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(NOS) DUELE EL PS

Una de las primeras imágenes que se viene a la cabeza cuando se habla del partido socialista o del socialismo chileno es la figura de Salvador Allende, como el referente indiscutido de la izquierda chilena del siglo XX. Pero no se trata solo de la figura del presidente mártir que entregó su vida en pos de la defensa de la democracia. En Allende se encarnaron determinados valores y principios  de toda una generación de actores políticos de gran parte de la historia Contemporánea de Chile. Sobriedad, honradez, consecuencia y coherencia constituyeron variables que eran vistas por el pueblo (como se decía entonces) como pilares centrales del quehacer político de los años 50, 60 y 70.

La política, con todos los problemas e inconvenientes de la época, era vista en función del bien común, los proyectos colectivos y la presencia de liderazgos que encabezaban programas de transformación social. En aquella tarea, los partidos políticos cumplían una función central, no sólo en cuanto ser el puente entre la ciudadanía y el Estado, sino también en la tarea de formación y compromiso político de sus militantes. En ese escenario se movía (movió) el Partido Socialista. Allí estuvieron por ejemplo Salomón Corbalán, Aniceto Rodríguez, Carlos Lorca, Arnoldo Camú, Carlos Briones, José Tohá, Clodomiro Almeyda y así tantos otros destacados socialistas.

Pero los tiempos ha cambiado (no para bien o mejor) y el partido también. Atrás fue progresivamente quedando aquel espacio orgánico en el cual el debate dio paso a los arreglos y componendas, los liderazgos a los caudillos y personalismos, los núcleos a los grupúsculos, la militancia y el compromiso al oportunismo y el conformismo generalizado. El poder como herramienta de transformación, dio paso al poder como dispositivo de mantención de privilegios y prebendas. La función y el respeto por lo público se transformaron en un mero campo de acumulación/reproducción de cargos y empleos.

Los regionales, por ejemplo Concepción, marcaban presencia, incluso disidencia con Santiago, hoy, con mucho esfuerzo logran mantener cierta organización. Qué decir del campo universitario, prácticamente han desaparecido. Con todo eso, el partido logró cumplir con el refichaje, claro que muy lejos de lo que históricamente fue.

Por estas horas nos hemos enterado que los bienes que fueron expropiados y confiscados por la dictadura, y que luego fueron devueltos al Partido, han sido invertidos en determinadas empresas. ¿Tiene algo de ilegal aquello? Indudablemente que no, la contrariedad es lo ético en el accionar, peor aún, la falta de pudor de algunos para reconocer el error. Por eso es bueno señalar que una cosa es el partido y otras sus dirigentes y militantes. Estos últimos pasarán, el primero perdurará, a pesar del daño que se le pueda provocar.

En consecuencia, (nos) duele el Partido Socialista.

Danny Gonzalo Monsálvez Araneda
@MonsalvezAraned

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