«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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La Plaza, el patio comunitario

María Gabriela Saldías Peñafiel

Ingeniero Agrónomo- Paisajista. Investigadora y docente, Escuela Arquitectura del Paisaje, Universidad Central de Chile.

La plaza, ese espacio entre casas y edificios, una superficie de terreno parcialmente cubierta de vegetación, tierra y pavimentos duros en proporciones variables de acuerdo a la tipología de plaza. El universo de las plazas incluye aquellas denominadas plazas duras, ejemplos clásicos son: el Zócalo en Ciudad de México, y la plaza Mayor en la ciudad de Madrid que son básicamente una explanada pavimentada que permite realizar actividades que reúnen a multitudes. En el otro extremo están esas plazas en que lo que predomina es la vegetación y materiales completamente permeables (especialmente maicillo y tierra) que es el modelo de muchas plazas de barrio.

De acuerdo a la Ordenanza General de Urbanismo y Construcción[1] plaza es el espacio libre de uso público destinado, entre otros, al esparcimiento y circulación peatonal. De acuerdo a esta definición no necesariamente debe estar provista de vegetación y caben entonces distintas tipologías de plazas.

Hoy día en muchos barrios exitosos la plaza está de fiesta ya que se han transformado en el lugar favorito de recreación de niños de todas las edades y adultos pertenecientes a diversos rangos etareos, alcanzando también a los de la tercera o cuarta edad, con y sin discapacidades. En resumen, acoge a la familia completa incluida las mascotas perrunas.

En estas plazas exitosas es común encontrar jóvenes que se ejercitan haciendo uso del instrumental existente o el propio; grupos que practican yoga o alguna otra disciplina guiados por una instructora, madres y padres que pasean a sus guaguas; jóvenes y adultos que descansan, acompañan o simplemente pasan y adultos mayores que encuentran distracción que los alivia de sus penas y dolores. Se agrega a la lista otro integrante de las familias, cada vez con más derechos y cuidados que son los perros, los que esperan pacientemente la hora que les corresponde para demandar ese paseo diario, compartiendo el espacio con otras mascotas compañeras de diversión.

Lo que ocurre en este espacio es un respiro, una pausa anhelada entre el ajetreo diario, es el lugar de todos y todas, de expresión, de tolerancia, de respeto, de contacto con la naturaleza. Quienes tienen conciencia de ello lo valoran y lo saben cuidar. Resulta tan importante no invadir el espacio del otro, cuidar la limpieza, la infraestructura que acoge, recrea y divierte como son los asientos, basureros, bebederos, luminarias, juegos infantiles y máquinas de ejercicios. Sin olvidar de cuidar las plantas, especialmente los árboles que generan sombra y un ambiente grato para permanecer.

Queda pendiente hacer que estas plazas se masifiquen y hasta en el barrio más periférico y alejado de las ciudades estén accesibles, sean reconocidas, queridas y vividas. Hoy día la realidad se aleja mucho de esa situación idílica, y son muchas las plazas sin vida, desprovistas de la infraestructura necesaria o dominadas por la delincuencia, dejando fuera a las familias y a la mayoría de los vecinos. El problema  de la plaza disfuncional es tratado en la publicación de Fundación Mi Parque, “Leyes de la plaza de barrio”[2] del autor Andrés Arcos Pino. El autor plantea que “El estado exige la construcción de áreas verdes y las empresas privadas las construyen, pero lo que los vecinos esperan es una “Plaza”, haciendo ver que existe una disociación entre lo que se construye, y lo que los vecinos esperan recibir.

La plaza urbana de barrio, de diversos tamaños, se ha transformado hoy día en el patio que no se tiene en el hogar, pero además permite comprender que no estamos solos en este mundo acechado por la pandemia y otros males. Hace sentir que vamos acompañados por la vida y eso reconforta. Refuerza percibir que somos parte de una comunidad que requiere ser acogida y que se cuida entre todos sus integrantes.


[1]https://scsarquitecto.cl/definiciones-oguc-4/

[2]https://www.miparque.cl/wp-content/uploads/2017/04/2016-MiParque02-Leyes_de_la_Plaza_de_Barrio.pdf

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