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CIUDADES BIODIVERSAS

María Gabriela Saldías Peñafiel

Ingeniero Agrónomo- Paisajista. Investigadora y docente, Escuela Arquitectura del Paisaje, Universidad Central de Chile.

Desde el minuto que entendemos que los seres humanos somos parte de la naturaleza se vuelve mucho más fácil explicar la importancia de crear ciudades saludables, donde se respire aire limpio, la provisión de agua alcance para todos y sea de calidad para su consumo y, en que la temperatura sea agradable o al menos soportable en cualquier época del año. Aquella ciudad que permita disfrutar de un paisaje armonioso dando prioridad al peatón, y  luego a los que transitan motorizados. Con espacios verdes de calidad y bien distribuidos, provistos de abundante flora bien adaptada, de preferencia originaria del lugar.

Y hablando de paisaje urbano, ¿Qué rol juega la biodiversidad en las ciudades?, que justifiquen los esfuerzos que se realizan en distintas partes del mundo para su conservación, incluyendo también nuestro país. Porque los seres humanos hemos privilegiado vivir en ciudades, casi el 50% de la población mundial habita en ellas y en Chile según el censo 2017 la cifra es superior, alcanza a 87,8% y se estima que esta tendencia irá en aumento, nos preguntamos ¿se está considerando el paisaje, los humedales, los cerros y la vegetación al momento de planificar nuestras ciudades?

Al revisar la Estrategia Nacional de Biodiversidad[1] 2017-2030 para nuestro país, se aprecian los esfuerzos que se están realizando desde la autoridad ambiental por visibilizar y abordar estos temas más allá del círculo de especialistas. No solo importan las plantas, también los insectos, las aves, los mamíferos, los hongos, los líquenes y musgos, incluyendo todos los seres vivientes que compartimos este espacio urbano. Incluso aquellos que por su aspecto y mitos se nos ha enseñado a rechazar, o a temer, como los murciélagos. Porque todos los seres vivos cumplen funciones ecológicas fundamentales y aportan beneficios directos a la población, como es en la calidad del aire, agua y suelo, lo que se conocen como “servicios ecosistémicos”.

Las ciudades de Chile central se encuentran emplazadas en una zona de alto valor por su gran endemismo, es decir habitan una variedad de especies vegetales y animales exclusivas de esta zona del mundo lo que le ha otorgado la categoría de ser un hotspot de biodiversidad[2], sin embargo, también es la zona con mayor ocupación urbana, actividad agrícola e industrial lo que ha significado perdidas de paisajes, ecosistemas y contar con una importante cantidad de especies amenazadas y en riesgo de extinción.

Teniendo presente que las ciudades pueden cumplir funciones, y de hecho lo hacen, en la conservación de la biodiversidad, sin embargo, aún están insuficientemente aprovechadas para este propósito; aunque en el marco del Convenio de Diversidad Biológica en Curitiba (1992) y que Chile ratificó en 1994, se planteó la discusión sobre “Ciudades y Naturaleza” con el fin de incentivar las acciones para reducir la perdida de biodiversidad en ambientes urbanos.

Son variadas las medidas posibles de implementar a través de un trabajo interdisciplinario que incluya especialistas de las ciencias naturales, ciencias sociales y generadores de políticas públicas y encargados de la gestión. Algunos buenos ejemplos consisten en plantar especies nativas en áreas verdes urbanas originarias de la zona biogeográfica del proyecto, considerando árboles, arbustos y hierbas, idealmente proponer asociaciones vegetales. Además, incluir especies en categoría de amenaza, tales como: lucumillo (Myrcianthes coquimbenis), uvillo (Monttea chilensis) y guayacán (Porlieria chilensis), las tres especies recomendadas para la Región de Coquimbo. Todas acciones que deben ir acompañadas de participación ciudadana y educación ambiental.

A lo anterior agregar la necesidad de incrementar la permeabilidad y calidad de los suelos, con medidas que propicien la creación de una red de espacios verdes, lo que hoy día se denomina, “Infraestructura verde”, integrando las áreas verdes tradicionales (parques, plazas, enlaces, rotondas) con los espacios seminaturales y periurbanos (humedales, cerros islas, precordillera andina, riveras de ríos) y un arbolado de calles biodiverso, bien adaptado, frondoso, bien cuidado y manejado por especialistas. En fin, son un conjunto de medidas que apuntan a la creación de ciudades biodiversas, capaces de proveer una alta calidad de vida a sus habitantes.


[1] https://mma.gob.cl/wp-content/uploads/2018/03/Estrategia_Nac_Biodiv_2017_30.pdf

[2] Kalin M, Marquet P, Marticorena C, Simonetti J, Cavieres L y F Squeo. 2006. El hotspot chileno, prioridad mundial para la conservación. Diversidad de ecosistemas. Ecosistemas Terrestres. En Diversidad de Chile: Patrimonios y Desafíos.94-97.

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