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ANTECEDENTES DE UNA CONSTITUYENTE INCUMPLIDA

Carlos José Vivas Sanchez

Médico. Especialista en Administración de Hospitales

Conociendo la reticencia de los estados y organismos internacionales para calificar los tipos de gobierno, en especial, cuando existen intereses geopolíticos o económicos, siempre es bueno acudir a la academia.

En el libro Democratization by elections, a New Mode of Transitions, publicado por la Universidad de Johns Hopkins en 2009, los autores Philip G. Roessler y Marc M Howard, escriben un capítulo dedicado a la evolución de los regímenes de gobierno después del final de la Guerra Fría. Hacen una clasificación conforme a las maneras cómo se maneja el poder y sus mecanismos de renovación o cambio, identifican cinco tipos, que van desde la democracia liberal hasta los autoritarismos cerrados (dictaduras).

Los cinco tipos de regímenes son como adelantamos en el párrafo anterior Democracia Liberal, Democracia Electoral, Autoritarismo Competitivo, Autoritarismo Hegemónico y Autoritarismo Cerrado.

Cuando se analiza desde esa perspectiva el caso venezolano, es posible identificar con claridad la involución que ha tenido el sistema político en los últimos años. El país era una Democracia Electoral, con imperfecciones, pero con un sistema de partidos y elecciones bastante limpias. En el poder legislativo convivían todas las tendencias políticas, porque se garantizaba una representación  proporcional de las minorías.

Durante los primeros años de Hugo Chávez en el poder, y gracias a la nueva Constitución de 1999, el régimen había pasado a ser un Autoritarismo Competitivo, donde podían perder algunos espacios de poder como gobernaciones, alcaldías, pero como el apoyo popular daba una base de sustentación bastante sólida a la hora de ir a elecciones, no había riesgo de perder el poder.

Sin embargo, la intención de ocupar todos los espacios era una de las metas, y así fueron avanzando en pasos para mantenerse cuando el ejercicio de gobierno produjera una pérdida del favor popular. La mayoría parlamentaria le permitía al ejecutivo de Chávez, tomar “medidas drásticas”, aunque en algún momento produjeron resistencia hasta el punto de hacerlo salir momentáneamente del poder, el 11 de abril de 2003. En esa guerra de desgaste, la oposición sirvió la mesa cuando no acudió a las elecciones parlamentarias de 2005 (un trágico error), y la Asamblea Nacional fue un organismo monocolor que tuvo vía libre para hacer y deshacer a su antojo.

Para 2010, previo mea culpa, la oposición retoma el camino electoral en la renovación de la Asamblea Nacional. La situación era otra, ya el sistema político tenía otra cara, ahora estamos hablando de un Autoritarismo Hegemónico, donde las reglas electorales habían sido modificadas, para permitirle a quien ejercía el poder, ganar las elecciones siempre, y los resultados lo demostraron. Con casi el 49% de los votos el partido de Hugo Chávez obtuvo el 59% de los diputados (98), mientras la coalición opositora con casi 48% de los votos obtenía el 39% de los diputados (65). Se había realizado un proceso sofisticado de ingeniería electoral para garantizar más diputados con menos votos.

Pero como donde las dan las toman, en 2015 ese sistema falló, y la oposición obtuvo 112 diputados, mayoría calificada de dos tercios que le daba un mandato claro y la debida independencia del poder ejecutivo.

Ante ese panorama el régimen comenzó una “guerra” de alta intensidad; con menos de un mes para entregar la Asamblea Nacional. Denunciaron fraude en el estado Amazonas e inhabilitaron a sus 4 diputados para quitar la mayoría de dos tercios, hasta la fecha ese estado continúa sin representantes; de manera expresa fueron nombrados jueces del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), sin cumplir los extremos que dice la Constitución.

Una vez instalada la nueva Asamblea Nacional, en enero de 2016, se dictaron desde ese TSJ, una serie de sentencias, como las 155 y 156 del 27 de marzo de 2017, destinadas a limitar y quitar poder específico al poder legislativo. Fue tan grotesca la maniobra que la Fiscal General de la República, la Dra. Luisa Ortega Díaz, afín al régimen, denunció ambas por inconstitucionales; esa posición le costaría posteriormente el cargo, la persecución y el exilio.

Así las cosas, el poder legislativo en manos de la oposición emprendió su labor, entendiendo que sus decisiones terminarían en el tamiz del TSJ, y que serían burladas, que sus miembros serían víctimas de persecución, pero con el convencimiento de que tenía el apoyo de una mayoría, y lo más importante, ahora sería una voz e interlocutor válido en el escenario internacional.

Es en este escenario que el régimen presidido por Nicolás Maduro, saca otro nuevo truco en 2017, la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, para cambiar la que en boca de Hugo Chávez era “la mejor constitución del mundo”; de eso hablaremos en la siguiente entrega.

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