En esta vida, bien nos vale: Ser humildes para aprender de los demás, sin ser humillado y ser orgulloso de lo que uno es, sin ser arrogante!!!
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Como Trump Ha Normalizado Lo Indecible.

Guilmo Barrio Salazar

Desde Georgia, E.U.A.

Después del desastre ocurrido en la ciudad de Las Vegas del Estado de Nevada, podemos señalar que ha sido una atrocidad legitimizada por la intolerancia dada hacia el imprimátur de la mayoría de un partido político, para practicar una violencia criminal de esa naturaleza.

A finales del mes de Marzo del año 2016, una serie de poderosas bombas explotaron, matando cerca de tres docenas de personas en el aeropuerto internacional de la ciudad de Bruselas en Bélgica, lo mismo sucedió en un tren de carga en una de las estaciones más transitadas en el centro de esa ciudad.

A sólo unas horas de haber ocurrido esa atrocidad el año pasado, el entonces candidato a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald J. Trump, tomó el Twitter como un medio de comunicación.  Pero no hizo declaraciones expresando su solidaridad moral o emocional con las víctimas y sus familias.  Tampoco habló sobre los retos y desafíos extraordinariamente complejos confrontados por las sociedades multiculturales del Occidente que ha estado encarando los ataques de ISIS.  En vez de eso, utilizó su plataforma proselitista a favor de las torturas.

Durante su campaña presidencial él aplaudió la tortura de agua, que había sido sancionada por la administración de George W. Bush, y como si esto fuera poco, en repetidas ocasiones, Trump urgió a sus fieles seguidores en masa dejándoles ver la propuesta de utilizar la violencia como una norma de solucionar los abusos en su contra a niver internacional utilizando la tortura, una palabra que había sido un tabú para las leyes oficiales del país.  Aunque nunca definió exactamente qué clase de tortura él estaba recomendando.

Más de la mitad de un milenio atrás, la Inquisición Española obtuvo un vapor caliente, cuando el fanático inquisidor Tomás de Torquemada, se cubrió con un mantel de Fé y declaró que torturaría para salvar las almas y así destruir a los herejes.  La Inquisición comenzó empleando el llamado Tormento del Agua, una técnica también utilizada por los militares estadounidenses y las Agencias de Inteligencia norteamericanas.  Cuando este método fracasó en la obtención de las respuestas que se necesitaban, el equipo de Torquemada inició otros métodos más drásticos.  La lista de las técnicas de torturas realizadas por la Inquisición es muy larga, y su legado se ha mantenido a través de los siglos, lo que es un potente recordatorio de los horrores que unos pocos fanáticos pueden dar rienda suelta a una civilización.  Más de cinco siglos más tarde, el nombre de Torquemada todavía nos evoca una crueldad y un extremismo.

En el siglo XVIII, filósofos iluminados como César Beccaria y Voltaire, comenzaron a desacreditar la tortura como una herramienta legítima de los gobiernos.  Según ellos, eso era una reliquia del barbarismo tanto injusto como inefectivo.  En la edad democrática que se inició a fuerza de puños, la tortura no tendría un lugar oficial.  No podría ser una parte formal del sistema legal, como tampoco podría ser públicamente defendida por aquellos que reclamaban su derecho para gobernar al pueblo, ni como una razón para gobernar y servir a una ciudadanía libre.

Esto no significa en absoluto que la tortura haya  desaparecido. De ninguna manera.  Pero la crítica ilustrada dirigió  un rechazo público generalizado de esa práctica.  Cuando volvió a continuar, fue mediante dictaduras, como sucedió por 17 años en Chile, bajo el régimen autoritario del general Augusto Pinochet Ugarte; o en las democracias, escondidas profundamente en las sombras, utilizada en situaciones extremas, pero nunca dadas a conocer públicamente, como ha estado sucediendo con los presos de los Estados Unidos de Norteamérica en la ciudad de Guantánamo de la isla de Cuba.  El meneo lingüístico legal que las democracias han creado para aislarse de los cargos por tortura, habla de la grave falta de moral que se está sufriendo, ya que aún se practica la tortura a nivel mundial.

Esta es la razón por la cual Donald J. Trump y sus seguidores apoyan en forma extraordinaria, no solamente los actos de  tortura, sino que esta palabra ha sido aceptada públicamente, romantizando  actos de una violencia salvaje, que por cientos de años ha sido considerado como algo que estar fuera  de una sociedad democrática.  En sus discursos retóricos, constantemente Trump normalizó la palabra tortura, como si se tratara de algo muy simple.  La filósofa Hannah Arendt lo ha descrito como algo verdaderamente banal y demoníaco.

Frente a las masas que lo seguían durante su campaña presidencial, Trump jugó muy bien el papel de un tipo difícil.  Ellos querían un acto de teatro, él se los dio.  Ellos querían una violencia catártica, él se las ofreció con espadas.  Trump fue como una figura de la mafia en una película que intimida y asusta a su audiencia, amenazando a  sus enemigos diciéndoles que los va a poner a “dormir con los pescados”.  Pero el candidato presidencial nunca les explicó a sus audiencias, particularmente a los militares, lo que él les solicitaría hacer si era electo presidente, con relación a la autorización de las torturas.  ¿Les ordenaría lanzar desde un helicóptero a hombres y mujeres al mar, como ocurrió durante la dictadura en Chile?  ¿Ordenaría a psiquiatras romperle sus mentes a los terroristas, como hicieron los médicos soviéticos durante la época de Stalin?  ¿Les mandará hacer confesiones a los sospechosos, como lo hizo la policía del Sur de la ciudad de Chicago en el Estado de Illinois, en los años de 1990’s, amarrando a los sospechosos contra radiadores calientes?

Estas no son las clases de preguntas que uno hace normalmente, especialmente a un futuro presidente de un país.  Pero ningún candidato serio para la presidencia de esta nación, o cualquiera otra función de liderazgo democrático,  ha hablado sobre la tortura, como lo ha hecho Donald J. Trump.  Nadie en esta época moderna que se haya candidateado para la presidencia de un país, ha declarado ciertas razas y religiones como verdaderos enemigos, tal como lo ha señalado Trump contra los inmigrantes, contra los refugiados, y contra los musulmanes, a quienes los ha presentado como si en realidad fueran unos criminales, con excepción de los refugiados cristianos de Siria, que serán los únicos autorizados para  entrar a este país.

En menos de dos meses después de Noviembre del 2015, cuando la ciudad de París, en Francia, sufrió un acto de terrorismo atroz, Trump presentó un video comercial de 1 minuto en la televisión nacional, señalando: “Los políticos pueden pretender algo diferente, pero esto ha sido un acto de terrorismo radical islámico, por lo que cierro las puertas a los musulmanes para que no entren a los Estados Unidos de Norteamérica, hasta que sepamos lo que está pasando.  También construiré un muro en la frontera con México, para evitar la entrada de criminales y violadores al país”.  Estas soluciones anti-inmigrantes promovieron el logo de su campaña presidencial, el que indica “Hagamos América Grande Otra Vez”.  Lo que es exactamente lo que señaló Adolfo Hitler al tomar su posición, cuando le presentó a su país en aquellos tiempos su logo que decía: “HAGAMOS ALEMANIA GRANDE OTRA VEZ”.

Continuaré con este tema en la edición de La Ventana Ciudadana de la próxima semana.

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