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Busquemos el equilibrio.

D. H. G.

Matrona.

Quienes llevamos trabajando más de 30 o 40 años en Salud, hemos sido testigos de cómo la tecnología y los avances de la ciencia, han hecho que ésta haya cambiado de una forma abismante. Somos sobrevivientes y nos hemos tenido que adaptar a todos estos cambios. Recuerdo que con recursos mínimos,hacíamos cosas arriesgadas  y procedimientos  que hoy son impensables de realizar si no contamos con todo lo necesario para ello, todo para salvar la vida de nuestros pacientes. Trabajábamos a ciegas. La clínica, nuestras manos y una buena anamnesis eran nuestras mejores herramientas. Hoy, si no tenemos exámenes de laboratorio o imágenes (ecografías, radiografías tomografías computarizadas, resonancias nuclear) no se concibe lograr un diagnóstico certero.

Sin duda, la medicina ha cambiado e indudablemente para bien. Contamos con más especialistas y subespecialistas que hacen un diagnóstico más específico y en menos tiempo, menos mortalidad, mayor expectativa de vida al nacer, control de la natalidad, una atención de salud con estándares de calidad y seguridad tanto en lo público como en lo privado, (razón por la cual los establecimientos de salud nos acreditamos), indicadores de salud con los que podemos lucirnos al compararnos con otros países de Latinoamérica.

 Pero, como todo en la vida, nada es tan bueno ni tan malo, pues con tanta especialización hemos perdido la visión del paciente como un todo y lo tratamos por partes. Hoy, no solo vamos al oftalmólogo, vamos al oftalmólogo retinólogo o al experto en uveítis. Lo mismo pasa con los traumatólogos: expertos en columna, en pie, en cadera, en mano etc…y así podría seguir nombrando todas las partes del cuerpo ,y todas las sub sub especialidades.

¿Cómo encontrar el equilibrio? Porque en esta rueda también tienen culpa los que antiguamente llamábamos “pacientes”, pues ese era su perfil y esperaban pacientemente ser atendidos. Ahora, tenemos usuarios, empoderados e informados. Toda la información que se necesita solo con un click se  obtiene inmediatamente gracias a  “san google”, lo que  hace que se genere una  comunicación más fluida con el paciente y que, por lo tanto, se le pueda educar de mejor manera, pero,  también, hace que la atención se torne insegura y el médico se sienta amenazado , por una eventual judicialización o demanda en su contra ¿Cuál es el resultado de esto? Que muchas veces se pidan exámenes de más, para respaldar un diagnostico o un procedimiento. Por cosas como estas es que se debe buscar el justo equilibrio. Los cambios son buenos, sí, pero no debemos desechar ni olvidar las cosas buenas que antes se practicaban. Para quienes no lo recuerdan o no lo saben, las familias tenían un médico de cabecera a quien se le consultaba todo. Era el que educaba, aconsejaba, consolaba y trataba a toda la familia sin importar cuál fuera la enfermedad. Hoy existe como especialidad los médicos de medicina familiar, que recuerdan un poco a esos médicos de antaño: ven medicina general, evalúan el riesgo biopsicosocial y tratan al paciente como un todo. Si miramos la cosmovisión mapuche, cuando un integrante de la familia se enferma, se enferma toda la familia y están todos preocupados y al cuidado del que está enfermo. No nos damos cuenta pero esto es así en todo orden de cosas.  ¿O acaso un hijo enfermo con una patología grave o crónica, no conlleva padres estresados, cansados y agobiados por la enfermedad de ese hijo? Lo mismo sucede con los hijos que deben asumir el cuidado de sus padres adultos mayores que se desgastan en función de esos cuidados.

Miremos otra área de la Medicina y analicemos la forma de nacer. En 70 años dimos la vuelta en 360 grados y de nuestras abuelas de los años 40 que tenían sus partos en la casa atendidos por una matrona en el mejor de los casos, pasamos a la atención del parto profesional en hospitales, pero donde las mujeres quedan aisladas de sus familias y tenían a sus hijos en completa soledad. El único nexo entre ellas y su familia, eran las valiosas “Damas de Rojo” quienes con dedicación y esmero iban con información de los pacientes y volvían con víveres o ropa de vuelta para ellos. El padre y su familia conocía al recién nacido cuando la madre era dada de alta y llegaba su casa. Si bien la atención profesional del parto,  bajó nuestra tasas de morbimortalidad perinatal e infantil , y hoy se sigue teniendo el parto en clínicas y  hospitales, se hace con una mirada más humana , con la participación del padre y de la familia y con una mujer empoderada y protagonista de su parto, donde ella elige como quiere dar a luz. También hay quienes quieren el menor intervencionismo posible y deciden tenerlo en la casa acompañado de una dula, con todos los riesgos que esto implica si llega a haber una complicación, porque para quienes no saben de obstetricia, los  trabajos de preparto y parto son  maravillosos. Si respetas los tiempos, todo fluye y se da en forma natural, y culmina en el sublime momento del nacimiento, pero cuando las cosas se complican, en solo segundos pueden morir el niño y la madre, porque no te da el tiempo de llegar a un hospital y realizar una cesárea de urgencia, para poder salvarlos. Por eso, vuelvo a insistir, busquemos el equilibrio, volvamos a confiar en los equipos de salud y no hagamos que la tecnología nos aparte de lo humano.    

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1 Comentario en Busquemos el equilibrio.

  1. Disculpe usted, todo lo que señala es cierto, sin embargo yo hecho de menos la visión integral, desde el puto de vista médico y humano, pero además esos médicos llenos de ojos clínicos que diagnosticaban con certeza, sin necesidad de , cómo lo hacen hoy, de pedir 50 exámenes.

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