Las personas y la ciudadanía deben estar conscientes de los pasos que se dan, para orientar el desarrollo o para estancarse y retroceder... El próximo plebiscito, es una oportunidad de desarrollo para la ciudadanía y para dignificar al ser humano y transformarlo en soberano.
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Una semana agitada

Alguien comentaba que la semana que acaba de concluir, había sido bastante agitada. En verdad, la tendencia natural de las personas es a darle mayor importancia a los momentos que se están viviendo ya que el tiempo tiende a difuminar los acontecimientos del pasado suavizando o borrando sus aristas más duras.

En el campo de la actividad política, por supuesto que destaca la acusación constitucional interpuesta en contra del ex Ministro del Interior y Seguridad Pública, Andrés Chadwick Piñera.

La principal novedad, en el caso, se encuentra en que esta ha sido la primera vez en que el acusado ya había cesado en sus funciones y, lo más importante, que se trata del principal asesor del presidente Piñera que le garantizaba el apoyo incondicional de la UDI.

La trayectoria de Chadwick, de sobra conocida, ha sido tremendamente errática. Tras militar en el izquierdista Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) en la época de la Unidad Popular, luego del golpe de Estado de 1973 se sumó a las huestes del pinochetismo con la fe ciega de los conversos. Miembro de la Secretaría Nacional de la Juventud, formó parte del grupo gremialista (los “vándalos” con patente, de la época) que en agosto de 1976 se movilizó a Pudahuel para apedrear a los obispos católicos Alvear, Ariztía y Camus que regresaban de una jornada sobre justicia y derechos humanos realizada en Riobamba, Ecuador.  En 1977, juró en Chacarillas su lealtad al régimen junto a otros 76 jóvenes y pronto la dictadura lo designó presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica. Con el advenimiento de la democracia, fue elegido senador de la República y, a pocos días de asumir el cargo de Ministro en el primer Gobierno de Piñera, calificó al sacerdote Alfonso Baeza como “defensor de extremistas, terroristas y violentistas” mostrando su nula afinidad con la causa de los derechos humanos.

Su absoluta pasividad frente al asesinato de Camilo Catrillanca y su indiferencia ante el actuar represivo de Carabineros que se tradujo en centenares de personas que sufrieron mutilación ocular, hicieron inviable su impunidad. Inhabilitado para ejercer funciones públicas sólo le queda la posibilidad de continuar siendo asesor político en las sombras de su primo Presidente.

La condena de Chadwick, marcó el destino de Piñera pues, como lo precisó el abogado del Gobierno Luis Hermosilla, las responsabilidades de todo aquello por lo cual se le acusaba correspondían a alguien de más arriba.  En verdad, el fracaso de la acusación contra el Presidente fue fundamentalmente por el vacío de poder que pudiera haber derivado tras una eventual destitución.

Los tiempos de crisis que se viven han tenido consecuencias que debieran llevarnos a meditar.

La carencia de rumbo político del Ejecutivo, su incomprensión de la realidad, los ya públicos enfrentamientos entre sus colectividades adherentes, deben alertarnos. La otrora monolítica UDI sufre con la pérdida de su “hombre en La Moneda”,  mientras que su contrincante, Renovación Nacional, es el único partido que sale relativamente bien parado gracias a la gestión de su presidente Mario Desbordes y a la franqueza con que el senador Manuel José Ossandón ha denunciado los múltiples y sistemáticos desaciertos del oficialismo.

En la vereda de enfrente, el panorama tampoco se ve muy auspicioso. La ex Nueva Mayoría luego de sufrir con el proceso se autonomización de la Democracia Cristiana, se vio complicada con un Partido Comunista de conducta ambigua que pretende manejarse con un pie en la coalición política, otro pie en “la calle” y con coqueteos incomprensibles con el Frente Amplio.

Las últimas elecciones presidenciales destacaron por el significativo apoyo electoral recibido por los partidarios de Beatriz Sánchez. A dos años de distancia, el naciente y esperanzador conglomerado se debate entre el desorden y la insignificancia. Una decena de partidos (al interior de cada uno de los cuales hay bandos y sub bandos) se ve enfrentada a las renuncias de grupos de militantes incapaces de comprender las exigencias naturales de un accionar colectivo, a acusaciones mutuas, a desacertadas y cuestionables determinaciones que luego concluyen en recriminaciones mutuas y humildes solicitudes de perdón. Lo que muchas personas, especialmente jóvenes, vislumbraban como la renovación de la política chilena, ya se lo llevó el viento.

Veremos qué novedades nos traerá el próximo 2020.

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