».   

Sin embargo, un estudio de la escritora H.P. Zou[11] concluye que efectivamente existe un determinismo cultural y religioso en el desarrollo de las sociedades. Por lo tanto, son las condiciones culturales, endógenas, más que las condiciones geoeconómicas, las que inducen las estrategias de desarrollo y son responsables de los procesos de acumulación de la riqueza, de generación de desigualdades, del desarrollo económico, de las tensiones sociales e, incluso de los conflictos armados.  Podemos recordar la “crisis de los misiles de Cuba” y traer a la mano la carta de Jrushchov a Kennedy: “Señor presidente, no deberíamos tirar de los extremos de la cuerda en la que ustedes han atado los nudos de la guerra, porque cuanto más tiremos, más apretado estará el nudo. Y puede que llegue un momento en el que esté tan apretado que ni siquiera los que lo ataron, tengan la fuerza para desatarlo.”[12]

Entre las voces discordantes con los modelos de desarrollo existentes, se sitúa el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, quien afirmó que existe la certeza de que “el mundo no funciona porque nunca fue tan injusto en el reparto de panes y peces, pero nunca había sido tan igualador en las costumbres que impone, tan borrador de las diferencias culturales que son las que hacen de la condición humana un alegre arcoíris, pero también comete cotidianamente crímenes que nos suicidan a todos y, por lo tanto, a partir de esta certeza esencial vamos a empezar a armar algo diferente, nuevo que será además, múltiple porque cada lugar será diferente de los otros, no comulgará en los altares de una cultura dominante que confunde precio con valor y que convierte a las personas y a los países en mercancías«.[13]

Cuando una sociedad es sometida a presiones de cambio que incluyen preguntas nuevas sobre el futuro, surgen inmediatamente sentimientos de ansiedad, alguna confusión de valores y, eventualmente, sensaciones de amenaza a la seguridad personal.  De hecho, cuando una persona quiere o debe integrarse a una nueva comunidad, requiere conocer primero y, a continuación, actuar conforme al sistema de valores y creencias que inspiran el modo de vida comunitario, como condición de adaptación.  Pero, también ocurre que, dentro de un mismo modo de vida, exista una cierta variación de patrones de comportamiento que den cuenta de una cierta diversidad submodal que hace algo más compleja la tarea de caracterizarlo.

  • ¿Cuál es el verdadero dilema de Chile?

El domingo 21 de noviembre, apenas concluido el conteo de los votos de la elección presidencial, los dos candidatos que lograron las dos primeras mayorías en proporciones que se consideran un “empate técnico” y que deberán someterse al juicio del Pueblo el 19 de diciembre de este año, pronunciaron sendos discursos en los cuales destacaba sus respectivas miradas sobre el dilema que debía enfrentar el soberano. Lo notable de ambos discursos es que situaron el conflicto en el dominio de la Cultura

  • José Antonio Kast propuso que el dilema es “Libertad” (representado por él) o “Comunismo” (representado por su oponente).
  • Gabriel Boric propone que el dilema es “Esperanza” (representada por él) o “Miedo” (representado por su oponente).

Hay varias preguntas que podría hacer cualquier ciudadano al ser sometido a estas opciones

  1. La rigurosidad de los enunciados

La pregunta obvia es si efectivamente se trata de dilemas[14] ,es decir, de proposiciones contrarias y disyuntivas.  Una primera observación es que ninguno de los dos dilemas cumple esta condición: Por ejemplo, en el dilema de Kast se sugiere que “Comunismo”, al ser contrario y disyuntivo respecto de  la “Libertad”, debiera implicar las ideas de opresión o dictadura, lo que no corresponde a la realidad chilena y entonces representa una mentira o un prejuicio.  Otro ejemplo, en el dilema de Boric, la “Esperanza” no es directamente contraria y disyuntiva respecto del “Miedo”, como sí lo serían la paz o la tranquilidad.

  • El contenido y significado de los conceptos
  • La “Libertad” de Kast.  ¿A qué libertad se refiere el candidato? Tiene dos fuentes posibles:
  • La libertad del neoliberalismo, la económica es prioritaria y superior a  

                                                 la política

  • La libertad de la dictadura, es la libertad de la elite socio económica    

                                                usada para ejercer su dominio de clase

En ambos casos, es evidente que esta “Libertad” no incluye al Pueblo y, en ese sentido, constituye una propuesta falsa o engañosa.

2.2.    La “Esperanza” de Boric[15]

De acuerdo a lo que contiene este concepto, tiene dos posibilidades operacionales:

  • Modificar estados de ánimo,  Un esfuerzo de esta naturaleza no         

                                                     garantiza efectos políticos

  • Ampliar las expectativas,  No es conveniente realizar este esfuerzo     

                                                en el actual contexto de descrédito de  la política

En ambos casos el referente no es el Pueblo sino su sector político. Por otro lado, el asignarle la categoría “Miedo” a su oponente puede ser un error sabiendo que este rasgo tiene un gran potencial movilizador.

Más bien habría que golpear comunicacionalmente (léase culturalmente) al aspecto más débil de la derecha que es su sistemática utilización de la mentira. 

En realidad, el dilema que el Pueblo debe enfrentar es entre la Verdad y la Mentira, entre Democracia de verdad y democracia de mentira, entre Justicia de verdad y justicia de mentira, entre Educación de verdad para todos y educación de mentira segmentada por nivel socio económico, entre Salud de verdad y oportuna para todos y salud de mentira y diferenciada,  entre Pensiones de verdad dignas y pensiones miserables y de mentira.

Boric es la Verdad y Kast es la mentira.


[1] Evento en el que se reunieron 730 delegados de 44 países aliados de la Segunda Guerra Mundial, para ayudar en momentos de crisis a países en dificultades, bajo la expresa intención de   evitar que por vía de conflictos sociales, nuevos países se integraran al campo socialista.

[2] Individualismo: Tendencia de una persona a obrar según su propia voluntad, sin contar con la opinión de los demás y sin atender a las normas de comportamiento que regulan sus relaciones. También recibe este apelativo la tendencia sociológica que otorga primacía al individuo respecto a la colectividad.

[3] Detalles sobre el tema en, José Núñez & Jorge Leiva, “Patrimonio Humano…Ni Recurso, ni Capital”, Althaea Editores S.A., 2013

[4] Viviana Bravo Vargas, “Neoliberalismo, protesta popular y transición en Chile, 1973-1989”, Política y Cultura, México, enero 2012

[5]  Jóvenes que ni estudian, ni trabajan

[6] En el libro “Patrimonio Humano…Ni Recurso, Ni Capital”, se sugiere que un Patrimonio se cuida, mientras un Recurso o un Capital se usa.

[7] Davis, K y Newstrom, J. “Comportamiento Humano en el Trabajo”, Mc Graw-Hill, México, D.F, 1993

[8] Especialmente en su texto «El capital social y la economía global» escrito el año 1996.

[9]Terry Eagleton, “La Idea de Cultura”, Paidós, Barcelona,2000, pág.83

[10]Thomas Piketty, ¡Viva el Socialismo!, Paidós, 2020

[11] Zou. Hai Peng, Paper “Root of life”, Amazon, enero 1991.

[12]  Consignada porTony Judt, “Sobre el Olvidado Siglo XX” , Taurus, 2008, pág. 307

[13] Eduardo Galeano, Memoria del fuego I, Los nacimientos (1986), Siglo XXI Ed., Argentina, 2010.

[14]   Un dilema es un argumento que está formado por dos proposiciones contrarias y disyuntivas: al conceder o negar cualquiera de estas dos proposiciones, queda demostrado aquello que se quería probar. (RAE)

[15]  La esperanza es un estado de ánimo optimista en el cual aquello que deseamos o aspiramos nos parece posible. En este sentido, la esperanza supone tener expectativas positivas relacionadas con aquello que es favorable y que se corresponde con nuestros deseos.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl