Quienes postulan al crecimiento económico sin restricción, sin respetar el Medio Ambiente... Desprecian la vida!!!.
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ANÁLISIS ECONÓMICO

Empresa, comunidad y medio ambiente. (I)

Esteban Lobos, analista económico.

 

Importantes sectores empresariales del país, ven las determinaciones medioambientales – especialmente de los Tribunales – como obstáculos injustificados a los emprendimientos. Para enfrentarlos, han recorrido, con bastante frecuencia, dos caminos errados: la presión política y la “compra de la voluntad” de los dirigentes de las comunidades afectadas.

 

Los emprendimientos empresariales deben enfrentarse a fuertes resistencias promovidas por los sectores de la comunidad directamente afectados por su eventual concreción y también por líderes de opinión que han tomado en sus manos las banderas del “medioambientalismo” y que no trabajan artesanalmente sino que cuentan con recursos técnicos, económicos y comunicacionales importantes, lo que les permite sumar  a jóvenes que, decepcionados de la política y de la religión, ven ahí una causa por la que vale la pena luchar.

Los problemas medioambientales son numerosos y de diversa magnitud e intensidad pero lo claro es que las comunidades, en un sentido amplio, se han ido sensibilizando crecientemente sobre la materia.

Como antecedentes a nivel global,   deben tenerse presente, por un lado,  el fuerte incremento de la población mundial y, por otro, lo que se vislumbra como insuficiencia de los recursos no renovables y renovables para atender debidamente los requerimientos que surgen de esa explosión demográfica.

Se ha señalado que,  a partir de 1800,   fueron necesarios 120 años para que la población mundial aumentara  en 1.000 millones de personas pero que, actualmente, y a pesar de las políticas restrictivas de la natalidad,  sólo son necesarios 12 años para un incremento similar.

Los recursos para sustentar a esa población, son limitados y, además, mal distribuidos. Mientras miles de toneladas de alimentos son desechadas diariamente en los países desarrollados, miles de personas padecen de hambre constante en países de África y Asia y sectores de América Latina.

Las tecnologías destinadas a multiplicar la producción alimentaria son caras, controladas oligopólicamente y presentan riesgos para la salud de las personas derivados de su producción transgénica.

El capitalismo moderno, que además de su poder económico-financiero controla los entes comunicacionales, insiste permanentemente en socializar la idea del crecimiento económico indefinido, tesis carente , por supuesto, de toda sustentabilidad lógica en un planeta de recursos limitados.

Si a lo ya expuesto se suma el fenómeno de la “urbanización” creciente de la población, las consecuencias amenazan con ser incontrolables.

Por ahora, ya se tiene conciencia de ciertas escaseces estructurales. La tierra cultivable es limitada. El agua tiende a agotarse en sus fuentes y a contaminarse, al extremo que muchos politólogos anuncian que las guerras de nuestro siglo serán por su control. Los recursos marinos son depredados para hacer buenos negocios y no para alimentación. Las reservas de petróleo son también limitadas y las tecnologías para su extracción y tratamiento sólo sirven para postergar la llegada del día final. Los bosques nativos son arrasados en África, Brasil y otros países a una velocidad inimaginable. Y hoy nos anuncian que los recursos pétreos y de arena, indispensables para desarrollar ciudades y caminos están cercanos al límite de su explotación.

Cada una de estas escaseces tiene consecuencias en diversos ámbitos de la vida humana individual y colectiva.

No deja de sorprender la Declaración Final de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, realizada en Estocolmo en 1972. El documento denuncia: “Vemos multiplicarse las pruebas del daño causado por el hombre en muchas regiones de la Tierra: niveles peligrosos de contaminación del agua, el aire, la tierra y los seres vivos; grandes trastornos del equilibrio ecológico de la biosfera; destrucción y agotamiento de recursos insustituibles y graves deficiencias nocivas para la salud física, mental y social del hombre, en el medio por él creado, especialmente en aquel en que vive y trabaja”.

En otra parte del documento se precisa que “el hombre…tiene la solemne obligación de proteger y mejorar el medio para las generaciones presentes y futuras”.

Diversos coloquios se han desarrollado en el mundo sobre estas materias. Los países con más alto nivel de industrialización asumen, con mucha reticencia, compromisos que prometen cumplir en una, dos o tres décadas más y procuran que las medidas más radicales sean aplicadas a las naciones pobres condenándolas a permanecer en esa situación.

Se ha señalado que los “compromisos” y las “declaraciones”  no sirven de nada sino hay de por medio una toma de conciencia en torno a una problemática emergente que relacione industrialización, desarrollo tecnológico, crecimiento demográfico, pobreza y deterioro del medio ambiente.

Los desafíos comprometen a los Gobiernos, a las empresas, a las comunidades y a las personas. ¿Cuál de estos actores asumirá su responsabilidad y dará el primer paso?.

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