
Capítulo ENE de un genocidio en marcha
El Diccionario de la Real Academia es bastante claro y preciso: “Genocidio: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”. Lamentablemente, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, no habla español como para que comprenda esta definición. Peor aún: si la comprendiera, nada de sus términos golpearía su conciencia.
Como expresara el influyente diario británico The Economist en su edición del 23 de julio, “La continuación de la guerra de Gaza deshonra a Israel”, “Ya no tiene justificación militar”. La crónica del caso destaca que, a esa fecha, “más del 60% de los edificios (del área) están dañados y dos millones de personas han sido desplazadas”. “La guerra ya no tiene lógica militar. Las Fuerzas de Defensa de Israel controlan alrededor del 70% de la Franja (de Gaza)” El suministro inadecuado de ayuda a la población civil en un terreno que, en la práctica está bajo ocupación, es un crimen de guerra”. “El plan de los partidarios de la línea dura del gobierno israelí de acorralar a los habitantes de Gaza en una “ciudad humanitaria” permanente equivale a una limpieza étnica”.
Tales son los datos de la realidad.
Es innegable que miles de judíos que están radicados en diversos lugares del mundo, no tienen responsabilidad personal alguna en lo que está sucediendo, pero sí tienen el deber ético de luchar para convencer a los “halcones” gobernantes de la necesidad de decidir un inmediato alto al fuego.
Desde la fecha antes referida hasta ahora, las acciones genocidas no han cesado. El pasado 1 de agosto la prensa internacional destacaba: “Sigue el clamor mundial por un alto al fuego. Gaza al límite: 91 muertos mientras buscaban comida”. La ayuda humanitaria no logra llegar a sus beneficiarios pues las fuerzas de ocupación se lo impiden a balazos. Para la mera subsistencia de la población palestina del lugar, se requieren 500 camiones diarios de alimentos y las tropas israelíes, han dejado pasar un promedio de 100 camiones, cerrando el paso al abastecimiento de alimentos y medicamentos gestionados por organizaciones voluntarias y por la propia ONU tanto por tierra como por mar, lo que ha obligado a proveerlos por vía aérea, con todos los riesgos y limitaciones que ello implica.
Los días pasan y los cadáveres se acumulan. Millares de madres y niños hambrientos luchan cada jornada por alcanzar algo que les permita seguir viviendo.
Por ahora, es claro que la mancha en la breve historia del Israel moderno, será indeleble. El pueblo perseguido y asesinado por los nazis, dejará de ser considerado como víctima y será, de ahora en adelante, reconocido como victimario. Podrá ganar la guerra, pero no habrá logrado convencer a la humanidad acerca de la justicia de su causa.
El baldón ensuciará la conciencia de todo un pueblo, aunque muchos de sus integrantes, no han tenido ni tienen responsabilidad alguna en los crímenes de guerra y las actitudes genocidas de Netanyahu.







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