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Política Nacional

ANÁLISIS POLÍTICO

¿Qué hacemos con los partidos?

René Fuentealba Prado, abogado.

Los partidos políticos son esenciales para el funcionamiento y la subsistencia de una democracia ya que, en teoría, solo ellos pueden ofrecer una visión global y armónica de la sociedad. Las demás organizaciones, cual más cual menos,  son grupos de presión que trabajan en pro de sus particulares intereses. A propósito: ¿Qué está pasando en Chile?

La ley 18.603,  Orgánica Constitucional de Partidos Políticos, publicada el 23 de marzo de 1987 y posteriormente  modificada, entrega una conceptualización de éstos, bastante ajustada a la visión  que se tiene de estas colectividades.

Según se señala, son asociaciones autónomas y voluntarias organizadas democráticamente, dotadas de personalidad jurídica de derecho público, integradas por personas naturales que comparten unos mismos principios ideológicos y políticos, cuya finalidad es contribuir al funcionamiento del sistema democrático y ejercer influencia en la conducción del Estado, para alcanzar el bien común y servir al interés nacional. Se agrega que ellos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y expresión de la voluntad popular, son instrumento fundamental para la participación política, contribuyen a la integración de la representación nacional y son mediadores entre las personas y el Estado. Además, deben contribuir al fortalecimiento de la democracia y al respeto, garantía y promoción de los derechos humanos reconocidos en la Constitución, en los tratados internacionales ratificados y vigentes en Chile, y en las leyes.

Hasta ahí, no hay mayores observaciones, salvo recurrir a Gabriel Amunátegui para  destacar tres  omisiones: Una, que es propio de la naturaleza de un Partido que busque conquistar el poder.  Otra, que esta lucha por conquistar el poder es con el fin de realizar su doctrina y programa. La tercera, que para este fin necesitan, obviamente, llevar a sus militantes a ejercer funciones públicas.

Si todo lo  señalado se diera en la realidad, se estaría viviendo en una sociedad ideal.

¿A qué distancia está el país de esa utopía?

La respuesta puede ser compleja pero, sin embargo, hay algunos puntos que son evidentes:

  • Los partidos políticos en Chile distan mucho de ser entidades autónomas. Como ha quedado sobradamente demostrado en el último tiempo, su dependencia de los grupos de poder gubernativos, económicos, financieros, es algo que está fuera de toda discusión;
  • La militancia en los partidos políticos en Chile no es, en absoluto, “voluntaria”, toda vez que miles de personas, para conseguir algún puesto de trabajo, en empresas públicas y privadas, en servicios, en municipalidades necesitan afiliarse y además cotizar para mantenerse en funciones;
  • Los partidos políticos en Chile, contra el texto expreso de la ley, no sólo están integrados por “personas naturales” sino que, en la práctica han incorporado a sus filas a “grupos empresariales” que los financian y, por lo tanto los dirigen;
  • Los partidos políticos en Chile, lejos de tener una organización democrática, en que haya debate, juego de ideas y proyectos, etc., prácticamente no funcionan sino a nivel de cúpulas cerradas estructuradas, generalmente, en torno al poder de un parlamentario;
  • Los partidos políticos en Chile no persiguen el ”bien común” (generación de las condiciones necesarias para que las personas alcancen su pleno desarrollo personal, familiar, educacional, cultural, social, laboral, etc.) ni el interés general, ya que en el ejercicio del poder (o del contra-poder) favorecen sin ambages a quienes más presionan o  conforman su base electoral y no a quienes más lo requieren;
  • Los partidos políticos en Chile, en general, no tienen un claro compromiso con la promoción y defensa de los derechos humanos, tanto en el plano interno como en el plano internacional, terreno este último en que son ambiguos y vacilantes según sea la naturaleza del régimen de gobierno de un país o la importancia de las relaciones económicas.

Como se puede observar, este es el cuento de nunca acabar. Los partidos se han ido transformando, paulatinamente, en verdaderas “cooperativas de parlamentarios”, todos los cuales los utilizan a su amaño para sus propios intereses y para su perpetuación personal o familiar en el poder.

Los partidos, como quedó dicho, son consubstanciales a la democracia pero si no son capaces de renovarse, de cambiar sus conductas y formas de actuar, de poner por delante los intereses de la comunidad, se van transformando en organizaciones que socavan los fundamentos mismos de esa democracia. Frecuentemente, sus dirigentes formulan hermosas declaraciones pero, a la hora de los “quiubos” persisten en actitudes que la sociedad entera les reprocha.

Queda por ver si las nuevas exigencias legales sobre democracia, transparencia, financiamiento, serán acatadas de buena fe.  De lo contrario, será demasiado tarde para recomenzar.

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1 Comentario en ANÁLISIS POLÍTICO

  1. Hola, gracias por su artículo . De lo que se señala, comparto el análisis, y
    desde mi punto de vista lo más preocupante , es la irrupción del dinero en los partidos, de los grupos empresariales, que unido a una cultura individualista y exitista, donde se ha perdido el sentido de lo colectivo, han llevado a que estos pierdan su misión original, a que se busque el poder.
    Y si sumamos la falta de debate, de argumentación , de sentido país, de sentido de lo colectivo, los deja convertidos en grupos cerrados, donde se decide entre algunos, con el peligro que esto implica.

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